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medio ambiente

Ballenas daltónicas y alces borrachos: una evolución imperfecta

viernes 19 de marzo de 2010, 17:35h
La naturaleza también se equivoca, y así lo demuestran las incontables imperfecciones que hacen vulnerables a ciertas especies frente a competidores e, incluso, depredadores.
No todos los animales han evolucionado siempre para mejorar, y algunos han conseguido sobrevivir a pesar de algunos defectos evidentes que les hace incluso vulnerables frente a competidores y depredadores.

Algunas de esas imperfecciones de la naturaleza las analiza el periodista alemán Jorg Zittlau en su ultimo libro: "De focas daltónicas y alces borrachos", (Editorial Planeta), en el que analiza cómo consiguen sobrevivir algunas muchas especies a pesar de sus defectos naturales.

Y no es el hombre precisamente el que se salva de esas imperfecciones, que nacen a juicio de este autor -especializado en divulgación científica y sanitaria- en el mismo momento del parto, ya que los giros que tiene que dar el bebé humano para salir son "exclusivos" entre los primates.

Mantiene el autor la conclusión de que el nacimiento de un niño es prácticamente imposible sin la ayuda de otros, pero sobre todo mantiene que es así en cualquier hospital de cualquier país desarrollado o en la selva de Botsuana.

La evolución ha abandonado ya el principio de que sólo sobreviven los más fuertes y los más aptos o adaptados; ahí están el albatros y su problemas con la arrancada o los pingüinos y su torpe andar, un "defecto" en tierra que les cuesta la muerte en miles de casos.

Que las ballenas, uno de los animales más majestuosos del planeta, sean daltónicas, como la mayor parte de los mamíferos marinos, no les ha impedido sobrevivir en un ambiente en el que el azul podría considerarse esencial, ni tampoco desarrollar otras cualidades para compensar ese daltonismo.

El animal más grande: la ballena azul; el más longevo: la tortuga; el más rápido: el guepardo, capaz de superar los cien kilómetros por hora; pero, ¿demasiado rápido?, quizás sí, porque durante sus carreras explosivas no se abastecen de oxígeno y su temperatura aumenta incluso por encima de cuarenta grados, por lo que al acabar jadean y jadean hasta recuperar las fuerzas.

Y mientras jadean, en periodos que se pueden prolongar hasta veinte minutos, sus presas suelen pasar a otros depredadores, como los leones, mientras los exhaustos guepardos recuperan el aliento.

El autor cita también el problema que algunos alces con el tamaño de su cornamenta, con un peso que apenas pueden soportar, pero que dificulta también sus movimientos y provoca que queden atrapados entre los árboles o los arbustos, y claro, no siempre el que cede es el árbol, y lo que se rompe es el propio alce.

Precisamente, los alces se convierten en Suecia, en algunas épocas del año, en grandes consumidores de frutas fermentadas que cuelgan de manzanos urbanos, sin saber que algunas cosechas tardías de esos frutos ocasionan sonadas borracheras.

Algo parecido les ha ocurrido a veces a los "ampelises", unas aves que procedentes de la taiga se refugian en Europa central durante el invierno, pero que en ocasiones llegan tan hambrientas y exhaustas que se lanzan ávidas sobre algunas frutas que requieren de largos periodos para digerir, y durante ese tiempo surge el alcohol que llega incluso a anular su capacidad de volar.

Agónica resulta también en muchos casos la muerte de los escarabajos, que han sido capaces de desarrollar una muy robusta coraza a base de alas superpuestas, pero tan pesadas que cuando quedan panza arriba en una superficie lisa no pueden hacer nada más que patalear.

Pero incide el autor en que uno de los animales más imperfectos es el hombre, y cita, además de la complejidad del parto, su tendencia a acumular grasas, que hace que las personas sean cada vez más pesadas.

Contrasta esa acumulación de grasa, pero sobre todo la dificultad para eliminarla, con la de otros animales que son capaces de consumir grandes cantidades de comida antes de hibernar o de emprender un largo viaje, y regresar luego a su peso original sin mayores problemas. "Pero el ser humano está programado genéticamente de otro modo".