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EN LA MUERTE DE ANTONIO FONTÁN

jueves 14 de enero de 2010, 12:06h
Antonio Fontán fue destacado miembro del Consejo Privado de Don Juan de Borbón. Estuvo siempre en contra de la Monarquía del Movimiento Nacional que impulsaba el dictador Franco y a favor de la Monarquía parlamentaria, de la Monarquía de todos, que defendía con tenacidad Juan III, el Rey exiliado en Estoril.

     La complejidad de relaciones del triángulo Don Juan–Franco-Don Juan Carlos, encontró siempre en Antonio Fontán la moderación, el equilibrio, la liberalidad, el buen sentido, el conocimiento de la realidad. Le vi actuar durante muchos años en misiones de extremada delicadeza. Nunca hizo un aspaviento. Nunca se deslizó por la vanidad. Su gestión era la del silencio, la discreción, la eficacia. Su trabajo en la Universidad, a veces abrumador, su gestión periodística, en ocasiones altamente comprometida, no le apartaron de la política que desde el Consejo Privado de Juan III realizó siempre, en contacto profundo con Pedro Sainz Rodríguez y también con el equipo tecnócrata de los lópeces que luchaba denodadamente contra la Falange y a favor de la candidatura de Don Juan Carlos en el ánimo de Franco.

     Difícil entender para las nuevas generaciones la complejidad de aquella situación, la sutileza con que era necesario actuar, la dificultad entre las tiranteces políticas, humanas, familiares, personales. En medio de aquella torrentera, Antonio Fontán representó siempre la calma, los pies en la realidad, el consejo desinteresado y certero, la vista en el futuro, por encima de los avatares del presente.

     Restaurada la Monarquía y convocadas elecciones libres, la abnegada abdicación de Don Juan de Borbón abrió para Don Juan Carlos la doble legitimidad de la que carecía y que tenían el resto de los Monarcas europeos: la dinástica y, la más importante, la popular. Antonio Fontán desde la presidencia del Senado contribuyó de forma considerable a desmontar los aparatos de la dictadura, a que la voluntad general del pueblo español libremente expresada, cristalizara en la Constitución de 1978. Tras una experiencia discreta y puntual en el Gobierno, Antonio Fontán prosiguió con su vida intelectual, en la que continuó dando muestras de su talento, de su rigor y su cultura.

     El Rey acertó de lleno al otorgarle un título de nobleza. Era el reconocimiento a una vida entera al servicio de España y del pueblo español, también al servicio de la Monarquía que defendió Juan III desde el exilio y que encarna ahora ejemplarmente su hijo Juan Carlos I. No necesitaba Antonio Fontán ni distinciones ni honores. Lo había conseguido todo en una vida de gran plenitud. La muerte ha venido a cerrar una trayectoria ejemplar. De aquel Consejo Privado de Don Juan, que fue clave en la vida española contra la dictadura, quedamos ya muy pocos. Con Antonio Fontán se ha ido el más prudente y sosegado de todos.

Luis María ANSON

de la Real Academia Española

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