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Actor

Imanol Arias: "Lo que ha ocurrido ha sido un accidente y menos doloroso de lo que la gente piensa"

martes 09 de marzo de 2010, 16:05h
Sigue siendo el de siempre. Menudo, dicharachero, sonriente, buen conversador y entrañable. Cuando le entrevistas te hace sentir el centro del mundo: te mima, te atiende y te da tu sitio. Nos encontramos en Madrid en uno de esos días en los que su nombre está en boca de todos. Y lo está muy en contra de su voluntad. El revuelo mediático, provocado por su separación matrimonial, le tiene sumido en una serie de rumores sobre los que intenta sobrevolar. Se ha dado cuenta que el trabajo tiene un efecto sanador y terapeútico. Quien quiera conocer su estado de ánimo debe hacer el ejercicio de leer entre líneas. Ahí está el Imanol que ha tomado, por derecho, las riendas de su vida. Y lo hace en el momento en el que, después de treinta años de profesión, le ha llegado el personaje de sus sueños. En Pájaros de papel (debut de Emilio Aragón como director de cine), Imanol Arias da vida a un hombre que en tiempo de postguerra lo ha perdido todo, ¡menos el hambre!
¿Ante qué Imanol me encuentro?
Supongo que el que esperabas. Nos conocemos hace muchos años así que no te sorprenderá nada de mí. No vas a encontrar nada que no esperes de antemano. Estoy en un momento en el que me siento un hombre muy ilusionado, sobre todo porque me llena de esperanza estar presente en el nacimiento de esta película. Curiosamente, hablando de este trabajo consigo expresar más cosas que me importan. Aparte de ser un regalo inesperado, esta película se ha convertido en un vehículo indispensable para expresar lo que siento en estos momentos. No necesito enfatizar demasiado sobre determinados episodios, pero sí lo hago con más profundidad y sinceridad que otras veces.

Después de unas 60 películas y 30 años de profesión, ¿qué te hizo decir que sí a Pájaros de papel?
Sin duda alguna, la historia. Ni siquiera el hecho de que me la ofreciera personalmente Emilio Aragón. El me llamó y, sin desvelarme lo que era, me dijo que me íba a mandar algo. Al leer la historia, me sobrecogió. Es un homenaje al mundo del cómico y del actor, pero no se queda en el simple tributo a la profesión, sino que habla de nuestro mundo y de algo que tiene mucho que ver con la creación, con el artista y que es el manejo del dolor. Albert Camus decía que las personas atribuímos el dolor a la pérdida de una persona querida. Pero yo creo que el valor verdadero es más grave y es cuando descubrimos que esa pena no dura eternamente y, por lo tanto, el dolor no tiene sentido. Esta película habla de eso, de un tremendo dolor que sufre un artista y que hace que durante un largo periodo sea el motor de su vida. Esta película me aportó muchas ganas de vivir y mucho deseo de contarla porque es el homenaje real de la necesidad de ser feliz, de querer y de tener alegría para crear.

Cuando durante el tiempo de rodaje convives con tu personaje, éste se acaba llevando algo de ti y tú dándole algo a él. ¿Cómo se ha materializado ese intercambio, qué te une y qué te separa de Jorge?
El personaje te succiona siempre y cuando no estés muy presente. El personaje no tiene pensamiento, sólo tiene presencia. Lo que te absorbe es el pensamiento profundo y continuado, el darte cuenta que no está preparado para hacerte hacernos felices o infelices. Uno se da cuenta que en la vida lo que quiere es ser feliz. Si se consigue trabajar con conciencia, al personaje lo succionas tú. Los actores somos muy vagos para contar el desarrollo de los procesos creativos. Siempre solemos decir que el personaje nos posee, que lo dejamos en el camerino cuando terminamos la jornada de trabajo, pero no siempre es cierto. ¿Qué me une a Jorge del Pino, mi personaje? Que él tiene que aprender a vivir y debe hacerlo a través de asumir las ausencias, a través del amor, a través del encuentro de un hijo, a través del reconocimiento de un ser humano diferente, a través de un mundo de fantasía y de ilusión lleno de amor en un mundo de desastre, de guerra y de pobreza donde la generosidad no existe. En medio de todo esto, este hombre encuentra la felicidad en el momento en el que descubre que tiene derecho a ser feliz y se convence que el dolor continuado no tiene sentido.

