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La salida para la economía: más internacionalización

sábado 09 de enero de 2010, 12:10h
Para poder empezar a salir de la recesión este año y crecer a un ritmo más sostenible, la economía española tiene que depender menos de la demanda interna y mucho más de la externa. Con un sector de la construcción desproporcionado y hecho polvo, débil consumo y un sector de turismo perdiendo su brillo, el mejor camino para sacar adelante la economía reside en hacerla más internacional. En otras palabras, España tiene que exportar más y sus empresas invertir más en el extranjero. La evidencia empírica demuestra que es la mejor manera de crear empleo sostenible. Con unos 900.000 desempleados en el sector de la construcción y unas 800.000 casas y pisos terminados y destinados a venderse pero que no se han vendido, el ladrillo ha dejado de ser el motor de la economía y no podría serlo en el futuro como antes.

Entre 1988 y 2009, la contribución de la demanda externa al crecimiento del producto interno bruto (PIB) ha sido positiva en sólo seis años: su mayor contribución fue en 1993 cuando España sufrió su última recesión y las empresas no tenían más remedio que vender fuera para paliar la contracción en su mercado domestico. El segundo mejor año fue el año pasado, pero aunque la recesión fue mucho mas profunda que en 1993, la contribución de la demanda externa fue menos que en 1993. La diferencia entre la demanda interna y la externa es el crecimiento económico; por ejemplo, en 2009 la demanda externa creció el 2,8% y la interna fue 6,4% negativo, dando un crecimiento del PIB del 3,6% negativo, según las últimas estimaciones.

Las empresas españolas, con excepciones notables, han llegado a estar demasiado acostumbradas a un mercado domestico boyante y demasiadas de ellas solo se dedicaron a exportar cuando no tenían más remedio. Las exportaciones y importaciones de bienes y servicios representaron el 58,9% del PIB en 2008, haciendo la economía española más abierta que la de Italia y Francia (el 58,1% y el 55,3%, respectivamente) y solo algo por debajo del Reino Unido (el 60,9%), pero mucho menor que Alemania (88,3%). De los cinco grandes economías de la Unión Europea, sin embargo, las exportaciones españolas son las más bajas en términos del PIB y sus importaciones las segundas más grandes después de Alemania – por esto España siempre ha tenido abultados déficit comerciales (7,9% del PIB en 2008) y en la cuenta corriente. Otro indicador del bajo nivel de las exportaciones españolas es su cantidad en términos de per capita (la población dividida por las exportaciones). Cada español exportaba mercancías con un valor de 5.355 de dólares en 2007 (el último año de fuerte crecimiento económico global) en comparación con 16.175 de dólares por cada alemán, 8.925 por cada francés y 8.330 por cada italiano.

El nivel tecnológico de la exportación española es mayoritariamente medio o bajo (generando menos valor añadido); el país ocupa uno de los últimos lugares en exportación de productos de alta tecnología (solo el 5% de sus exportaciones manufactureras). La exportación está muy concentrada en unos pocos sectores de actividad y algunos de ellos, con mayor peso en la exportación, tienen mayoría de capital extranjero, como es el caso del automóvil, de la industria química y de la farmacéutica lo que les hace más vulnerables si cambian en el futuro las ventajas comparativas que los atrajeron para establecerse en España. Así que, hace falta un esfuerzo hercúleo para aumentar las exportaciones.

Con respecto a la inversión directa en el extranjero, ya hay un sólido grupo de empresas y bancos españoles con presencia en muchos países. El stock de esta inversión en 2008 representaba el 39,6% del PIB en comparación con el 34,2% de Francia, el 19.2% de Alemania y el 14,9% de Italia. Uno de los factores clave detrás del incremento del 29,8% en el Ibex 35, el principal índice de referencia de la bolsa española pero no representativo del conjunto de los valores que cotizan, en 2009 (superando hasta en ocho puntos porcentuales a los principales mercados europeos) es el considerable peso de algunas de estas empresas en el índice (Santander, BBVA, Telefónica, Repsol y Iberdrola) y el éxito de su diversificación, en particular a mercados emergentes, que ha compensado la contracción del negocio en su mercado domestico y ha mantenido un buen nivel de beneficios y empleo.

El grueso de esta inversión está en América Latina y Europa y crecientemente en Estados Unidos. Asia, la zona más dinámica, sigue siendo el continente olvidado por empresas españolas. Hace falta corregir esta situación.

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