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La derecha francesa y su tentación cainista

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
La iniciativa del ex primer ministro francés Dominique de Villepin de crear un nuevo partido político ha ocupado las portadas de los periódicos franceses como europeos. Tras la derrota del partido presidencial UMP en las elecciones generales del 21 de marzo, muchos son los que dudan de la pertinencia de la estrategia de Nicolas Sarkozy. Una vez más los comentarios periodísticos pecan por ignorancia histórica para calibrar con certeza lo que está ocurriendo.

La estrategia de agrupación de toda la derecha francesa en un gran partido no empieza con Nicolas Sarkozy. Al contrario se trata de una tendencia de fondo de la historia política desde hace más de medio siglo. Todo empieza con la Vª Republica que se inclinó, en 1958, por el sistema mayoritario uninominal en dos vueltas. Si en la primera vuelta, las fuerzas se miden, en la segunda, la reunión – como coalición, acuerdos o consignas de voto – de los electores de cada tendencia es necesaria. En 1958, el gaullismo arrasó, pero el partido Unión para una Nueva República (UNR) era un conglomerado más que un conjunto coherente. Toda una familia centrista se fue recomponiendo y llegó a la victoria con Valéry Giscard d’Estaing (1974). Giscard teorizó su doctrina del centro en su libro Democracia francesa (1976) e intentó la consolidación del centro-derecha con la creación de la Unión para la Democracia Francesa (UDF) en 1978. En 1978, UDF y RPR (el partido gaullista) conseguían cada uno el 22% de los votos. Tras la derrota de 1981, los dos partidos se unieron para las elecciones generales en unos acuerdos electorales cuyas siglas hicieron sonreír a los electores (UNM, URC…). La única letra importante era la U de Unión. Su repetición recuerda las divergencias y competencias que existían entre los dos componentes de la derecha francesa. Esta pluralidad fue muy bien analizada por los trabajos del historiador y politólogo René Rémond (La droite en France en 1954 que se convirtió en Les droites en France en 1982 y que fue completando con Les droites aujourd’hui en 2005).

En 2002, el trauma electoral que fue la presencia del ultraderechista Jean-Marie Le Pen en la segunda vuelta de las presidenciales fue el elemento detonador para la creación de un gran partido de derecha la Unión para un Movimiento Popular (UMP). Tanto el partido gaullista (RPR) como gran parte de los centristas de la UDF, con la notable excepción de Bayrou, se agruparon en este nuevo movimiento que en realidad era una OPA de los partidarios de Chirac sobre toda la derecha francesa. Pero en este proceso, el ganador no fue ni Chirac, ni su heredero putativo Alain Juppé, sino Nicolas Sarkozy que supo conquistar el partido y convertirlo en su rampa de lanzamiento hacia la presidencia.

Hasta aquí la historia política e institucional. Ahora existe otra historia, la de las maniobras y de los cálculos que han acompañado las peregrinaciones de la derecha francesa. En 1974, Jacques Chaban-Delmas, ex primer ministro del presidente Pompidou, presenta su candidatura a la presidencia y encarna el gaullismo, el partido dominante entonces. Jacques Chirac con otros 42 diputados gaullistas lo abandona y hace público su apoyo a Giscard. En 1981, el mismo Chirac se presenta contra Giscard y, al cabo de una campaña dura, hace lo necesario para que el presidente saliente sea derrotado. Para Chirac, la victoria del socialista Mitterrand le permitirá ser el líder de la oposición, y de ahí alcanzar la presidencia. El cálculo fue justo… aunque tardó catorce años en conseguir su sueño. Jacques Chirac dominó durante treinta años la vida política francesa, quemando a todos sus competidores posibles hasta que surgió con Nicolas Sarkozy un adversario más fuerte.

La iniciativa partidista de Dominique de Villepin no tiene fundamento político. Su posicionamiento no es ambiguo: no existe. Es una mezcla de gaullismo – es decir un recuerdo retórico de la grandeur de Francia – con seudo-centrismo – es decir un acento social y humano –. No tiene bases políticas: Dominique de Villepin jamás ha ejercido un mandato electoral. Funcionario, es un político de gabinete que no conoce las urnas ni los electores.

En realidad, Dominique de Villepin es el heredero del lado más oscuro del chiraquismo: la traición como arte de hacer política. Villepin quiere ser candidato en 2012 para arrancar unos cuantos votos (¿4, 8, 10, 14%?) con el fin de hacer caer a Sarkozy. No hay otro proyecto político. El hecho de que esta iniciativa se haga pública en los días posteriores a la derrota de la UMP es la prueba de su carácter dañino.

La derecha francesa ha vuelto a sus tentaciones y tradiciones cainistas. Quizá eso, más que la victoria electoral del 21 de marzo, constituya las mejores noticias para el socialismo francés. 2012 se va a parecer cada vez más a 1981… y sabemos cómo acabó la historia.
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