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Honduras una historia con un solo fin

martes 20 de octubre de 2009, 20:09h
Antes de junio de 2009 Honduras era vista y vivida como una democracia que, normalizada con la Constitución de 1982, contaba con un sistema de partidos que había logrado hacer funcionar la democracia a través de convocatorias a elecciones periódicas, evidenciando una alta estabilidad. Sistema político dominado por los dos grandes partidos tradicionales, ambos de tendencia conservadora, el Partido Liberal (PLH) y el Partido Nacional (PNH), que alternaban en el gobierno cada cuatro años en una especie de acuerdo implícito en el Acta de Compromiso firmada en 1985, acta que surge como consecuencia de una profunda crisis institucional y que tenía como objetivo garantizar el mantenimiento del régimen naciente buscando una mayor democratización, objetivo que fue conseguido. Honduras, además, era uno de los países con más baja volatilidad electoral, lo que evidenciaba la extensa presencia histórica y territorial de los partidos políticos tradicionales.

Es, en este entorno altamente institucionalizado, que irrumpe el gobierno de Manuel Zelaya Rosales del PLH, quien recibe el Gobierno en el 2006 de manos de Ricardo Maduro del PNH. Zelaya llega al poder el 7 de diciembre de 2005 con el 49,9% de los votos, durante su presidencia inicia una serie de acciones de gobierno, a todas vistas inconstitucionales, con fines a modificar la Constitución para facilitar su permanencia en el poder, esto, sumado a que sus ideas van dando progresivamente un giro aproximándose a la “nueva izquierda latinoamericana” personificada en el “Proyecto Bolivariano”, una clara señal en este sentido es la incorporación del país al ALBA, estas señales y otras medidas económicas pone “nerviosos” a los distintos actores políticos, institucionales y empresariales, generando un ambiente por momentos más tenso y fuera de control que conduce a una grave crisis política.

Es así como en la madrugada del 28 de junio de 2009, el presidente Zelaya es despertado bruscamente, siendo detenido en su domicilio por militares a las órdenes del Jefe del Estado Mayor y de inmediato conducido en un avión militar a la capital de Costa Rica. Para la tarde del mismo 28 de junio en el Congreso se lee una carta de renuncia de Zelaya, que fue desmentida por el propio Zelaya. El Congreso acepta así la supuesta renuncia y designa como sucesor al presidente del Congreso, Roberto Micheletti, con el compromiso de que el mismo permanecería en el cargo sólo hasta la terminación del mandato de Zelaya en enero de 2010.

Para la comunidad internacional el evento ha sido calificado como un claro “Golpe de Estado”, se inicia con esto un verdadero vía crucis para los hondureños, comisiones que hablan en representación del presidente depuesto y del presidente en funciones, intermediaciones, mediadores, buenos componedores, aislamiento, Zelaya en la frontera, diálogos rotos y conversaciones retomadas, el “Acuerdo de San José”,un acuerdo que no fue, permanentes “ultimátums”, violencia en la calle, enfrentamientos, recorte de libertades, cierre o intervención de medios, toques de queda, con la única esperanza para salir de esta hecatombe puesta en las próximas elecciones generales de finales de noviembre.

La fuerte institucionalización del régimen político hondureño se ha vuelto contra sí misma, la resistencia de las fuerzas políticas a una reforma constitucional buscada y forzada mediante estrategias inconstitucionales, genera en una interrupción de la democracia que, por la intransigencia de las partes, cada día que pasa agota las opciones formales o institucionales posibles y obliga a una salida creativa y poco ortodoxa, una salida acordada que facilite y avale el proceso electoral y genere las condiciones para dotar de legitimidad las próximas elecciones.

Lucía Nieto

Investigadora de la Fundación Ortega y Gasset

Lucía Nieto es investigadora de la Fundación Ortega y Gasset.

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