www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

reseña

José Saramago: Caín

viernes 26 de febrero de 2010, 00:54h
José Saramago: Caín. Traducción de Pilar del Río. Alfaguara. Madrid, 2009. 200 páginas. 18,50 €
Con su crítica puntillosa y profunda (como el dolor de una acupuntura mal hecha) José Saramago invita a leer Caín, su nueva novela, polémica porque toca una fibra muy sensible acerca de la obviedad –que no nos gusta admitir– de la hipocresía existente en cierto libro sagrado. Él no duda en poner el dedo en la llaga cuando muestra la cruda perspectiva del Antiguo Testamento de forma ingeniosa e irreverente, llena de preguntas insolentes e inquisitivas.

Saramago se caracteriza por recrear historias antiguas, cual caballero galopante que recorre de forma atemporal pasajes de venerables libros, con un giro particular; y en esta obra se acerca a la historia de Caín, el primer asesino bíblicamente hablando del que se tiene conocimiento, aunque aquí no hay reparo en denunciar a Dios como el asesino intelectual del fratricidio. Esto lleva a ponderar el porqué la ofrenda de Abel es de su agrado y la de Caín no, si ambas fueron producto de su ardua labor –uno como pastor y el otro como agricultor–: ¿para que nosotros, simples mortales, entendamos que es un Ser superior, que hace lo que quiere y cambia los “muñequitos” a su antojo?

Como a Saramago no le inmutan las Sagradas Escrituras, en su irreverencia no tiene reparos en llamar a la Biblia el “libro de los disparates”. Su disgusto por la arrogancia de Abel le provoca al lector cierta empatía por el crimen cometido, adjudicando la culpa a Dios al hacerlo cómplice y responsable de los hechos, porque pudo haber impedido el crimen y no lo hizo. El Dios judeocristiano es concebido como rencoroso y soberbio, impune a sus propios actos; y por eso Saramago le detesta, y siendo él un ateo militante, que utiliza la razón como escudo, hace su ajuste de cuentas de manera muy peculiar. En su franqueza, que sobrecoge por su intensidad, Saramago está más cerca de Dios que todos nosotros porque no teme en preguntar, en cuestionar y hablarle cara a cara de la única forma que puede: con su literatura.

Por eso cabe preguntarse: ¿quién es Caín? ¿Ese ser racionalista que pone en duda lo que dice el Señor? ¿Acaso el verdadero ángel justiciero que impide sacrificios y desafía a su Dios, a la vez que revela al supuesto ángel como un burócrata con una existencia gris en el paraíso? La novela muestra a un Dios que no es más divino que un humano y a un humano que no es sino una deidad por el poder de la concepción mental. En esta batalla entre el Ser Supremo y el mortal ambos se funden e igualan avistando una destrucción inevitable.

De esa manera, el relato de Adán y Eva (y por consiguiente Caín) es sólo un cuento para poder dar pie con el principio de la Humanidad. Pero, quién sabe si Saramago tiene razón... Sólo lo sabremos de una forma..., y en este momento estoy muy ocupada como para reunirme con quien me creó.

Por Marielli Cardona
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.