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Las graves inconsistencias de la izquierda y de la derecha mexicanas

Juan Federico Arriola
domingo 29 de noviembre de 2009, 17:03h
Es verdad que Europa en los últimos noventa años ha experimentado cambios políticos, económicos y sociales de gran envergadura, es más ha vivido cambios que van de dictaduras de derecha e izquierda extremistas a democracias liberales, aunque también hay democracias formales que sufren el dominio de una oligarquía política como es el caso de Rusia o de una oligarquía económica y financiera encarnada en Silvio Berlusconi, jefe del gobierno de Italia. Aunque hay más resistencia democrática en Italia que en Rusia. Es más poderoso Putin que Berlusconi.

En México nunca ha padecido una dictadura totalitaria, ha padecido regímenes autoritarios con algún caudillo a la cabeza o también un sistema hegemónico de partido igualmente autoritario que fue el caso del Partido Revolucionario Institucional y sus precedentes el Partido Nacional Revolucionario (1929-1937) y el Partido de la Revolución Mexicana (1938-1945).

Mas que debates de ideas y formaciones ideológicas, la democracia formal mexicana vive atrapada por los pragmatismos de izquierda y de derecha.

La izquierda mexicana no sólo es cada vez más débil y está cada vez más dividida internamente, es profundamente contradictoria. La izquierda mexicana ya no sabe cómo defender a un régimen cada vez más podrido y siniestro como el cubano de los hermanos Castro, sino que ha callado cuando Fidel Castro vino a avalar y a apoyar el inicio del gobierno de Carlos Salinas (1988-1994) erigido sobre una descomunal trampa electoral. Así Castro traicionó al hijo de Lázaro Cárdenas, el ex presidente mexicana que incluso comprometió su prestigio en una causa revolucionaria ajena. Cuauhtémoc Cárdenas quien probablemente ganó las elecciones de 1988 fue traicionado por Castro.

El Partido de la Revolución Democrática que nació en 1989 ha sido sin duda el partido de izquierda mexicano que ha logrado los triunfos democráticos que jamás soñaron ni siquiera los revisionsistas marxistas en el siglo XX, el que se manifiesta en contra de la pena de muerte en México pero que calló cobardemente en julio de 1989 cuando Fidel Castro ordenó la ejecución en contra del general Arnaldo Ochoa y uno de los mellizos La Guardia.

La izquierda mexicana es inconsistente en otros temas: critica el autoritarismo de los otros partidos, cuando internamente sus caudillos han caído en prácticas autoritarias. López Obrador, es en este sentido el más autoritario. Ante la frustración de haber perdido las elecciones en 2006 frente a Felipe Calderón, comete un acto autoritario tras otro, trata de estar por encima de las instituciones y manipula a candidatos y electores inlcuso de otros partidos, como el Partido del Trabajo. No tengo conocimiento que haya dejado de estar afiliado al PRD.

La derecha no tiene ideas y su religión es el pragmatismo. Calderón en su desesperación pactó con los peores grupos del antiguo PRI para afianzarse en e poder. Así atrapado por el viejo corporativismo priista, Calderón no tiene margen de maniobra. Dejó a un lado los principios de su instituto político, el Partido Acción Nacional y se ha convertido en el portavoz de los factores reales de poder con los que tiene paradójicamente continuos problemas.

La derecha mexicana ha fracasado en la materialización de proyectos, como el crecimiento económico sostenido,el incremento de inversiones extranjeras, la lucha contra los monopolios y prácticas monopólicas, etcétera.

La derecha mexicana, al igual que la izquierda sólo pelean por el poder. Los ciudadanos no importamos. El fracaso de los partidos de derecha e izquierda convalidan también el fracaso del PRI que no encuentra su lugar en la geometría política. A veces el PRI se acuesta con una ideología de izquierda populista y amanece con criterios neoliberales de derecha al estilo Chicago. Las contradicciones del PRI a veces son incluso mayores a las del PAN y el PRD. En el PRI han cabido grandes empresarios que tienen arrepentimientos y dan de vez en cuando importantes donativos y también lideres sindicales que presumen de ser marxistas pero que les encanta la vida burguesa internacional.

Además los otros partidos tampoco tienen ideologia. Los ecologistas de México, no son ecologistas, son verdaderas sandías: verdes por fuera y rojos por dentro. Pero no son rojos por ser comunistas, sino porque proponen la pena de muerte, entonces son rojos por sanguinarios. Afortundamente estos "ecologistas" que aman más la vida de los tucanes y los toros que de los seres humanos, no tienen la menor posibilidad de cambiar la Constitución que prohibe enfáticamente la pena de muerte. Son demagogos.

México está atrapado no en un laberinto de ideologías enfrentadas, sino en un laberinto de pasiones mezquinas, donde sólo importan los resultados electorales. Los propios mexicanos seremos sepultureros de nuestra democracia formal. Espero estar equivocado y espero también no ser asistente a un funeral de un sistema político que no ha podido siquiera nacer, con lo cual entonces asistiría mas que a un funeral a un aborto colectivo de esperanzas frustradas.

Los partidos mexicanos no son democráticos. Parece ser que los demócratas mexicanos caben en un Volkswagen Sedan 1976 y sobra aún un espacio.

En 2010, trataré de contar a los lectores españoles la aventura de la democracia formal mexicana. Ya veremos el desenlace de esta dificil historia.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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