¿Te identificas con él en...?
En esa sabiduría que me ha dado la historia y que me transmite la película. Y,sobre todo, porque lo que parece fatídico a veces es resolutivo y te lleva a un gran final, que es cuando uno encuentra la paz.

Inteligencia, carisma, misterio y sentido del humor. Esas son las claves que Emilio Aragón buscaba en el actor que debía interpretar a Jorge del Pino. ¿Es así Imanol Arias?
Sí, creo que sí (risas) Inteligencia, carisma y sentido del humor son las virtudes que deberían ilustrar la belleza del ser humano. La inteligencia y el carácter juntos son el mejor escaparate para convertir en maravilloso al ser humano. Con el carácter hay que ser exigente. Si una mujer inteligente, o un hombre inteligente, tiene debilidad de carácter, hace de la queja una costumbre ,hace de la protesta y de la critica o la desvalorización su timón, se convierte en una persona cínica y necia. Y lo malo del necio es que se equivoca siempre y eso afecta a su entorno, su trabajo y su familia. Jorge del Pino no es así y eso me gusta de él porque cuando se equilibra emocionalmente es cuando encuentra el amor y es feliz. Admiro su alegría frente a la tragedia.

¿Es por eso que este personaje ha creado un punto de inflexión en tu vida?¿Hay ya un antes y un después en tu trayectoria respecto a Pájaros de papel?
Pues sí tiene relación porque he descubierto la necesidad de la alegría en el trabajo y la necesidad de una cuantificación emocional. De todo lo que he aprendido en la profesión, lo más importante ha sido descubrir que la diferencia entre la vida y lo teatral es la manifestación de la emoción. Generalmente la emoción la sentimos, la manifestamos y la exhibimos. La vida exige que la emoción sea tan potente que puedas contenerla. Este personaje ha sido un ejercicio continuo. Al tener una cara tan angulosa, siempre me ha sido muy difícil contener la emoción. Casi nunca lo he conseguido pero, en este caso, esa emoción era tan evidente que ya no quiero trabajar de otra manera, no quiero estar en un rodaje de otra manera que no sea siendo feliz.

Emilio Aragón, Carmen Machi e Imanol Arias en la presentación de Pájaros de papel (Efe)


Da la sensación que esta experiencia ha dado un vuelco emocional a tu vida…
Mira Amalia, con este trabajo se me han caído “todos los pelos del sombrajo. Yo me he pasado la vida exigiendo que mi silla estuviese bien colocada, que hubiese silencio y respeto cuando yo estaba interpretando, comprobaba que nadie comiese mientras yo actuaba, exigía atención constante. Era vanidoso y no entendía el oficio con alegría ,lo entendía con responsabilidad. Y esta película me ha cambiado en el set de rodaje y en mi vida privada. Ahora me lo tomo todo con más alegría, soy más generoso. Y te voy a decir una cosa, me conoces bien y lo hago con la mano en el corazón: no ha habido nada más importante en mi vida, en los últimos meses, que esta película. Nada. Ningún acontecimiento de mi vida ha enturbiado ni opacado lo vivido con este proyecto. Lo que ha ocurrido ha sido un accidente y menos doloroso de lo que la gente piensa. Ha sido, incluso, placentero y aliviador. No se lo que va a pasar con mi vida a partir de ahora, pero no ya voy a anunciar nada porque, cuando lo haces, estás avocado al fracaso. Espero, eso sí, que haya un antes y un después respecto a este momento.

¿Te has dado cuenta que el trabajo puede llegar a ser terapeútico y sanador?
Sí. Pero si yo fuera psiquiatra, llegaría a la conclusión de que no estoy para salvar a nadie, sino que estoy para salvarme a mí. Y si lo consigo ¡todo va a ir bien!.

¿Actuar sigue siendo tu pasión, es sólo un trabajo o ya hay otras prioridades?
Mi pasión es vivir. Actuar es un camino, es un descubrimiento, es un placer, es un hobby, es algo que me produce mucha alegría, que colma una parte de mí necesaria, pero lo más importante ahora soy yo y vivir.

