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Carisma

domingo 18 de octubre de 2009, 16:57h
¿Qué es el carisma? ¿Qué es el liderazgo? ¿Se puede aprender? Hoy en día se habla mucho sobre el carisma y capacidad de liderazgo de un político u otro. Lo hacemos, además, sentando cátedra, señalando a unos como líderes carismáticos por obra y gracia de Dios y tachando a otros de no tener capacidad de arrastre. Olvidando, muchas veces, que hubo un día en que a los que hoy reverenciamos como líderes indiscutibles, en el pasado eran considerados personajes grises que nunca iban a conseguir enamorar a las masas.

El liderazgo no es algo con lo que se nazca. Al menos, no en el 90% de las casos. Es un regalo, mejor dicho, un préstamo, que te hacen los demás cuando por circunstancias de la vida te encuentras en el lugar y momento justos. Luego depende de uno mismo invertir bien ese activo que te ceden los demás. Si logras sacar rendimiento de él o, al menos, dar la impresión de que sí, entonces habrás conseguido entrar en el limbo de los líderes carismáticos. De los que arroban a las masas en las distancias largas y paralizan a quienes les rodean en las cortas.

Es una especie de juego de prestidigitación, una hipnosis colectiva por parte de un grupo de personas que desean que les guíes, les libres la incómoda presión de tomar decisiones y sentirse responsables de ellas. En el fondo saben que el conejo se esconde en el doble fondo del sombrero, pero no quieren que nadie se lo diga. Porque en tal caso, se verían obligadas a enfrentarse a la realidad de que todos un truco, a la soledad de un mundo sin figuras paternales a las que mirar cuando el caos parece apoderarse de todo.

Recuerdo perfectamente cuando Zapatero era llamado Bambie. Cuando, tras destaparse las conversaciones entre Carod-Rovira y varios miembros de ETA en Cataluña, a un mes escaso de las elecciones generales de 2004, refutados analistas políticos aseguraban que Zapatero y Maragall ya eran cadáveres políticos y que, como tales, nunca volverían a levantar cabeza. Y, voilá, ahora aquel candidato socialista de ojos tiernos lleva seis años presidiendo el Gobierno español, convertido, hasta el momento al menos, en el activo más seguro de su partido. En todo un líder. A pesar de su falta de naturalidad a la hora de moverse y hablar en público, de su innegable timidez, de su falta de desparpajo a la hora de salir de situaciones incómodas… ZP es un líder, porque en un momento dado, la opinión pública decidió erigirlo como tal.

Del mismo modo, he escuchado a muchos votantes del PP hablar de forma reverencial del carisma de José María Aznar. Personas que han coincidido con él me contaban extasiadas que el ex presidente del Gobierno tiene un atractivo personal y una presencia impresionantes. A pesar de su timidez, de su falta de sentido del humor, de esa inseguridad que trata de esconder detrás de su mirada dura y de sus gestos sobrios, hay quien ve en José María Aznar un líder carismático. ¿Por qué? Porque en un momento duro y difícil para su formación, cuando nadie daba un duro por ella, él supo dar con la palabra justa, hacer lo que sus compañeros de partido y votante esperaban y así sacarles de la travesía en el desierto a la que la derecha española se veía condenada.

Y porque ahora, la comparación con Rajoy ha hecho que su carisma haya aumentado en un 200%. Con un partido descabezado, sin rumbo y automutilándose en peleas e inquinas de futuro incierto, Mariano Rajoy parece incapaz de ejercer ese liderazgo autoritario pero paternal que tanto tranquilizaba a los votantes del PP y, en consecuencia, a las pirañas que se mueven entre las cloacas y tuberías de la formación. Imagino que Rajoy es consciente de que el liderazgo depende en muchas ocasiones más de la coyuntura que en las características de cada cuál. Supongo que espera su momento, ese golpe de timón que hará que todos olvidemos su ceceo, su mirada románica y su falta de concreción. Sin embargo, este no es su momento. La lotería del liderazgo le pasó de largo el 11-M para no volver.

Y es que la gran decepción de los votantes del PP ante todo lo que está viviendo su partido no es tanto comprobar que en todos los sitios cuecen habas, incluso en su propio partido. E sentirse solos ante ‘el peligro’, con un ‘padre’ pusilánime que parece más perdido que ellos, que en vez de ‘protegerles’, en vez de situarse en la vanguardia, se cobija junto a ellos, mirando impotente como los bandidos atracan la casa familiar. Creo que el primero que necesita un líder que le muestre el ‘camino correcto‘ es el propio Rajoy.
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