www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Nos gusta mirar

domingo 01 de noviembre de 2009, 16:32h
Vergonzantemente, silenciosamente, mejor si nadie nos ve hacerlo, pero sí, nos gusta mirar. Encontramos un secreto e inconfesable placer en observar al otro, en espiar la intimidad cotidiana de los demás, con mayor fruición y satisfacción si éste además no se sabe mirado. Nos gusta mirar las cosas más tontas: el vecino de enfrente hurgándose la nariz, la pareja de la esquina discutiendo, los humanoides del Gran Hermano rozando una conflagración mundial por un cigarro, las conversaciones absurdas de los muros ajenos en el Facebook...

Pero si hay algo que despierta nuestros instintos más bajos es lo perverso, lo oscuro. Cuando el presentador de un telediario nos advierte piadosamente de que las siguientes escenas pueden herir gravemente nuestra sensibilidad, una obscena curiosidad clava nuestra mirada en el televisor, dejamos lo que estamos haciendo y miramos hipnotizados. Cuanto más violenta u horrible sea la escena, mayor será nuestra repulsa verbal a lo visto, pero en el fondo, hay un yo irreconocible que se regodea en lo visto, casi disfrutándolo.

Qué puede aportar a nuestro conocimiento del mundo, a nuestra noción de que la violencia es una lacra de la humanidad observar cuerpos mutilados, linchamientos callejeros o asesinatos horribles como el de aquel chico estadounidense al que hace algunos años un grupo integrista iraquí decapitó frente a una cámara, en unas imágenes que recorrieron medio mundo. Ninguna. Sin embargo, si un telediario posee una primicia en imágenes de este tipo, probablemente abrirá con ellas, aunque su valor puramente informativo sea mínimo. Las imágenes por sí solas bastan para ser noticias. Un atraco con resultado de muerte en Vallecas, por ejemplo, apenas si sería noticia en circunstancias normales. Por el contrario, si existen imágenes del ladrón disparando al joyero, el hecho será portada del telediario. ¿La culpa es de los medios? No, ellos simplemente ofrecen lo que saben que vende. Y desde que existe Internet, la tierra de las oportunidades, del hipertexto, del espectador activo que elige lo que quiere ver, leer o escuchar en cada momento frente al adocenado de la televisión no hay lugar para esconder nuestro yo morboso. En los periódicos digitales los vídeos que contienen este tipo de escenas siempre están entre los más vistos. Y nadie nos obliga a ello.

Otro tanto pasa con el sexo. Lo pensaba hace poco mientras leía noticia de que había sido detenido el hombre que colocó una cámara en la habitación del hotel en el que se hospedaba una periodista deportiva norteamericana, Erin Adrews, famosa por sus excelentes dotes periodísticas -esto lo supongo, confieso que no he tenido el placer de comprobarlo- pero más aún por acompañarlas con unas inspiradoras curvas que la han convertido en la locutora más sexy de su país.

El caso es que un tal Michael Barrett, aprovechando la coyuntura, consiguió robar unos segundos de la intimidad de la periodista, grabando unas imágenes de la misma observando embelesada su cuerpo delante de un espejo. Como los grandes logros nunca son tales si nadie los conoce, Barrett se apresuró a subir el video en Internet y, por supuesto, éste batió tales récords de descargas que la noticia llegó a oídos de la ultrajada locutora, el FBI y, por supuesto, el mundo entero.

El ‘pervertido’, que además tenía vídeos de otras tantas mujeres en situaciones similares, ha sido detenido, pero media humanidad ya ha visto a Erin Andrews completamente desnuda, en el sentido más literal del término, haciendo lo que le venía en gana en su intimidad, sin imaginar que había alguien ‘mirando’. En los mismos medios digitales en los que se daba noticia de la detención de Barret, estaba colgado, además de ‘informativas’ fotos del culo de Andrews (http://www.periodistadigital.com/ocio-y-cultura/gente/2009/10/07/cazado-el-facineroso-que-cazo-desnuda-a-la-reportera-mas-sexy-de-eeuu.shtml) -supongo que para que los lectores se hagan una mejor idea de por qué tanto revuelo- el vídeo de la discordia.

Barret ha sido detenido por accionar el gatillo. Por colocar la cámara en la habitación de Andrews. Pero todos hemos acabado mirando. A todos nos mueve ese instinto morboso, perverso, cotilla, pervertido, curioso…; por el motivo que sea, todos acabamos mirando. Lo único que nos acaba diferenciando de Barret es que el es la parte ejecutiva de la cadena. Nosotros nos colocamos la cámara en la habitación, pero entramos en ella de la mano de él. ¿Cómo podemos criticarlo si al fin y al cabo él no es sino la manifestación explícita del ‘voyeur’ que todos llevamos dentro? Si el no hizo otra cosa que llevar a cabo el trabajo sucio, que al final ha acabado ‘disfrutando’ media humanidad. ¿No resulta hipócrita asumir por escrito que es un pervertido pero colgar el vídeo que lo ha condenado?

Del mismo modo, un psicópata disfruta haciendo sufrir a sus víctimas, viéndolas morir. Es horrible, execrable y todos lo condenamos al unísono. Sin embargo, si tenemos oportunidad de observar cómo lleva a cabo sus fechorías miraremos. ¿Quiere esto decir que todos llevamos un psicópata en nuestro interior, un consumidor compulsivo de snuff movies? No, por supuesto que no. Pero reconozcamos que sí hay algo que huele raro hay dentro…
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.