Compartes una escena de Pájaros de papel con tu hijo pequeño, Daniel. Si un día llega a casa y te dice que quiere seguir tus pasos en serio ¿te da un disgusto o es la vida que deseas para él?
Ya lo ha hecho. Desde pequeño le ha gustado este mundillo y a mí me encanta que le guste. Me gusta cómo se comporta en el rodaje cuando me acompaña, cómo lo vive. Espero que, en un plazo no muy lejano, poder decir que abandono los rodajes durante unos meses porque me voy con mi hijo pequeño a ayudarle en sus interpretaciones. Me gustaría echarle una mano para que entienda rápido. Yo sé que es buen actor .Me gustaría ayudarle y enseñarle como si fuera un maestro, a que sea feliz, a que no se tome esto tan en serio como para que se mate a sí mismo y, sobre todo, para evitarle que viva muchas cosas como las que le han pasado a sus padres: momentos oscuros, dolores, confusiones. Sigo pensando, tal vez por ignorancia o porque soy un romántico de este trabajo, que esta es la mejor profesión del mundo.

Los años no han mermado tu facilidad para la conversación, para la buena conversación. Sin embargo, hablas mucho desde el silencio.¿Cómo se consigue echarse todo a la espalda y mantener la dignidad, cuando se es el centro de atención mediático?
Creo que soy poseedor de una dosis excesiva de respeto, incluso hacia mí mismo. En contra de lo que pueda parece, lo llevo muy bien. Actuar así es lo que me sale, es lo que me toca y, además, es lo único que es verdadero. Cuando he intentado hacer lo contrario y echar una mano para que no existiese tanto escarnio ,pues encendí más mechas y se me creó un monumento que ya me da vergüenza porque no es justo tampoco.

¿Se puede vivir sin la persona que siempre hemos pensado que no podríamos vivir sin ella?
Sí…Y creer que no podemos no tiene sentido.Ocurre lo mismo que te decía antes con el dolor, que es necesario pero se pasa, se acaba viviendo sin él. Yo he eliminado de mi vida ese síndrome de ir "puteandome” todos los días poco a poco para no sentir dolor el día del “gran puteo” .No, no. Yo eliminé ese síndrome de mi vida. El día que me hagan algo que sea de golpe, de sopetón. Como así ha sido...

¿Qué le pides a la vida?
Si es verdad esto de que vamos a vivir más, le pido un poquito de calma. Le pido tiempo para que me deje aprender cuatro o cinco cositas que todavía me faltan y, después de eso, le pido que me permita disfrutar, ser feliz y no hacer nada que no quiera. Y le pido también permiso para no dar un paso atrás, que no me maltrate con ese pasado tan estupendo que yo tengo. Tengo un pasado tan de libro, que me gustaría volver a nacer para ser un niño pobre, para volver a andar en bicicleta, para volver a revivirlo todo.

Moraleja: de poderlo hacer, repetirías todas y cada una de las cosas que has hecho.
Sí (risas). Aunque me temo que alguna ya no se me daría tan bien. No sé si la vida me daría una segunda oportunidad tan completa. Me gustaría evitarme algunos disgustos, pero también forman parte de lo que hoy soy.

Después de pensar que pasarías a la historia como Manuel Alcántara, el patriarca de Cuéntame, ¿pensabas que te iba a llegar este regalo de Pájaros de papel?
Llevo doce años siendo el Señor Alcántara. Nunca me ha dado miedo encasillarme, pero sí existe la sensación de que como todavía le queda mucha vida tu terminarás tus días ahí. Y, en medio de todo esto, llega Emilio Aragón con este regalo caído del cielo. Nunca pude imaginar que el dolor me iba a dar la oportunidad de expresar lo que siento y llevo dentro. Es, como tú lo has definido certeramente, un regalo, un maravilloso regalo que ha venido a cambiarme la vida. Yo he visto la película una vez y no quiero verla más hasta que pase algún tiempo. Cuando salí del pase no quise hablar con nadie. Me fui a pasear yo solo porque necesitaba digerir la emoción, disfrutar de ese momento mágico conmigo mismo. Los que me conocéis bien sabéis que, como actor, no he estado tan desnudo emocional e interpretativamentemente nunca, ni siquiera cuando me apalearon en En lute, donde estaba desnudo de verdad. Salí de verla conmocionado. La he hecho desde dentro, desde la paz, desde la alegría. Quiero conservar la pureza con la que se hizo.