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reseña

Juan Antonio González Fuentes: La lengua ciega

sábado 20 de febrero de 2010, 13:08h
Juan Antonio González Fuentes: La lengua ciega. Presentación de Álvaro Pombo. DVD Ediciones. Barcelona, 2009. 75 páginas. 8 €
Juan Antonio González Fuentes acaba de publicar un nuevo poemario lleno de fuerza poética. Aunque los textos están compuestos en prosa, los párrafos se nos antojan, dada su intensidad, versos unidos entre sí, que se desgranan y separan como tales en cada lectura. Sólo uno de ellos está en verso: “Último sol”, una mezcla de la alegría y la melancolía que se siente al ver desaparecer los destellos finales del atardecer.

Antes de entrar en la obra el lector se encuentra con dos apoyos: la cubierta del libro, en la que se deconstruye el título, a modo de análisis sintáctico en forma de árbol, que oculta en realidad un hipérbaton, “ciega la lengua”, destinado a demostrar que nada va a ser lo que parece; y una presentación a cargo de Álvaro Pombo que confirma esa impresión: González Fuentes es un “poeta de lo oscuro”, oculta el significado, cual si de metal precioso se tratara, para convertirlo en el resultado de una lectura-búsqueda que se ha de realizar de forma similar a un proceso de domesticación.

Los cerca de cincuenta poemas se agrupan de dieciséis en dieciséis en tres bloques de simetría perfecta: “Música de vendimia”, “Los bosques huidos” y “La misma nieve”. Da comienzo al primero con una condensación de su “Teoría de poeta” en la frase con la que se cierra ese poema inicial: “Soy lo que me rodea”, e irá desgranándola poco a poco de forma práctica en los textos sucesivos. En el segundo plantea una búsqueda introspectiva de su mundo interior. Cierra el libro con una silenciosa búsqueda a través del tiempo y del espacio.

Los títulos de sus poemas son muy breves: una, dos o tres palabras le bastan para condensar la esencia de lo que va a poetizar, para dar pistas sobre el contenido o para iniciar la materia en la que quiere profundizar. Sólo cuatro poemas tendrán un título que se salga de esta pauta, entre ellos el más extenso de todos: “Confirmo y subrayo (Homenaje inútil a John Ashbery)”, que además resulta el más narrativo y complejo, pues pasa de confirmar que un libro o un poema son como una caja china, a subrayar que un nombre se inscribe en el coro silencioso a donde nunca se llega, para finalizar reflexionando sobre el tiempo que cae libremente por la pendiente en el camino que va hacia nosotros.

Estamos ante un poemario excelente, de una gran altura lírica, que impulsará al lector a leerlo y releerlo muchas veces.

Por Julia María Labrador Ben
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