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¿Los italianos están obsesionados por el sexo?

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 27 de septiembre de 2009, 17:33h
Viendo la televisión italiana o paseando por las calles de cualquier ciudad del país, un observador externo, un turista o un extranjero residente en Italia podría llevarse la idea que somos un país “obsesionado” por el sexo y, sobre todo, por los cuerpos femeninos. La cantidad de publicidad con protagonistas mujeres voluptuosas en minifalda y prendas escotadas es abrumadora sin importar el producto publicitado: sea un sofá-cama, sean productos de limpieza domestica, sean aceitunas o un pacharán. Además, como ya subrayamos en una columna anterior, la presencia de chicas en “atuendos atrevidos” es abundante en cualquier programa de la televisión italiana, independientemente del contenido del mismo: la “invasión sexual femenina” se registra en telediarios, reality (en el último “Gran Hermano” concursaba una chica que se había operado para pasar de una cuarta –el tamaño de un melón bien maduro- a una sexta –una sandía de las buenas!:), tele-promociones, programas culturales, juegos y cualquier otro trasmisión televisiva. Fíjense que, en los programas de deporte, los expertos, cómodamente sentados, están rodeados de jovencitas con largas piernas e incapaces de pronunciar los nombres de los atletas o futbolistas: reconozco que la cosa resulta muy agradable sobre todo si, como yo, eres aficionado de un equipo como el Nápoles que, si fuera posible, regala menos ilusión que el Atlético de Madrid. ¡Por lo menos me voy a la cama contento!

En Italia, el concurso de Miss Italia es un evento nacional que merece al menos 5 días de directo y el programa final no debe ser interrumpido ni siquiera por los telediarios: televisan también las selecciones ciudadanas, las elecciones regionales y los largos backstage (“el detrás de la escena”). Además, hay decenas de concursos de miss y belleza femenina: miss Padania (la ganadora casi siempre es hija de inmigrantes meridionales, con rasgos típicos del sur, pelo negro y tez cetrina), Miss cine, Miss Sonrisa, etc…La “búsqueda de una rubia y una morena” para ser velina (vedette) en un programa de Mediaset dura todo el verano: cada día decenas de jovencitas bailan, se mojan la camiseta, se tiran tartas a la cara y cuentan chistes que horrorizarían a Chiquito. Los diarios están llenos de fotos de mujeres desnudas y las “chicas” representan un argumento de discusión constante entre los jóvenes y no.

Pero, ¿es Italia un país machista? ¿Son los italianos unos salidos, obsesionados por el sexo o se trata de amor por la estética llevada al exceso? Y, ¿en la TV, a las mujeres se les trata como adornos, floreros? La respuesta, obviamente, es compleja aunque algunos factores apoyan el sí: en primer lugar, Italia sigue siendo un “país para hombres”, ya que estamos en la cola de los países de Europa con menos mujeres en los parlamentos y gobiernos regionales (10,5%, sólo delante de Azerbaiyán y detrás de Rusia) y apenas el 2% en consejos de administración. Secundariamente el trato que le concede el Primer Ministro, siendo, a menudo, las mujeres objetos de sus chistes (“hay que votar por la derecha ya que nuestras mujeres son más guapas que las de la izquierda y, además, súper licenciadas”-campaña electoral de 2008; “en Italia deberíamos tener tantos soldados como chicas guapas” -enero 2009; “¿Cómo pensáis que se puede decir algo negativo de las mujeres en la patria de Casanova y los playboys?”-hace unos pocos días) o de sus miradas y caritas como cuando el pasado viernes vio por primera vez a Michelle Obama (que por cierto, a todos los líderes de G-20 le ha dado dos besos, mientras al Cavaliere solo un apretón de mano, bajo la mirada vigile de Barack): en la ocasión, sus brazos abiertos y su cara pícara se podrían traducir en un “¡qué buena estás niña!”. Pero si la discriminación ofende a algunas mujeres, por otro lado hay que tener en cuenta que frecuentemente las mujeres italianas son “más machistas” que los hombres o, por lo menos, parecen permitirlo: muchas aprecian las bromas de Berlusconi, les parece ofensivo “pagar a medias” una cena, se quedan encerradas en el coche hasta que tu no les abres la puerta o declaran públicamente que su máxima aspiración es ser azafata televisiva.

Reconozco que a mí todo eso ya no me sorprende: será que estoy acostumbrando y que mis amigos han crecido en “esta senda”. Cada vez que les digo que he conocido a una chica, mis colegas (Giuseppe, Elio, Vincenzo y Beniamino sobre todo) me preguntan automáticamente qué talla de sujetador lleva y nunca por el color de sus ojos; si ya hemos “consumado” y jamás si a ella también le gusta el canto VI de la Divina Comedia; pero bueno, al fin y al cabo, lo mismo denoto en España donde los comentarios de mis amigos son algo parecidos, sólo un poco meno explícitos. Pero bueno, creo que la imagen de Italia, tierra de Don Juan, de Casanova, de mujeres ligeritas de ropa, pese a ser un estereotipo, en parte se cumpla de verdad: bueno, por lo menos, es cierto que Berlusconi, los programas televisivos italianos y Juanito contribuyen a alimentar el mito.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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