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Errores médicos: humanos o infrahumanos

jueves 26 de noviembre de 2009, 22:08h
Los temibles errores médicos pueden ser humanos o infrahumanos, porque para todo, también para un trance tan dramático y doloroso, siempre se pueden establecer categorías. Pero que nadie se preocupe cuando empiece a leer estas líneas. Por mi profesión, esa que poco a poco voy dejando de lado porque ya no creo demasiado en quienes legislan y en quienes juzgan, sé muy bien que hasta para airear los trapos sucios es necesaria la inteligencia.

También por esa profesión, de cuya vocación a veces no quiero acordarme, he estado muy cerca de casos en los que un error médico ha resultado fatal. Aún así, siempre he tenido un sensato respeto a la clase médica en general y entiendo que cuando ejercen con los cinco sentidos, la presión de cometer un inesperado error, eso que ellos llaman “un accidente”, no puede verse incrementada por buitres que buscan saciar el buche a costa de los seguros de los galenos. Los médicos son, o deberían ser, ante todo y como todos, seres humanos y, por eso, ya hace muchos años que un paciente no entra en quirófano sin firmar ese horrible papel que es el “consentimiento informado”, que yo misma, entono aquí un mea culpa, algunas veces he redactado. Ya se pide para casi cualquier prueba y, además del susto que lleva dentro el enfermo, le toca declarar que lo que pase nunca será culpa del que, para su bien, le está hurgando por dentro con cuidado, diligencia y la sensación de que quien tiene tumbado en la camilla podría ser su propio padre. Si, aún así, “el accidente” ocurre, el error médico sería claramente humano.

Se convierte en infrahumano cuando el médico comete una obvia negligencia o cuando, preso de su soberbia sabiduría, cae en el error, otro más, de no atender a las súplicas del paciente o de su familiar más cercano. Cuando, desoyendo los alaridos de un enfermo, con razón asustado y desorientado, le manda irse a tomar un buen bocadillo de jamón o a regular la respiración, porque hiperventilando, lo único que consigue el que sufre es empeorar la situación. También, cuando el doctor mira a los ojos del familiar preocupado pensando que vaya, precisamente esa tarde, le ha ido a tocar una hija hipocondríaca y paranoica. Eso, señores, son ya, sin ninguna duda, errores de la segunda y aún más indeseable categoría. Claro, como siempre, también aquí será verdad eso de que pagan justos por pecadores, porque otras veces, puede que la mayoría, ese mismo médico habrá tenido razón a pesar de las airadas protestas de los familiares. Pero, por favor, que a un profesional de la medicina nunca se le olvide que existe eso tan cinematográfico de la duda razonable y que siempre tenga en cuenta que cuando un hijo o una hija le miran directamente a los ojos, asegurando que su padre nunca se queja por nada y que, por lo tanto, hay algo que va mal, están apelando no sólo al médico, si no también y principalmente, al ser humano que debería habitar en su interior.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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