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Periodista y escritor

Vittorio Messori: "Ir a misa los domingos es un acto de rebeldía"

viernes 06 de noviembre de 2009, 08:18h
¿Por qué siente usted el deseo de explicar el porqué de su fe?
No se trata de un deseo. Incluso, he esperado 40 años para hacerlo porque primero necesitaba explicarme a mí mismo porqué creo. En este tiempo he escrito 23 libros, todos dedicados a la búsqueda de la fe. Pero lo cierto es que mis lectores poseen una gran curiosidad sobre este asunto. Saben que un apologeta del catolicismo como yo, no nació católico y que, en mi juventud, he estado alejado de la Iglesia. Se preguntan: ¿cómo un joven agnóstico y anticlerical se convirtió en un católico papista?


¿Es realmente el encuentro de la fe más fascinante en un converso que en un creyente desde la infancia?
No lo sé. Cada uno vive su vocación. Lo cierto es que para un converso la fe es una sorpresa y una novedad. El peligro del que nace en una familia católica es la rutina y el no sorprenderse nunca por considerar que la fe es algo normal y, no es así. San Pablo dice que la fe es un escándalo y una locura. Esta es, creo, la cierta ventaja que puede tener el converso.

Vittorio Messori durante la entrevista a EL IMPARCIAL Foto: Manuel Engo.

Aunque el converso puede caer en otro peligro: la pasión desmesurada o la emoción sin control.
Sí, es cierto pero yo no he sido vulnerable a este peligro. No soy un místico. Soy una persona muy pragmática y sobre todo muy racional. Estoy muy agradecido a la escuela laica porque me educó a usar la razón. El defecto de esta educación racional era cuando se transformaba en racionalismo. Mis maestros me enseñaron que el hombre sólo tenía la razón y no cabe misterio alguno. Pero mi conversión no ha supuesto una renuncia a la razón sino más bien es fruto de emplear hasta el fondo la propia razón. No hay guerra entre la fe y la razón. La fe es para mí el punto de llegada tras exprimir al máximo la razón. Es el momento en el que uno se rinde y reconoce que hay algo que supera la propia razón, el misterio.

Supongo que su amistad con Benedicto XVI se forjó precisamente por ser usted un gran defensor de la razón para llegar a descubrir la verdad. Una característica en común con uno de los Papas que más ha apostado por el diálogo de la fe y la razón.

Curiosamente, el momento de mi conversión coincidió con los tiempos del pos-Concilio y, mientras yo entraba en la Iglesia, un tercio de los curas, frailes y monjas escapaba de ella. Yo sin embargo estaba en el carril contrario y durante mis primeros años como católico sufrí una inmensa soledad. Entonces comenzó mi amistad con el entonces cardenal Joseph Ratzinger. Y es que, durante muchos años fui el único periodista de diarios laicos que le defendía. Defendía la ortodoxia católica y escribía contra la contestación que se vivía en el seno de la Iglesia. Después, cuando le pedí entrevistarlo como presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, él me animó a escribir un libro juntos. Esta obra, Informe sobre la Fe, sería después enormemente polémica en el seno de la Iglesia pues, entonces, todo lo relacionado con “el Santo Oficio” era considerado secreto y no debía desvelarse ni discutirse.

Vittorio Messori en una entrevista en EL IMPARCIAL. (Foto: Manuel Engo) ¿Qué supusieron para su búsqueda los viajes a la Tierra de Jesús?
El Cristianismo no es una filosofía. Tampoco es una ideología. El Cristianismo es historia. Conocer la Tierra de Cristo es muy importante para comprender la fe porque es en Israel donde puede conocer in situ la historia de Jesús. La Tierra Santa es el quinto Evangelio. Los cristianos somos cristianos porque creemos en un hecho histórico: el de la Resurrección de la madrugada de Pascua.

¿Cree usted que, tras el Concilio y su posterior contestación, el cristiano de hoy es diferente y se asemeja más al converso que se sorprende por algo tan especial como la fe?
Hoy creer es más difícil que antes porque, en el fondo, creer hoy es una actitud anticonformista. Anteriormente, conformista era el que iba a misma el domingo y poco el que no iba. Ahora ocurre lo contrario. Ahora, ir a misa los domingos es un acto de rebeldía. No es normal. El número de creyentes se ha reducido enormemente. La España creyente ha pasado a ser el país del zapaterismo. Pero, aún así creo que esto no es malo porque Jesús dijo que sus discípulos son la sal y la levadura del mundo. Y hay que usar poca sal porque, si no, no se puede tomar la sopa.

No estoy preocupado por ello porque creo incluso que la reducción numérica de creyentes puede ser una gran ocasión para el descubrimiento de una verdadera vocación cristiana. Como dice el Papa, los cristianos deben formar minorías activas, como la sal y la levadura sobre el resto de los alimentos.

¿Volvemos a la época de las catacumbas entonces?
¡Por qué no? No me disgustaría.