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reseña

Roderick MacFarquhar y Michael Schoenhals: La revolución cultural china

jueves 22 de octubre de 2009, 19:59h
Roderick MacFarquhar y Michael Schoenhals: La revolución cultural china. Traducción de Ander Permanyer y David Martínez-Robles. Crítica. Barcelona, 2009. 944 páginas. 45 €
MacFarquhar y Schoenhals nos cuentan una historia fascinante, de juegos de poder y luchas personales, en un libro de dimensión épica, que se sitúa entre un manual de historia y un ensayo crítico. A pesar de que el libro pueda ser inscrito en el abundante filón actual de obras sobre China, posee el gran mérito de aportar algo novedoso sobre un tema relativamente oscuro, muchas veces tratado de forma superficial o condicionado por los estereotipos negativos. El resultado es un óptimo ensayo histórico, un apreciable testimonio repleto de detalles interesantes, profundo y bien documentado.

La revolución cultural china representa uno de los acontecimientos más importantes y, probablemente, terribles del siglo XX. Sin embargo, a unas décadas de distancia de su conclusión, sigue constituyendo un evento poco conocido, ya que, frecuentemente, se infravalora su importancia, creyendo que fueron sólo años de terror, destrucción y fanatismo. Fue algo más y su conocimiento resulta fundamental para poder comprender los fundamentos políticos, económicos y culturales de la China actual. En su fracaso, se crearon los gérmenes del rápido desarrollo chino ya que, en la práctica, la revolución en sí misma fue un desastre tan enorme que provocó una revolución cultural aún más profunda, precisamente aquella que Mao Tse Tung pretendía frustrar. Para los autores, su compresión, sus imborrables huellas, sus consecuencias, constituyen un capitulo fundamental para entender la actualidad del gigante asiático.

Una conclusión muy extendida reza que, sin la revolución cultural, no habrían existido las reformas económicas, ya que el resultado de su fracaso fue la creación de un nuevo orden político-económico en el país. Una de las observaciones favoritas de Mao, “de las cosa malas pueden salir cosas buenas” podría aplicarse a esta revolución cultural: una época terrible, pero de la que ha emergido una China más sana, próspera y, quizá en el futuro, democrática.

Por Andrea Donofrio
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