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LA VERGÜENZA DE LAS ENCUESTAS

martes 26 de febrero de 2008, 21:41h
En España hay excelentes empresas de sondeos, serias, rigurosas y solventes. La mayoría, sin embargo, maquillan los resultados para complacer a quien encarga y paga. Esta falta de seriedad, además de lamentable en sí misma, constituye un fraude para los ciudadanos.

El criterio generalizado de las encuestas de los confidenciales digitales ha dado a Rajoy vencedor del debate. El aparato socialista y los medios adictos se han volcado para crear la impresión de que fue Zapatero el triunfador, a base de encuestas amañadas, difundidas hasta la saciedad por las emisoras de radio y televisión cercanas al PSOE. Todas ellas se encendían de regocijo certificando el fallecimiento de Rajoy ante el bisturí implacable del candidato del PSOE. Los pocos medios cercanos al PP han hecho lo mismo pero al revés. De vergüenza ajena.

Imposible contener, sin embargo, la impresión general de la excelente intervención de Rajoy frente a la mediocridad de un Zapatero nefelibato, es decir, en las nubes, meciéndose en la caravana de cifras triunfales y fuegos artificiales de Moncloa.

Las encuestas pueden, en ocasiones, modificar la intención de voto. Por eso, los partidos políticos se aplican en manipularlas. A veces se hace la maniobra con cierta discreción. En ocasiones, sin embargo, la desfachatez preside el amaño. Así ha ocurrido en el debate del lunes para vergüenza de la opinión pública que apenas cree nada que proceda de la clase política española, más voraz y deleznable cada año de democracia que pasa. No hace falta ser un lince para entender por qué los partidos políticos figuran en el último lugar de credibilidad para la opinión pública.

Luis María ANSON

de la Real Academia Española

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