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Josep Pla en Madrid

jueves 18 de marzo de 2010, 19:14h
La trayectoria humana, literaria y política de Josep Pla, como la de tantos catalanes de su tiempo, no se entendería sin Madrid.

Madrid es, en los decenios que se sitúan a caballo entre el siglo XIX y el XX, el punto de contraste, el encuentro con la realidad, la fascinación y desencanto, el terreno extraño -a veces hostil, otras en absoluto-, en el que algunos agudizan su catalanismo y otros su inteligencia. Madrid es el escenario del toma y daca, de las expectativas políticas, de los anhelos profesionales. Es el camino de salida, cuando no el muro con el que febrilmente se tropieza.

Es, por todo lo indicado, un espacio real y mítico que tiene una influencia en absoluto desdeñable sobre los grandes nombres de la cultura y, en particular, del periodismo del Novecientos.

Algunos, fue el caso de Josep Pla, llegaron a desentrañar, a través de Madrid, algunas de las claves que nos permiten, hoy en día, comprender las tensiones de una época que sigue siendo, mal que nos pese, en buena parte la nuestra. Sin duda, la anterior afirmación sería particularmente aplicable a la comprensión, al análisis clarividente, de los años republicanos. La escéptica lucidez de Pla a la hora de abordar los estrechos límites que en una nación carente de una sólida cultura cívica -en ocasiones, de una sólida cultura a secas- presenta el necesario proceso de ampliación de los mecanismos de participación en el diseño de las políticas generales -en breve, el tránsito del liberalismo a la democracia- resulta esborronadora. O sea, tremenda. Y, lo que es peor, en ciertos aspectos actualísima.

En las próximas semanas los madrileños tienen la posibilidad de acudir a una exposición y a un ciclo de conferencias sobre el Madrid de Pla. Lo pueden hacer en el local que la Generalitat tiene en el centro de la Villa y Corte. Cierto es que, como todos los ciclos institucionales, presenta desequilibrios. Junto a argumentos imprescindibles y presencias
principales se detectan algunas ausencias. Me refiero a escritores, filólogos y periodistas que, últimamente, han dedicado páginas brillantes y esfuerzos originales para explicar el universo planiano. Incluso, alguno de ellos, residente de tiempo en la capital del Reino.

En cualquier caso, Madrid sigue estando donde estaba. Pla también. No ha llegado a perder pie. Era imposible que lo hiciera. Aunque, no está de más recordar que, en ciertas épocas, algunos, y algunas, lo pretendieron. Por conservador, por catalán y por español, por sentimental y por no serlo, por esperar que la Monarquía llegase a su tiempo -y que fuera para durar-, por presumible misoginia, por inteligente, por escéptico y, sobre todo, por ser un escritor como la copa de un pino.
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