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De Kirchner a Chávez

jueves 14 de enero de 2010, 18:45h
La gran novedad histórica de nuestra región es que casi todos los regímenes políticos latinoamericanos son, ahora, democráticos. Pero lo que aún distingue a América Latina de Europa es la subsistencia por estas latitudes de un fuerte residuo autoritario que afecta particularmente a Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y la Argentina.

¿Llamaremos simplemente “dictatoriales” a estas cinco naciones? Podríamos dividir las dictaduras en dos grandes categorías. La primera de ellas, las “dictaduras iniciales”, son aquellas que nacieron directamente de un golpe autoritario. Así fue la Italia de Mussolini después de su famosa “Marcha sobre Roma” de 1922. La segunda son las “dictaduras intrademocráticas” que, habiendo nacido en el interior de una democracia, después se fueron apoderando de ella “desde adentro”. Así operó Hitler cuando carcomió a la desventurada república de Weimar en los años treinta, como un tumor incontenible.

Ninguno de los cinco intentos dictatoriales que todavía subsisten en América Latina constituye una “dictadura inicial”. Todos han nacido a partir de elecciones democráticas que beneficiaron al venezolano Chávez, al boliviano Morales, al ecuatoriano Correa, al nicaragüense Ortega y al argentino Kirchner entre 1999 y 2003. Estos personajes han intentado construir una “dictadura intrademocrática”, avasallando a las instituciones republicanas y prolongando su poder mediante reelecciones indefinidas. Dentro de este pentágono, sin embargo, Néstor Kirchner presenta dos rasgos distintivos. Uno, que ha procurado prolongar su poder mediante el “reeleccionismo conyugal” al digitar a su esposa Cristina en 2007. El otro que, a la inversa de Chávez y sus restantes émulos, Kirchner está encontrando en la Argentina una creciente resistencia republicana.

Esta resistencia se ha desarrollado en varias instancias. La primera fue la rebelión del campo contra Kirchner en 2008. La segunda fue la derrota del kirchnerismo a manos de la oposición en las elecciones intermedias del 28 de junio de 2009, cuando la pareja presidencial quedó en franca minoría. La tercera, que se manifestó a fines de 2009, fue la consiguiente pérdida del control del Congreso por parte del Poder Ejecutivo. La cuarta, que recién se inicia, es la sucesión de obtáculos con los que se están topando los Kirchner en dos vitales organismos descentralizados: el Banco Central y el Poder Judicial.

En los últimos días, estos obstáculos se han encarnado en el presidente del Banco Central, Martín Redrado, y en la jueza María José Sarmiento. Todo empezó cuando la presidenta Kirchner intentó hacer uso de 6.500 millones de dólares de las reservas del Banco Central mediante un decreto, sin pasar por el Congreso, para cubrir el gasto público que ha aumentado exponencialmente durante los últimos años hasta desbordar los recursos tributarios, transformándose en un voraz déficit fiscal que Redrado se ha negado a financiar con las reservas del Central. Cristina Kirchner intentó despedirlo mediante un nuevo decreto pero Redrado, que goza de inamovilidad legal, después de apelar a la justicia obtuvo el respaldo de la doctora Sarmiento. A partir de ese momento, Redrado continuó al frente del Banco Central aunque parte de su directorio se ha plegado a la voluntad presidencial, en tanto el nuevo Congreso empieza a movilizarse en favor de Sarmiento y de Redrado.

Para conjurar esta colisión de poderes, algunos dirigentes políticos han ofrecido su mediación entre los Kirchner, la justicia y el Congreso para descubrir que la Presidenta, en vez de allanarse o negociar, elevaba el tono de la disputa con encendidos discursos en los cuales llamó a Redrado “okupa” (una expresión vulgar que se aplica a los usurpadores de edificios), calificó a Sarmiento de “jueza delivery”, acusó al vicepresidente Cobos, presidente del Senado, de “conspìrador” e injurió a los acreedores externos al describirlos como “ratas de río”. Ahora los más duros opositores del Congreso han llegado hasta sugerir que Cristina Kirchner debería ser sometida a juicio político por haberse dejado llevar por una “exaltación casi demencial”. En vez de moderararse ante la acción de aquellos que intentan hacerlo recapacitar, el matrimonio presidencial ha puesto la vida pública argentina, por lo visto, al borde de un precipicio institucional.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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