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crítica

[i]Celda 211[/i]: muy buen guión y mejores interpretaciones

viernes 11 de diciembre de 2009, 19:55h
El director mallorquín Daniel Monzón tuvo claro, desde que la novela de Francisco Pérez Gandul cayó en sus manos, que quería llevarla a la gran pantalla. El libro que tanto le había impresionado, finalista del Premio Fernando Lara en 2004, tenía un contundente punto de partida y se desarrollaba dentro de un universo tan poderoso como el carcelario, un desconocido mundo que Monzón ha sabido utilizar de forma prodigiosa para meter de lleno al espectador en una trama de tensión asfixiante, con giros memorables y una cuidada puesta en escena.
Y, sobre todo, ha sabido elegir muy bien a los actores que debían encarnar a los personajes ideados por el escritor, con especial atención a los dos protagonistas de una tragedia de acción que engancha desde el principio y que no deja ni un segundo para tomarse un respiro. El magnífico actor Luis Tosar da el máximo en esta cinta, metiéndose en la piel de Malamadre, y un desconocido Alberto Amman, que da vida a Juan Oliver, resulta el contrapunto perfecto. Los dos hombres son la representación del bien y del mal, capaces de demostrar lo delgada que resulta, en ocasiones, la línea que los separa y cómo unos acontecimientos repentinos y dramáticos pueden llevar a cualquiera a cruzar, casi sin darse cuenta, la espinosa frontera.

Porque la historia de Celda 211 es perfecta para contar de una forma tremendamente realista y creíble, sin sentimentalismos ni artificios de ningún tipo, cómo dos personas que tendrían que haber estado siempre separados por esa no tan invisible línea, se encuentran, de repente, en el mismo bando. Juan Oliver, un funcionario de prisiones novato, se pasa al bando del temido Malamadre, un agresivo preso sin mucho que perder, fundamentalmente para salvar la vida, pero, más tarde, verá cuestionados todos sus principios y, por supuesto, sus arraigados prejuicios. Aunque el núcleo es esa relación de amistad al borde del precipicio que se teje entre estos dos personajes, lo que conmueve de verdad es descubrir esa fragilidad común a todos los mortales cuando somos conscientes de que en la vida, en realidad, muchas veces, simplemente pendes de un hilo.

Gracias a Instituciones Penitenciarias, el equipo de la película tuvo a su disposición un penal cerrado desde hacía doce años, la prisión provincial de Zamora, para rodar con total credibilidad entre sus muros, sus celdas y sus destartalados recovecos. En todo caso, más que una película de género carcelario, Celda 211 es una tragedia al más puro estilo clásico y, desde luego, un filme absolutamente recomendable.
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