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Marañón, plenitud española

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Marañón fue sencillamente esto: una plenitud española, por decirlo en palabras -tomadas en otro contexto- de Ortega y Gasset. Por eso, y no por ninguna otra razón, estamos hoy aquí.

Marañón elevó el nivel histórico de España. Lo hizo, desde luego, como médico, sin duda por su dimensión intelectual y social, por supuesto como escritor, como ensayista, como historiador, y lo hizo, en suma, en razón de su vinculación a España y por el enaltecedor fondo moral de su actitud ante las cosas.

Marañón fue médico en un momento decisivo en la historia de la medicina: cuando ésta, desde finales del siglo XIX, amplió decisivamente -y para bien de toda la humanidad- el ámbito de sus conocimientos, técnicas y especialidades, y fue dando en muchísimos casos con las causas de la enfermedad y las claves de su tratamiento.

Las aportaciones de Marañón a la endocrinología, su gran tema, fueron, como es sabido, extraordinarias, lo que es lo mismo que decir que Marañón contribuyó decididamente al conocimiento de la vida, de la condición humana, preocupación que alienta y recorre toda su obra y que plasmó en libros y publicaciones admirables: científicas, divulgativas, manuales, ensayos y biografías que, por cierto, leemos todavía con interés absorbente por una simple razón: porque fueron estudios del alma humana, de la pasión de mandar, de la timidez, del resentimiento, del sentimiento del deber científico, de la experiencia y sufrimiento del exilio.

Marañón hizo de la medicina una preocupación nacional. Su viaje a Las Hurdes en 1922 en compañía del rey Alfonso XIII conmocionó a España. Aquello fue como un catálogo de las catástrofes sanitarias y sociales que existían en regiones y lugares de España y cuya solución exigía, desde la perspectiva de Marañón, una urgente y profunda labor nacional.

En Marañón, como en tantos miembros de su generación, la del 14 que asoció España -yo creo que para siempre- con ciencia, europeísmo, liberalismo y vertebración nacional. En Marañón hubo una intensa visión de España que, en muchos momentos, resumió Toledo, esa ciudad excepcional cargada de sentido histórico que fue su "paisaje prometido", con el Cigarral de Menores, que adquirió en 1921, como ideal de vida sosegada.

Marañón fue siempre -en la monarquía de Alfonso XIII- contra la dictadura de Primo de Rivera, al servicio de la República; antes, durante y después de la guerra. En el exilio y en la dictadura de Franco, un liberal.

El liberalismo fue para Marañón una política, un ideal nacional y, también, una moral, un ideal de conducta, un ideal de convivencia y, con el tiempo, tras la experiencia de la guerra y de todas sus consecuencias, un ideal de reconciliación.

Termino. Todo eso -humanismo médico de Marañón, liberalismo y política, la edad de plata de la cultura española, Marañón historiador y ensayista, Marañón y Toledo- es lo que recoge esta exposición.

Médico, personalidad pública, ensayista, liberal, historiador, hombre de porte elegante, generoso, cordial, carente de vanidad y arrogancia... No exageraba, Marañón fue una plenitud española.

Por eso estamos aquí, honrando merecidamente su memoria, ante una exposición (hecha posible por múltiples colaboraciones a todas las cuales quiero expresar mi gratitud), ante una exposición que se celebra -Señor, Señora- en el mejor lugar posible, en la Biblioteca Nacional, querida Directora, próxima ya a su tercer aniversario.
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