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Ciberacoso sexual: mucho cuidado con las fotos que enviamos por Internet

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
B.C.S., un peligroso ciberacosador según la Policía Nacional, ya había sido detenido en 2008 por los mismos delitos por los que esta semana ha ingresado en prisión. Entonces, quedó en libertad con cargos y sus padres le cortaron la conexión a Internet para evitar que el joven de 22 años volviera a utilizar el ordenador para sus actividades delictivas. Pero acabar con sus perversiones sexuales on line no iba a resultar tan fácil.

Armado con tarjetas prepago y varios teléfonos móviles, no pasó mucho tiempo para que volviera a las andadas, atrapando en su red, a través de la Red, a adolescentes de Estonia a quienes se dedicaba a chantajear y acosar de una forma verdaderamente agresiva. Un siniestro y claro ejemplo del grooming, que se extiende como una plaga, y que consiste en las prácticas on line de un adulto para engatusar a menores y ganarse su confianza hasta que acceden a enviarles fotos en las que aparecen desnudos e incluso realizando actos sexuales. Para llegar hasta sus víctimas, chavales de entre 13 y 16 años de Estonia, B.C.S., también de nacionalidad estonia pero residente en Puerto Real, se escudaba tras la sugerente imagen de una atractiva chica apodada “Morenita” que, rebosante de encantos, era capaz de encandilar a su objetivo e iniciar la virtual y peligrosa aventura sexual.

Tampoco tardaba mucho en pedir a los jóvenes fotografías en las que aparecieran desnudos o realizando algún acto sexual y, una vez obtenido el botín, empezaba su pervertida satisfacción sexual al mismo tiempo que daba comienzo la pesadilla para el ingenuo remitente. “Morenita” confesaba entonces que, en realidad, era un hombre y amenazaba con mandar las comprometedoras fotos secretas a la familia y amigos del atrapado, si no hacía todo lo que el ciberacosador detenido en Cádiz le exigía que hiciera. A dos de los chicos, por ejemplo, intentó obligarles a que mantuvieran relaciones sexuales entre ellos, grabasen el encuentro y le enviasen el correspondiente video para su aberrante colección. En ocasiones, llegó a llamar a los padres de algún chico por teléfono para “chivarse” de que su retoño se dedicaba a hacerse fotos “guarras” y a mandarlas para que circularan libremente por la inmensidad del universo cibernético.

Y, por supuesto, que a ninguno de los acosados se le ocurriera intentar cortar la comunicación con él, porque, en ese caso, las amenazas eran de muerte y debían ser tan reales, que uno de los chicos acabó por suicidarse en la única salida que pareció encontrar, a esa complicada edad, para escapar de quien le martirizaba la vida. Y es que la violencia psicológica es, en ocasiones, mucho más mortífera que las heridas de un afilado puñal, e Internet, con todas sus bondades, se ha convertido, gracias a su globalidad e inmediatez para meterse en la vida de desconocidos, en un escenario demasiado perfecto para los actos de coacción de pederastas y demás enfermos con desviaciones sexuales que encuentran en sus profundidades las anónimas victimas que sirvan para colmar su patológico placer.

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