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Chipre (I) Famagusta: una tragedia congelada

sábado 21 de noviembre de 2009, 16:41h
El greco chipriota Alexis Galanos, ejerce uno de los oficios más extraños que hay en el mundo: es el alcalde de la ciudad fantasma de Famagusta, ocupada por el ejército turco durante la invasión de Chipre en 1974. La ciudad, antes el principal foco de atracción turística de toda la isla, llegó a tener una población de 45.000 habitantes antes de que las tropas turcas invadieran y ocuparan la parte norte de la isla. La población del suburbio greco chipriota Varosha, huyó al sur de la isla o fueron forzados a hacerlo y aún hoy Famagusta está bajo la jurisdicción del ejército turco.

No se permiten las visitas, ni siquiera a los turco chipriotas a quien el ejército turco defendió tras el conflicto entre las dos comunidades que derivó a la invasión. Lo único que he podido ver de la ciudad, en una visita a la isla que hice este mes, fue gracias a unos potentes prismáticos desde la terraza del Centro Cultural de Famagusta Ocupada, a pocos kilómetros de distancia en la parte greca chipriota de la isla. Docenas de hoteles y viviendas de apartamentos vacíos se alinean a lo largo de la preciosa costa.

Veinte años después de la caída del muro de Berlín, Chipre es el único país dividido de Europa, separado por la Línea Verde de las Naciones Unidas y su capital, Nicosia, permanece también dividida – como lo estuviera Berlín. Famagusta es una situación aún más especial pues nadie vive ahí y los edificios se están cayendo mientras que las sucesivas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas son continuamente ignoradas por Turquía.

Los greco chipriotas y los turco chipriotas están de nuevo intentando negociar un acuerdo – con poco avance hasta el momento- para reunificar el país, tras el rechazo por los greco chipriotas en un referendum en 2004 del plan ofrecido por el anterior secretario general de la ONU, Kofi Annan. Los turco chipriotas, en cambio, aceptaron el plan. En esta ocasión las Naciones Unidas no asumen el papel de árbitro y las negociaciones están en manos de Demetris Christofias, el presidente de la República de Chipre y de Mehmet Ali Talat, el presidente (palabra que los greco chipriotas lógicamente evitan usar) de la no reconocida internacionalmente República Turca del Norte de Chipre.

Ambos líderes son de izquierda e ideológicamente mucho más sintonizados a favor de un acuerdo que sus predecesores que apremiaron a sus ciudadanos a rechazar el plan de Annan. Turquía necesita desesperadamente un acuerdo pues este gesto reforzaría su intento achacoso de unirse a la Unión Europea, pero no a cualquier precio. Los greco chipriotas, a su vez, tienen también líneas rojas que no están dispuestos a cruzar.

Turquía comenzó en 2005 sus negociaciones para entrar en la UE y todavía se negaba a reconocer la República de Chipre – estado miembro de la Unión Europea desde 2004 – y a abrir sus puertos y aeropuertos a los barcos y aviones de aquel país, condición indispensable para unirse a la UE.

Talat se enfrenta a las elecciones en el mes de abril y podría perderlas frente a un candidato más nacionalista que podría echar por tierra un posible acuerdo y hacer la partición de la isla permanente. A ninguna de las partes le gusta usar la expresión “última oportunidad” pero éste podría ser el caso.

Turquía en particular necesita hacer un gesto de buena voluntad. Su progreso (escaso en el último año en muchos frentes y no solamente en el asunto de Chipre) hacia su candidatura como estado miembro de la UE será revisado en la cumbre de la Unión Europea de diciembre. Un gesto excelente para ganar confianza, con coste político cero para el gobierno de Turquía, sería el acuerdo a la propuesta del alcalde de Famagusta de permitir que un equipo de inspectores de las Naciones Unidas visitase la ciudad y diseñase un informe de su estado y el coste de su restauración. Turquía hasta ahora lo ha rechazado. Se tiene a Famagusta como su baza principal cuando llegue el momento de chalaneo en las negociaciones para la reunificación. No tiene nada que perder y sí mucho que ganar mostrando un poquito de flexibilidad con Famaugusta.

Mientras, el señor Galanos continúa haciendo campaña para el regreso a Famagusta de sus habitantes. La exposición de fotos de Famagusta que ha estado recientemente en Berlín, llegará a Madrid el próximo año.
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