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Cien veces

Juan José Solozábal
jueves 10 de diciembre de 2009, 20:06h
Quizás deba una explicación a mis amigos a quienes ininterrumpidamente me dirijo por este recuadro todas las semanas, que ya hace el número cien, y sin cuyo apoyo dejaría de escribir. El eco de mis reflexiones, esto es, la acogida que a ellas brindan sirve de estímulo, sin duda a la pluma. Suelo, quizás traicionando mi condición profesional, no limitarme a exponer situaciones objetivas o planteamientos intelectuales neutros sino a comunicar antes bien mi posición personal, a dar mi propia opinión. “En el fondo siempre hablas de ti”, me dice Francesc , que me conoce bien y cuyas columnas, de otro lado, aprecio especialmente. En estos tiempos, de alineamientos irreductibles no siempre es fácil la práctica de la independencia, que puede inducir a la sospecha, con que muchos acogen al que se mueve a la intemperie. Era, José de Arteche, cuando termina su libro de instantáneas sobre el País Vasco que tanto quería De Berceo a Carlos Santamaría, quien señalaba que el hombre liberal, el hombre de justo medio, que abomina de los extremismos de uno y otro lado, se convierte en el hombre mas sospechoso de todos, “y ha de estar ojo avizor para salvar su intima libertad, su independencia de criterio y acción”.

No podría escribir si tuviera miedo a la soledad o a la deserción de quienes no estén de acuerdo con mis opiniones, de los que no compartan mis emociones. Como en la vida también en la escritura es necesaria cierta valentía, cualidad que no se aprecia mucho hoy. Ya se sabe, no hay que desafinar, se puede pero no se debe disentir, apartarse de lo convencionalmente establecido, del atosigante canon de la corrección acostumbrada.

Esta inclinación a lo singular, que en ocasiones puede acabar, contra mi voluntad, en extravío, tiene un alcance sobre todo en el estilo, que espero pueda dotar de cierta unidad a la columna, imponiéndose sobre la variedad de su contenido. El estilo es, por utilizar la expresión de Juan Ramón, pensativo. No hay demasiado tiempo en el recuadro para la descripción o el desarrollo de una argumentación complicada, de manera que ha de captarse lo esencial, de modo elemental y claro. No es posible en la brevedad de la columna más que la silueta, el esbozo simplificado de un concepto, acentuando uno de los rasgos de la idea o el tipo.
La imagen, corresponda a una noción, un hombre, un acontecimiento, se refiere necesariamente a un momento, al lado de la realidad o situación que logramos sorprender, y que cordialmente, no de modo neutro, sino reclamando su adhesión comunicamos al lector.

A veces la conexión funciona. Así un seguidor lejano aprecia la serenidad en la opinión política y constitucional de las columnas y señala, dice, el aire barojiano de las crónicas de Euskadi, “aunque con bastante menos mala uva”. El alto maestro admirado, académico en fin, que sabe de literatura casi tanto como de derecho, apunta acertadamente a mi “emoción ante las cosas del País” y la referencia palpable de “Ortega y aun los viejos noventa y ochistas”.

Generosamente un colega dilecto anota que cuando llega un breve o un al paso, salvo rarísimas excepciones, deja lo que esta haciendo y lo lee con avidez. “En muchas ocasiones al finalizar la rápida lectura tengo una opinión formada, casi siempre acorde”. Otras veces mis argumentos le incitan a la duda y le estimulan a la reflexión, dándole vueltas al asunto y dedicándole “un largo tiempo del que en el momento de leerlo no dispongo”.

Es, entonces, en justa correspondencia, con gratitud inevitable como reconozco mi deuda centenaria con los amigos y lectores a cuya atención me debo. Venga, otras cien veces.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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