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sexólogos y asexuales no se ponen de acuerdo

Asexualidad, ¿la cuarta orientación sexual?

viernes 25 de septiembre de 2009, 10:23h
Tras los homosexuales y los bisexuales, ahora son los autodenominados como asexuales los que "salen del armario". Aseguran que no sienten atracción sexual alguna hacia otras personas y poco a poco empiezan a reunirse, organizarse y darse a conocer para que su condición sexual deje de ser calificada como antinatural o de creerla inexistente.
"No tengo atracción sexual ni hacia los hombres ni hacia las mujeres". Así de contundente se muestra C.M.F., mujer asexual que prefiere mantenerse en el anonimato. Este desinterés hacia las relaciones sexuales es el punto cardinal en el que coinciden todos los "militantes" de la asexualidad: hombres y mujeres que no sienten ningún tipo de atracción sexual hacia otras personas, ni de sexo contrario ni de su mismo sexo.

Tras años de burlas y mofas y hartos de escuchar frases como: ¿aún no tienes novia?, ¿cuándo te vas a casar?, ¡se te va a pasar el arroz!, los asexuales se han revelado y han puesto nombre a sus sentimientos y a su forma de vivir al margen de la sexualidad.

C.M.F. comenta que desde muy niña se dio cuenta de que había algo diferente en ella: “en la adolescencia, cuando mis amigas empezaban a tener sus primeros novios y a hablar solamente de chicos, yo me sentía un poco aislada. No encontraba atractivo a ninguno de mis pretendientes y no podía compartir con ellas ninguna experiencia".

El testimonio de C.M.F. podría ser perfectamente intercambiable con el de muchas otras personas asexuales. Todos han pasado por lo mismo. No se sienten identificados con la importancia que se atribuye al sexo y pueden vivir perfectamente sin practicarlo; de hecho no lo desean. Y aunque no sea una prioridad para ellos y no les interese, no se sienten enfermos ni creen tener "tara" física o psicológica alguna y no quieren “tratamientos” milagrosos.

Pero, aunque la propia comunidad asexual se asume tal como es, sin considerar su orientación nada fuera de lo normal, la disputa científica está servida. Según el Informe Kinsey, publicado hace ahora más de 55 años por el psicólogo americano Alfred C. Kinsey y que provocó la mayor revolución en la percepción de la sexualidad conocida hasta hoy, entre el uno y el tres por ciento de la población mundial podría ser asexual.

Aun así, hay un gran desacuerdo en torno a este asunto, además de poca o nula investigación, y numerosos sexólogos niegan la mayor. Esteban Cañamares, psicólogo clínico y sexólogo, afirma rotundamente que la asexualidad no existe: "si por asexualidad entendemos un ser que no sea sexuado, eso no existe. Las personas somos sexuadas desde que nacemos hasta que morimos. El sexo es intrínseco al ser humano. Todos tenemos la tendencia de acariciar y de ser acariciados y otra cosa es que por determinados traumas o miedos eso esté neutralizado y no se exprese, pero no es que no exista".

Algunos sexólogos justifican y comparan esta llamada asexualidad con un celibato voluntario, con una elección personal de eliminar las relaciones sexuales de su vida por diferentes motivos. Pero los asexuales diferencian claramente entre estas dos acepciones de falta de sexo. "Para mí la asexualidad no es una opción, y todo el que elige ser asexual no lo es, simplemente es célibe, por la razón que sea. Es una orientación, algo que le ocurre al individuo al margen de su voluntad. Otra cosa es que decida seguir su naturaleza o negarla". Así de claro lo tiene Silouh, nombre ficticio que utiliza una de tantos asexuales que se dan cita en AVENes, la comunidad más importante sobre asexualidad de habla hispana.

Y es ahí, en Internet, en foros y comunidades, donde los asexuales se refugian y se relacionan con otras personas con sus mismas dudas e inquietudes. Porque, aun sin experimentar atracción sexual, sí que pueden sentir atracción romántica, llegar a enamorarse y desear mantener una relación afectiva como cualquier otra pareja "normal".

"Actualmente no tengo pareja, pero he estado enamorada en dos ocasiones. Esto fue antes de saber definir mi forma de sentir, por lo que, antes de formalizar una relación en la que el otro se iba a sentir, seguramente, frustrado y saldría perdiendo, yo misma decidí no seguir adelante con ellas", comenta C.M.F. Por supuesto, no todos los asexuales sienten esa necesidad romántica y afectiva de buscar una pareja.

Pero encontrar una persona que acepte la condición asexual no siempre es fácil, por eso la mayoría de ellos buscan compañeros de su misma orientación. Muchos asexuales llegan a un acuerdo con sus parejas y consienten mantener relaciones sexuales aunque no las deseen, o, al revés, el miembro sexual de la pareja acepta no mantener sexo, pero este tipo de relaciones acaban destinadas al fracaso, ya que respetar el deseo de las dos personas, siendo tan opuesto, resulta harto complicado. Por esto, una gran mayoría de asexuales se ven abocados a permanecer solos.

Otro de los problemas que tienen que afrontar es "salir del armario", compartir con familiares y amigos su condición sexual. Buena parte de ellos prefiere callar y disimular ante la sociedad y sus familias, pero la otra parte, la que se atreve a contarlo se enfrenta, sobre todo, a la incredulidad.

Silouh asegura que el entorno con quien ha compartido su "secreto" no la cree: "Mi entorno sencillamente no se lo cree, aún opina que puedo conocer a alguien, enamorarme y todo lo demás. Espero que la asexualidad se conozca y acepte pronto, porque estoy harta de ese tipo de sermones".

Asexualidad, ¿la cuarta orientación sexual?


También C.M.F. ha pasado por la misma experiencia: "tuve la oportunidad de contárselo a mis padres y su reacción fue quedarse parados y no saber qué contestar. Sé que mi padre no se cree ni que exista tal cosa, aunque no creo que, en general, haya rechazo social ni lo vaya a existir nunca".

Aunque aún sean pocas las personas que admiten abiertamente su asexualidad, cada vez son más las que toman conciencia de su orientación y la aceptan como algo normal, como una parte más de su personalidad, aunque psiquiatras y psicólogos insistan en que pueden padecer trastornos físicos o de conducta. Se aceptan, piden a los profesionales de la salud que se actualizan y que les reconozcan y aseguran que "sin sexo se es más libre".
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