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Riesgo Zapatero

Lorenzo Bernaldo de Quirós
viernes 05 de febrero de 2010, 20:05h
El desplome de la bolsa española es el resultado inmediato de la pérdida de confianza de los mercados y de los inversores en la razón social España SA. La dramática situación presupuestaria de Grecia ha puesto en cuestión la solvencia de países, como la Vieja Piel de Toro, con un desequilibrio de las finanzas públicas insostenible y con perspectivas de recuperación económica inexistentes. España lidera el Índice de Miseria de Moody´s, combinación de déficit público y desempleo, seguida de Letonia, Lituania, Irlanda y Grecia. La amenaza de una crisis de la deuda española se ha convertido en una realidad y puede materializarse a una velocidad de vértigo si no se produce un giro radical en la política económica del gobierno. Para conjurar esa posibilidad no basta con un drástico recorte del trinomio gasto/déficit/deuda, sino es imprescindible implantar un programa que haga posible restaurar la competitividad de la economía nacional y, de este modo, los cimientos del crecimiento. Sólo así será posible salir de la dinámica recesión/estancamiento en la que está inmersa España.

La fuerte caída registrada por las plazas bursátiles nacionales refleja también la falta de credibilidad del recorte del gasto y del déficit planteado por el gabinete socialista en el Consejo de Ministros del viernes pasado. Es una rotunda moción de censura al gabinete. Esta es la consecuencia inevitable de un anuncio de austeridad presupuestaria que no se ve avalado por ningún plan concreto que haga posible esperar un saneamiento de las cuentas públicas en el horizonte del corto, del medio y del largo plazo. El gobierno Zapatero ha intentado tranquilizar a los mercados con un “titular”, con un anuncio improvisado que muestra de nuevo la inexistencia de una estrategia económica creíble y consistente. En este contexto, el inmovilismo gubernamental sólo sirve para alimentar las expectativas negativas sobre la solvencia de España. Nadie, fuera ni dentro del país confía en un gobierno cuyo crédito ha expirado.

Las dudas sobre la seriedad de los propósitos gubernamentales se ve avalada por la inconsistencia de su “plan” de saneamiento presupuestario. El gobierno apoya su estrategia de reducción del déficit en dos elementos fundamentales: primero, una reactivación de la economía que aumentaría los ingresos del sector público; segundo, un recorte del gasto de 50.000 millones de euros entre 2010 y 2013. De ese modo se pretende situar el déficit público en el 3 por 100 del PIB en ese último ejercicio. Sin embargo, ese idílico panorama se asienta sobre unas bases extraordinariamente frágiles que hacen impensable lograr ese objetivo. Los socialistas confunden la realidad con sus deseos y en un escenario crítico, como el actual, eso constituye una irresponsabilidad manifiesta, una fuga hacia ningún lugar, un intento de ganar un tiempo que ya se les ha escapado de las manos.

De entrada, las previsiones de crecimiento de la economía española contempladas en el cuadro macroeconómico del Ejecutivo son un ejercicio de ciencia-ficción. Es impensable que la economía nacional crezca el 3 por 100 en 2012 y 2013. Es poco probable que sólo se contraiga un 0,3 por 100 en 2010 y es improbable que se incremente un 1,8 por 100 en 2011. Desde esta óptica, la parte de reducción del déficit asignada a la mejoría de la actividad productiva se asienta sobre el voluntarismo en un desesperado intento de cuadrar las cuentas a cualquier precio. Por el contrario, la debilidad de la coyuntura junto a la elevación de los impuestos decretada por el gabinete, la trayectoria alcista del desempleo durante lo que resta de legislatura presionarán a la baja sobre los ingresos tributarios y al alza sobre los gastos. Así pues, el primer vector de corrección del déficit salta en pedazos.

Aunque la economía se reactivase en los términos contemplados por el gabinete socialista, hipótesis utópica, la consecución de un déficit del 3 por 100 del Producto Interior Bruto en 2013 exigirá un recorte adicional del gasto equivalente al 5,7 por 100 del PIB. ¿Cómo se conseguirá esa meta? Nadie lo sabe, desde luego no parece saberlo el gobierno que por otra parte ha dejado en blanco cual será la aportación de las autonomías y de los ayuntamientos al esfuerzo de consolidación presupuestaria. En un país en el que las administraciones periféricas gestionan casi dos tercios del gasto público total, la omisión de qué parte del recorte las corresponde dinamita la credibilidad de cualquier proceso de saneamiento de las finanzas públicas. Así lo perciben los mercados y los inversores, convencidos de que el “plan” de austeridad fiscal del gabinete del PSOE es un cascarón vacío, un guiño publicitario sin contenido real.

Si se confiase en el anuncio gubernamental, habría que creer que el gobierno socialista convencerá a los funcionarios de que se reduzcan el sueldo, a las autonomías y ayuntamientos de que reduzcan sus gastos a un año vista de elecciones regionales y locales, a los sindicatos de las bondades de la restricción presupuestaria…y además deberían convencer a los mercados que el milagro de la consolidación presupuestaria es posible sin tocar los gastos sociales que representan más de la mitad del gasto público total…Hace falta tener una fe irreductible al desaliento para considerar que Zapatero es capaz de transmutarse en Margaret Thatcher. Desde luego, la renuncia, después de remitida a la Comisión Europea, de la propuesta de aumentar el tiempo de cotización necesario para obtener una pensión constituye una prueba irrefutable de la falta de compromiso del gobierno con un programa serio de saneamiento de las finanzas públicas, de su intrínseca debilidad y de una evidente falta de convicción reformista.

Ante este panorama abandonen toda esperanza. España no necesita una gran coalición PSOE-PP para afrontar la crisis ni unos nuevos Pactos de la Moncloa, sino un gobierno nuevo, con ideas claras y con credibilidad. En estos momentos, el socialismo español no es parte de la solución a los problemas económicos del país, sino la causa fundamental de ellos. Si las cosas siguen así, el futuro de España es el de una explosiva mezcla entre Argentina e Italia.
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