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Honduras: elecciones y tres presidentes

martes 01 de diciembre de 2009, 19:41h
De nuevo con Honduras. Van cinco meses en que este país centroamericano no deja de ser causa de reflexiones motivadas por la esperanza de encontrar una alternativa que le permita salir airoso, de tan compleja situación en que se encuentra inmerso. Siempre que hay que enfrentar situaciones confusas y difíciles, a las que no le ven salidas claras, se concentran las expectativas en cuestiones puntuales pretendiendo con ello convertirlas en esperanzadoras metas, que sean el tan esperado final o que, por lo menos, den señales de hacia dónde puede estar o definirse el camino a seguir. El pasado 29 de noviembre llegó el tan esperado día de las elecciones hondureñas, evento señalado por muchos, especialmente por los hondureños, como un momento esperanzador, como el punto de inflexión de la crisis.

Pero más allá de ello lo que estamos viendo es que la situación se complejiza más, añadiéndose un tercero a la partida. Tiene Honduras en este momento tres presidentes: el depuesto, reconocido y respaldado por la comunidad internacional; el presidente de facto, reconocido y respaldado por el aparato institucional del Estado Hondureño que le ha acompañado en la gesta golpista y, el electo, reconocido y respaldado por una clara mayoría de un pueblo hondureño que, lejos de ser indiferente a su situación política, asistió de forma destacada a la cita electoral.

Ahora la cuestión está, en quien será el reconocido como el legítimo y real ostentador del poder político, todo un reto para el juego de la democracia, para el reconocimiento del papel primordial de la voluntad del pueblo en este juego y, para la verdadera dimensión y responsabilidad de la comunidad internacional, supuesta garante y vigilante de las condiciones democráticas de los estados, muy vacilante, dicho sea de paso, en esta crisis hondureña.

El presidente depuesto está enrocado, no reconoce los resultados electorales y siente que las negativas de la comunidad internacional a legitimar las elecciones, son un claro respaldo para la restitución del poder en su nombre. El presidente golpista ha asumido una prudente actitud, conveniente para todos y estratégicamente adecuada para él, no trasciende un vacío de poder pero actúa de cara a la galería con una actitud de respeto por las decisiones del pueblo hondureño, quizá pretende con ello aliviar lo que le ha de venir. Y, el presidente electo, quien con un discurso demagógico que llama a la reconciliación, a dejar el pasado atrás y a construir un futuro prometedor para el pueblo, busca normalizar la situación facilitando la transición hacia el momento en que deba asumir la presidencia.

Debería prevalecer por sobre todo la voluntad del pueblo hondureño. Dado que el proceso electoral se ha desarrollado paralelamente a la crisis, de todos era conocido su avance y la franca decisión de ser llevado a cabo, con lo cual las elecciones han debido contar con las suficientes garantías, para evitar las falencias y debilidades que ahora se le cuestionan al proceso y que deslegitiman al presidente electo. Habrá perdedores y ganadores en este juego democrático, siempre los hay, pero si se apoya el proceso de reconocimiento del resultado electoral, habrá un clara ganadora, la voluntad de una población comprometida políticamente que a cambio de manifestar indiferencia ha acudido, bajo unas condiciones poco tranquilizadoras y aún creyendo en la democracia, a expresar su opinión a través del voto.

Lucía Nieto

Investigadora de la Fundación Ortega y Gasset

Lucía Nieto es investigadora de la Fundación Ortega y Gasset.

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