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reseña

Jordi Sierra i Fabra: La isla del poeta

sábado 02 de enero de 2010, 01:54h
Jordi Sierra i Fabra: La isla del poeta. Siruela. Madrid, 2009. 184 páginas. 16,90 €
Basada en una historia real que oyó el autor “mientras iba siguiendo las huellas de Kafka”, La isla del poeta consigue, a través de un lenguaje directo, despertar la curiosidad del lector desde el primer instante. Jordi Sierra i Fabra (Barcelona 1947), autor de una extensa obra en la que cabe destacar el relato de ficción para niños y adolescentes y sus memorias de la música pop-rock del último medio siglo, es uno de los escritores más leídos –en español– por los escolares y reúne un dilatado elenco de premios como, por ejemplo, el Edebé Juvenil (2006) o el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil (2007). Con esta recién aparecida novela, La isla del poeta –aconsejable de catorce años en adelante–, el autor nos atrapa de nuevo mediante el diálogo de los dos personajes principales que, a través de su reflejo en el otro, hacen brotar las incertidumbres que les conducirán a enfrentarse a sus deseos más profundos.

A los diecinueve años, Isa se dispone a viajar –por vez primera y bajo su entera responsabilidad– desde Barcelona hasta una pequeña isla de Cartagena de Indias (Colombia). Cuando, pocos años antes, la muchacha había visto próximo el instante de la muerte, llegó a sus manos un libro que, para asombro de todos, surtió el efecto de un milagro: la restableció del mal que le iba a conducir inexorablemente al fin. A partir de entonces, leyó, cientos de veces, las tres únicas obras de Isaac Estruch y todo lo que se había escrito sobre la leyenda que rodeaba al poeta que, esquivo, áspero y casi loco, se había retirado voluntariamente –veinte años atrás– a un islote del Caribe. Pero la joven, tenaz y romántica, no entendía cómo tamaño genio podía tirar por la borda creatividad, reconocimiento a nivel mundial, comodidad y civilización… Y decide ir al encuentro de quien la ha salvado con su poesía.

Este relato –que se hace muy corto– tiene la virtud, en especial con la demora del anhelado encuentro con el poeta, de trazar aventuras de lograda verosimilitud sin que por ello resulten previsibles; y sobrecogen, finalmente, los lances que vivirá después la protagonista y que la encaminarán hacia el terreno en el que se desbrozará su destino.

Por Inmaculada López Molina
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