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Indignidad con Cuba

lunes 26 de octubre de 2009, 21:46h
Mucho más que los medios españoles, han sido algunos de los más notables diarios de ambos lados del Atlántico los que han volcado las críticas más duras contra el reciente viaje de Moratinos a Cuba. Para The Wall Street Journal, Moratinos es “el hombre de Castro en Europa” y el Frankfurter Allgemeine Zeitung estima que el ministro de Asuntos Exteriores español “se ha puesto de rodillas” ante la dictadura cubana. Por su parte, Enrique Oppenheimer, que obtuvo un Premio Pulitzer y escribe ahora en el Miami Herald, afirma que no puede entender por qué, nuevamente, Moratinos se ha negado a entrevistarse con los disidentes demócratas que se han quedado en la isla y que son la única esperanza de que, en algún momento, Cuba pueda transitar desde la dictadura a la democracia. Es exactamente lo mismo que hizo en su anterior visita, en 2007, ante la sorpresa y el dolor de muchos de estos disidentes, que no se esperaban semejante feo del jefe de la diplomacia española.

Para algunos de estos disidentes el desprecio con que entonces les obsequió Moratinos equivalía, lógicamente, a un espaldarazo a la dictadura castrista. Un espaldarazo que ha vuelto a conferir ahora a una de las peores tiranías que subsisten en el mundo de hoy. Entonces como ahora, el ministro español afirma que hay que dejar que sean “los cubanos los que definan su estrategia de futuro”, aunque no contesta cuando se le pregunta a qué cubanos se refiere, porque dada la falta de libertad que hay en Cuba es evidente que esos cubanos sólo pueden ser la nomenklatura comunista del castrismo. ¡Menudo porvenir el que Moratinos le ofrece a Cuba! El ministro español ha llegado a decir que no se le deben pedir gestos a La Habana, a pesar de que su admirado Obama, tras las facilidades dadas para viajar a Cuba y para contactar con los cubanos, pidió precisamente a los Castro algún gesto que expresara su voluntad de avanzar hacia cotas de mayor libertad. Y en la reciente visita de Zapatero a la Casa Blanca, Obama le pidió que transmitiera ese mensaje a La Habana. Moratinos se mostraba muy orgulloso a su regreso el otro día porque había conseguido la liberación de dos presos. Si tenemos en cuenta que en la isla sigue habiendo más de 200 presos políticos, resulta que el ministro se conforma con menos del 1 por ciento. Y nadie nos garantiza que mientras salían esos dos no entraran varios más en las mazmorras castristas.

Pero no sólo eso: en su empeño por denigrar al gobierno Aznar –su política exterior consiste en hacer todo lo contrario de lo que se hizo entonces- Moratinos mintió el otro día en el Senado afirmando que en aquel periodo España no consiguió la liberación de ningún preso, lo que es totalmente falso. En vísperas de la Cumbre Iberoamericana de La Habana de 1999, Castro liberó a petición española a Mendoza Rivero y Chamber Ramírez. Por cierto que aquella cumbre se celebró gracias a la insistencia de Aznar –que estuvo acompañando a D. Juan Carlos- ya que varios otros gobiernos se negaban a asistir y que Washington hizo cuanto pudo para que se suspendiera. Aznar se entrevistó con los principales disidentes e hizo gestiones para que uno de ellos, Raúl Rivero, viniese a residir en España. El propio Rivero lo reconoció a su llegada, que se produjo ya bajo mandato socialista. Tampoco dice la verdad Moratinos cuando afirma que con él se ha recuperado la interlocución con La Habana. Pero esa interlocución nunca se había roto hasta el punto de que el mismo Fidel Castro fue recibido en La Moncloa por Aznar en 1998. La gran diferencia es que en aquellas conversaciones las cuestiones de la libertad de los presos políticos y la del respeto a los derechos humanos estaban siempre presentes y ahora Moratinos se conforma con palmaditas en la espalda, palabras complacientes y promesas de terminar de arreglar los problemas cubanos con la UE. De avances hacia la democracia nada en absoluto. Para el actual gobierno español ese es un tema tabú y aludirlo en sus contactos cubanos sería como mentar la soga en casa del ahorcado. Por eso, silencio total que todo va bien en el paraíso castrista.

Moratinos –siguiendo, por supuesto, los deseos de Zapatero- quiere aprovechar la Presidencia española de la UE para lograr que se desmantele totalmente la “posición común europea” aprobada a instancias de España en diciembre de 1996 por el Consejo de Ministros de la UE, cuyo objetivo era “estimular el proceso de transición a una democracia pluralista y el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales en Cuba, así como la mejora del nivel de vida de los ciudadanos”. Allí se hablaba de diálogo y de cooperación, supeditada eso sí a “una cláusula suspensiva para el caso de una violación grave de las disposiciones relativas a los derechos humanos”. Lo triste y lo curioso no ese texto moleste a la dictadura cubana, lo que era de esperar, sino que tampoco le guste al gobierno socialista español, que prefiere hacerse cómplice de la opresión castrista. El PP, que había ofrecido consenso para la Presidencia europea, ya ha advertido que no cuenten con él para esa denigrante aventura.
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