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Más de mil soldados españoles hacen la guerra contra talibanes

Cómo combatimos en Afganistán

jueves 18 de febrero de 2010, 20:25h
En “un escenario altamente arriesgado de conflicto y guerra”, como reconoció el pasado miércoles la que es su ministra, actúan nuestros 1.068 soldados que a día de hoy se encuentran en Afganistán. Están allí desde hace ocho años en nombre de España para combatir el terrorismo islamista que ha impregnado toda la geografía afgana.
La guerra se ha ido encrudeciendo a lo largo de todo este tiempo. Ya han regresado a casa 91 féretros cubiertos con la bandera de España. Noventa y un soldados han perdido la vida en atentados, combates y accidentes acaecidos en aquella tierra lejana y árida de Asia.

¿Para qué están ahí? ¿Qué hacen nuestras tropas en aquel país? ¿Por qué no regresan ya? Estas son algunas de las preguntas que se formulan muchos españoles a diario. Carme Chacón responde que “no podemos abandonar a ese país a su suerte” primero, por “nuestro compromiso con el pueblo afgano”, oprimido y mezclado con los extremistas talibanes, y segundo, por la “amenaza” que supone para Occidente un país que es base de operaciones del terrorismo islamista más extremista y agresor.

Visita de la ministra de Defensa, Carme Chacón, a Afganistán el pasado 28 de diciembre (foto: www.mde.es)Son muchas las misiones que tienen encomendadas nuestros efectivos: asesoramiento a las autoridades y formación del Ejército y la Policía afganas; reconstrucción de infraestructuras y comunicaciones; gestión temporal del aeropuerto de Kabul; transporte de personal y material a lo largo del territorio; atención sanitaria en el hospital Role II; mantenimiento y construcción de bases; y, por supuesto, contribuir a forjar un clima de seguridad en este “escenario de conflicto y guerra” con vigilancias aéreas y patrullas terrestres.

Un arduo, delicado y peligroso trabajo que tiene por objetivo principal la transferencia cuanto antes del control del país al Gobierno y Fuerzas de seguridad afganos.

La misión es todo excepto sencilla y segura. Sus esfuerzos por garantizar la libertad de movimientos a lo largo de la ruta de Lithium, la principal vía de comunicación entre las dos localidades de la provincia de Badghis que controla España, Qala-i-Naw y el valle de Bala Murghab, se ven habitualmente truncados por los talibanes.

Antes de salir de patrulla, nuestras tropas deben estar preparadas para todo lo que pueda pasar: hostigamientos, atentados y combates. Al cruzar la valla de la base, el convoy, integrado por efectivos españoles y Fuerzas Nacionales de Seguridad afganas, es objetivo de los terroristas. Los soldados circulan en los veteranos BMR y, algunos pocos afortunados se montan en los primeros Antílopes que ya han llegado a Afganistán.

Los dos primeros RG-31 durante su embarque rumbo a Afganistán el pasado 27 de octubre (Fotos: www.mde.esEstos blindados RG-31, 4x4 de Alto Nivel de Protección, han sido adquiridos por España para sustituir por fin a los inseguros BMR, cuyo blindaje no ha impedido la muerte de 30 soldados en diferentes misiones internacionales del Ejército español. En marzo, ha prometido la ministra, ningún BMR español circulará ya por Afganistán.

Las tropas intentan dar seguridad a una de las zonas más inhóspitas del país y facilitar la circulación en la ruta Lithium, por ejemplo. Atraviesan con sus convoyes esta carretera sin asfaltar e imperceptible en los mapas. Los Vehículos Aéreos No Tripulados (UVAs, en sus siglas en inglés) se encargan de sobrevolar el terreno y detectar posibles focos de insurgentes. Sin embargo, mientras vigilan saben que son ellos el blanco de las escondidas miradas de los terroristas.

Primer vuelo de los aviones no tripulados (UAV) españoles desplegados en Afganistán en octubre de 2008 (Foto: www.mde.es


De repente, la misión de reconocimiento se interrumpe. El convoy es atacado por fuego enemigo. La insurgencia protagoniza un hostigamiento con disparos mientras los españoles solicitan apoyo aéreo a los italianos. Poco tardan en llegar dos helicópteros de ataque Mangusta que realizan dos pasadas y consiguen poner en fuga a los terroristas.

El convoy continúa su camino hasta que una bomba lo detiene. El primer vehículo, un BMR, salta al pisar un “plato de presión” con 12 kilos de explosivo. Tras el atentado, el fuego enemigo se reanuda. Los militares responden al tiempo que mantienen sus posiciones para proteger al resto del convoy. Las tropas españolas abaten a tres de sus atacantes, las italianas, con sus Mangusta, a otros cinco.

Mientras, los helicópteros medicalizados Superpuma del Ejército del Aire arriban para evacuar a los tripulantes del BMR atacado. A prisa se dirige al hospital ROLE II, situado en la base de Herat. El balance es trágico: un muerto y seis heridos con quemaduras en el tórax y en la cara.

Sobre el terrero, sus compañeros logran neutralizar al enemigo e incautarle armamento y material para preparar explosivos. Asegurada la zona, mientras los soldados heridos son atendidos por los médicos a decenas de kilómetros de distancia, el convoy regresa a casa, a la base, donde ya se está preparando el funeral del soldado que perdió la vida en aquella mañana durante aquella patrulla por aquel lejano y árido país de Asia.

Funeral en Herat por el soldado John Felipe Romero fallecido en Afganistán el pasado 2 de febrero. (Foto:www.mde.es)
Funeral en Herat por el soldado John Felipe Romero fallecido en Afganistán el pasado 2 de febrero
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