www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Haití. Cuando a la nada se le quita todo

martes 19 de enero de 2010, 20:34h
Dramáticas son las formas en que la naturaleza se hace cargo de hacernos estos llamados a la conciencia, el fuerte terremoto de magnitud 7,0 grados en la escala Richter que sacudió el pasado martes 12 de enero a Haití causando gran devastación, ha convertido en foco de tención mundial ese “territorio”. Sí, porque lejos están sus condiciones para que puedan ostentar el nombre de nación o de estado, se trata sencillamente de un trozo de tierra en una isla, habitado por cerca de 9 millones de habitantes, mal contados, con un índice de desarrollo humano de 68, que lo convierte en el país más pobre de Latinoamérica, y con datos escalofriantes como aquel que nos señala que 16 de cada 100 niños mueren antes de alcanzar los 5 años o, el triste record de ser el 4 “país” más corrupto del mundo.

Hace cerca de 200 años Haití logro su independencia, la primera “república negra” del mundo, pero el recorrido de estas dos centurias por sus tierras y sus gentes, solo ha logrado escribir una historia de abusos, desmanes e incompetencia, por parte de los responsables de sus destinos y de dolor, pobreza y privaciones en sus habitantes.

Dentro de la multitud de inquietudes y preguntas que genera una situación como la que Haití ha mostrado al mundo en esta cruel semana, varias tocan directamente nuestras conciencias, de vecinos, de latinoamericanos, de seres humanos. Miseria, caos y desolación son las palabras que hemos escuchado a través de todos los medios, sí, de esto somos todos en parte responsables. Cierto es que no ha habido indiferencia total por parte de la Comunidad Internacional, desde hace varios años hay presencia de Naciones Unidas, así como de muchas ONG’s que gestionan recursos de cooperación de los países ricos, al punto que muchos de sus representantes hoy engrosan el número de víctimas.

Pero hay una cuestión especialmente álgida y que, espero, esté calando hondo en las conciencias de sus dirigentes. No pueden estar tranquilos quienes ostentan o han ostentado el poder, cuando al referirse a la situación de Haití se dice de que se trata de “un país sin gobierno y sin instituciones” totalmente incapaz de gestionar en la normalidad y, paralizado y ausente en el caos, como lo estamos viendo.

A los “eternos desheredados” haitianos hoy la furia de la naturaleza les ha quitado lo poco que les quedaba, la esperanza.

Lucía Nieto

Investigadora de la Fundación Ortega y Gasset

Lucía Nieto es investigadora de la Fundación Ortega y Gasset.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios