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Solé Tura en la memoria

Juan José Solozábal
jueves 21 de enero de 2010, 18:45h
Comprendo perfectamente que muchos piensen en el Solé Tura político cuando se refieran a este personaje. La figura desaparecida dejó una huella indudable en la ponencia que elaboró la Constitución y mostró que la socialdemocracia era una opción razonable para quienes buscaban compatibilizar el marxismo y la defensa de las libertades. Para mí, sin embargo, Jordi Solé fue ante todo un modelo en la Universidad del franquismo, en aquel tiempo áspero y gris de la dictadura, y un intelectual que aportó algunos análisis brillantes y certeros sobre cuestiones capitales para la organización de la democracia española.

Conocí a Solé en los medianos sesenta en Valladolid, en alguna esporádica, y no se si clandestina visita, que nos hizo, a mitad de nuestra licenciatura de derecho, seguramente a iniciativa de Eliseo Aja, y por el tiempo en que nos visitó también Alfonso C. Comín. Es difícil trasladar a los lectores de hoy lo que aquellos personajes suponían para nosotros, ejemplo de compromiso personal, admirables por su lucidez y su coraje, intelectuales de una calidez que nos sorprendía e irremediablemente nos seducía. Venían además de Cataluña, donde se publicaban las revistas que nosotros seguíamos, como Destino o El Ciervo o residían las editoriales como Seix Barral o Ariel, cuyos libros queríamos comprar, muestras en suma de una vida cultural y política que envidiábamos desde nuestra realidad provinciana. Se trataba asimismo de personas no encapsuladas en su ambiente universitario, sino preocupadas por los problemas políticos y culturales del resto de España. Alfonso Carlos Comín acababa de publicar un libro sobre el campo andaluz y la tarea que Solé se planteaba era aprovechar las condiciones que pudiesen avanzar el establecimiento de la democracia en todo el país. Eran tiempos en los que la urgencia política imponía la contribución de todos al empeño común, fuera de la procedencia territorial de cada cual, lo que hoy puede resultar algo difícil de entender. Todos sabemos, y en la conmovedora película Bucarest que ha hecho su hijo Albert, se da testimonio de ello, de la brillantez académica de Solé y sus dificultades para hacerse un hueco profesional en la Universidad, pero al final, incluso el establishment del franquismo hubo de ceder a la evidencia y Solé, al que nunca faltó el apoyo de Jiménez de Parga, pudo incorporarse definitivamente a las aulas.

Sin duda, como señalaba al comienzo, para mí lo que quedará de Jordi Solé será especialmente una obra que ayudará a plantearse correctamente la ordenación territorial de nuestro Estado, pues Solé reflexionó decisivamente sobre la necesaria organización federal de España, y sobre la posición en ella de Cataluña. Solé Tura, en efecto, al modo por ejemplo de Gumersindo Trujillo, juntaba irremediablemente en España democracia y federalismo, quiere decirse, una forma política de descentralización profunda generalizada. El federalismo aunaba las exigencias de un diseño politico racional, o sea democrático, y la atención al pluralismo constitutivo de España. Solé compartía la idea de que el federalismo es la aportación fundamental catalana, como lo mostraron Pí o Almirall, al pensamiento político español.

Además el testimonio de Solé, he dicho alguna vez, ayudó a mi generación a adelantarnos lo que en un nuevo tiempo político debería ser la posición de Cataluña, su contribución a una España pluralista y federal. Su libro Catalanismo y Revolución burguesa se presentaba como un estudio del nacionalismo catalán en la versión de Prat de la Riba, pero lo que resultaba más interesante del estudio era la destilación de un integrante, el catalanismo, que ninguna forma de organización democrática, por ejemplo la federal, podría ignorar. Nadie como Solé facilitó la diferenciación entre nacionalismo y federalismo, distinción que considero de enorme utilidad para afrontar cualquier problema que se plantee en el encuadre de Cataluña en España, por ejemplo el que se presenta ahora en la crisis estatutaria.

Por último, como ha señalado Isidre Molas, aunque quizás hoy pueda parecer una cuestión menor, la intervención de Solé en el conocimiento de un marxista como el italiano Antonio Gramsci a quien tradujo y contribuyó a propagar, fue de gran importancia pues aportó categorías a la vez rigurosas y de inequívoco perfil democrático a nuestro pensamiento socialista. Gramsci atendía en su análisis político a la formación histórica de la realidad y, en consecuencia, utilizaba con flexibilidad categorías generales, evitando el dogmatismo propio de tantos enfoques marxistas.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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