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reseña

Ignacio Sánchez Mejías: La amargura del triunfo

viernes 13 de noviembre de 2009, 11:05h
Por José Miguel G. Soriano

En los ruedos, Ignacio Sánchez Mejías dejó una marcada estela de gallardía y valor sin igual...
En los ruedos, Ignacio Sánchez Mejías dejó una marcada estela de gallardía y valor sin igual. Si su estilo era tosco, su personalidad rebasaba cualquier limitación artística que pudiera tener. Su carrera fue intensa y se sobreponía al recuerdo de las cornadas con impresionante entereza. Parecía señalado para morir en una plaza, y su destino se cumpliría trágicamente en Manzanares, en 1934. Federico García Lorca inmortalizaría a continuación su figura, al escribir emocionado por la pérdida de su amigo su famoso “Llanto”, cumbre de la poesía elegíaca de nuestra literatura.

Al margen de lo que representó en el toreo, Ignacio vivió entre intelectuales, fue periodista, deportista, actor, conferenciante, autor de obras de teatro; y en 1925, tras haber despachado una corrida dentro de la feria, dio lectura pública en el Ateneo de Valladolid de los primeros fragmentos de una novela que estaba escribiendo, la cual, según sus propias palabras, aspiraba a reflejar adecuadamente, de una manera “competente”, el mundo de los toros. Su manuscrito parecía desaparecido hasta que Andrés Amorós, catedrático de Literatura y biógrafo del espada, al preparar durante el presente año una exposición conmemorativa del 75 aniversario de su muerte y de la composición del poema lorquino, lo encontró entre los papeles del archivo familiar. Tras el correspondiente cotejo y puesta en orden, el resultado es una edición ejemplar, fruto de una cuidadosa tarea, y que ahora publica Berenice.

El protagonista de esta narración es el diestro José Antonio, de quien el autor nos presenta su historia, sus triunfos en los ruedos, sus amores –frustrados– y las miserias que rodean al torero, cuando alcanza el éxito, en forma de crítica venal y partidarios interesados. Junto a él, Espeleta, su mozo de estoques, figura experimentada, de profunda sabiduría popular, contrapunto y voz de la conciencia del protagonista. Con un final abierto –intencionado o no–, en el que el espada emprende rumbo a México, La amargura del triunfo refleja claramente la filosofía vital de Sánchez Mejías: la voluntad e ilusión como motores básicos, su afán de superación, su crítica a los prejuicios sociales; y ciertos rasgos autobiográficos como su afición por las mujeres, su decisión ante los toros… Su estilo es pretendidamente sencillo, brillante en algunas descripciones líricas del paisaje, con gusto por las elipsis temporales y por la reproducción del habla particular andaluza; y de un fino costumbrismo como –por ejemplo– al describir las faenas de campo ganaderas.

Por José Miguel G. Soriano

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