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La camorra napolitana prospera en política

domingo 15 de noviembre de 2009, 18:17h
Hoy en día, la relación entre política y criminalidad organizada parece constituir un binomio que prospera en el Sur de Italia. La mafia siciliana, la Camorra napolitana y demás organizaciones criminales del país se relacionan con el poder político nacional y local creando un mecanismo socio-económico basado en la concesión de contratos públicos (construcciones, recogida de basuras, etc.) a cambio de apoyo electoral. Las relaciones entre los grupos mafiosos y la administración pública son tan manifiestas y frecuentes que nadie consigue escandalizarse frente a la acusación a Nicola Cosentino, subsecretario de Estado de Economía italiana y exponente de punta del partido de Silvio Berlusconi, de colaborar con la Camorra, reforzando las actividades de los clanes Bidognetti y Schiavone. Sorprende más que esta noticia se haga pública cuando Cosentino haya expresado el deseo de presentarse como gobernador de la región en las próximas elecciones. ¿Es posible que sólo en 2009 se cuestione a un hombre que con una carrera política de veinte años atrás nunca haya hablado de “lucha a la criminalidad” pese a ser candidato en un territorio plagado por esta? ¿No extraña que haya salido airoso de la indigna crisis de la basura?

Ya, ahora varios arrepentidos (como Carmine Schiavione, primo de Sandokán -líder del clan- y Dario de Simone), le tachan de “cerebro del negocio mafioso de las basuras”, mientras los jueces le investigan por “participación externa en asociación mafiosa”. Pocos recuerdan que Cosentino fue el hombre clave de la solución de la crisis: mientras Nápoles y su región estaban inundadas por la inmundicia y su imagen enfangada en todo el mundo, Berlusconi pactaba con este político local. Resultado: muchos votos para la nueva formación política del Cavaliere a cambio de una Nápoles más limpia y, sobre todo, el fortalecimiento económico-estratégico de algunos grupos camorristas (de Casal de Príncipe). Cosentino se presentaba como garante entre las empresas criminales y las administraciones públicas. Ninguna sorpresa: Saviano, varios magistrados, muchos periodistas llevan años denunciando la infiltración del crimen organizado camorrista en estos negocios, hablando en lo específico de esta situación.

Sin embargo, la presencia de una persona tan involucrada en las dos “esferas” (política y criminal) evidencia un cambio de estrategia de la Camorra y una “emulación” del modelo siciliano: donde en pasado se derogaba la gestión política a cambio de beneficios económicos, ahora parece que la Camorra quiere controlar directamente esta esfera, entrando en campaña política tanto de derecha como de izquierda. Eso eligiendo hombres que provienen de su mundo. Por eso, la situación me genera una serie de interrogantes: si el Estado había demostrado su incapacidad a enfrentarse a la Camorra en la versión clásica, ¿qué pasará con el cambio? ¿Cuándo empieza el saneamiento socio-económico del área? ¿Y, en el caso concreto, si el Parlamento no autoriza la detención de Cosentino? ¿Si él no renuncia a la inmunidad? ¿Es posible que a pesar de todo esto no renuncié a presentarse a la presidencia de la Región?¿Y cuando sabremos algo más de Luigi Cesaro, nuevo íntimo de Berlusconi? ¿Alguien dudaba que detrás del negocio de la basura estuviera la Camorra? ¿Y todas las empresas creada ad hoc para gestionar la situación no son en realidad “expresión político-económica de la criminalidad organizada”? Estas empresas han sido definida como “genéticamente conexas y funcionales a la camorra cásales”, mientras Cosentino controlaba “asunciones, nombramientos y encargos”.

Me preocupa, y mucho, que entre las consignas principales de Cosentino se encuentre el “redimensionamiento” del trabajo de los jueces, el manifiesto intento de obstaculizar la Justicia e impedir que el poder judicial actuase de forma independiente. La Camorra se preocupa de vigilar su territorio, crear nuevas dinámicas de control a través de una estrategia que cuente con la ayuda de nuevos políticos ambiciosos, potentes y leales. Apoyo electoral a cambio de campo libre. Como siempre, a pagar las consecuencias han sido (y serán) los ciudadanos, que han vivido una terrible emergencia, una situación degradante y una terrible confirmación: la Camorra actúa soberanamente en Campania. ¿No ha llegado el momento de reflexionar seriamente y críticamente sobre esta situación? Anhelar una renovación de la clase política me parece muy ambicioso, pero necesario. ¿No nos deprime la idea de que seguiremos votando a las mismas caras?
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