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Megalomaníacos delirantes

miércoles 18 de noviembre de 2009, 13:36h
Parece mentira, sí, el escenario político latinoamericano actual más parece ficción que realidad y, desafortunadamente, lo que vemos es un muy mal film que oscila entre la comedia y la tragedia, representado por malos y malvados actores de tercera. El ideal sería que quienes se encarguen de los asuntos de la política sean seres especialmente virtuosos: por capaces, por transparentes, por éticos, por ser individuos que consideran los fines de todos como los suyos propios, al ser representantes de esa comunidad que lideran. Pero no, ahora la política está en manos de mafiosos, de gorilas, de locos, de paramilitares, de asesinos, de corruptos, de narcotraficantes, de personas que luchan a muerte por defender sus propios intereses. La amenaza latente de la capacidad de corrupción que conlleva el ejercicio del poder, ha encontrado en algunos de nuestros presidentes latinoamericanos las defensas bajas, el terreno abonado, y está atacando con toda su fuerza.

Pero esta dantesca imagen de nuestros líderes se puede complicar aún más si, como lo estamos viendo, todas esas “malas virtudes” de nuestros gobernantes se afincan en cierto tipo de personalidad. Superado por algunos, criticado por otros y, aún, con muchos adeptos, el psicoanálisis nos facilita patrones de personalidad interesantes que nos permiten explicar, comprender y preveer comportamientos, y vemos en estos nuevos y desagradables líderes rasgos megalomaniacos.

La megalomanía es un estado psicopatológico caracterizado por delirios de riqueza, poder u omnipotencia, extravagancia y por una obsesión compulsiva por tener el control de todo. El “pack” incluye desórdenes en donde el sujeto aquejado de esta perturbación tiende a ver situaciones que no existen, o a imaginarlas de una forma que sólo él termina creyéndose y las puede emplear para manipular sentimientos y situaciones. Tiene este mal históricos ejemplos en emperadores, monarcas y dictadores y, con menor linaje, en algunos de nuestros actuales presidentes. Pero lo más preocupante es que con inusitada frecuencia en este tipo de análisis de “liderazgo maligno” son mencionados en un mismo párrafo Uribe y Chávez, el uno más extravagante que el otro eso sí, acompañados por los nombres de líderes totalitarios como Hitler, Mussolini o Stalin

La reflexión precedente me ha surgido a propósito de los vientos de guerra que mecen las relaciones entre Colombia y Venezuela, se vive un ambiente de preguerra, dicen preocupados los analistas políticos y los expertos en seguridad hacen balances de capacidades bélicas, con lo escrito y publicado en estos días sobre este tema se puede escribir un capítulo gordo de ese mal film que es nuestra realidad política. Qué persiguen nuestros líderes, qué les interesa, por qué le conviene a cada cual, quién ganará, cómo ganará, con qué ganará, que si la mediación que si no, que hablar antes de actuar, pero la única y triste realidad es que: "La guerra convencional que muchos están esperando no va a ocurrir, pero la que ya existe y que está dejando miles de muertos, nadie quiere verla’’, como declaró a El Nuevo Herald Wilfredo Cañizares, director de la ONG Progresar, con sede en la ciudad fronteriza de Cúcuta. Esta guerra seguirá y nuestros megalomaníacos delirantes líderes se perpetuarán en su poder, o no.

Lucía Nieto

Investigadora de la Fundación Ortega y Gasset

Lucía Nieto es investigadora de la Fundación Ortega y Gasset.

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