www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

De presuntos a vecinos implicados

domingo 28 de marzo de 2010, 16:42h
Se verificó el 23 de marzo de 2010 la anunciada visita de la plana mayor del gabinete de seguridad de Estados Unidos a México, apenas atendida en la prensa estadounidense y en aparente reflejo de una preocupación en Washington por el tema del narcotráfico que ingresa a Estados Unidos desde México.

La creciente amenaza del narcotráfico que incide en la frontera común, actuando con la permisividad de una frontera porosa a conveniencia, ha provocado por fin, una reacción estadounidense en que le ha sido imposible a Estados unidos evadir su responsabilidad, como venía haciéndolo. Estados Unidos, que no sabe cómo o no puede detener el consumo de drogas en sus adentros, no puede desentenderse como lo hace, de un problema que lo involucra como tal; sumemos que es permisivo del contrabando de armas dirigidas a México y productor de drogas sintéticas, todo con la complacencia de sus autoridades, pues la corrupción también habla inglés.

Les cuesta muchísimo aceptarlo, aun ante lo evidente. Mientras no frenen las tres actividades en su territorio, se antoja imposible cualquier avance en la materia. Los aleja naturalmente, de contar con la mínima altura moral para señalar ni certificar a nada ni a nadie en el tema del combate al narcotráfico, pues a ellos mismos les correspondería una calificación de ‘suspendidos’. Y lo saben.

Más allá de las sonrisas, las declaraciones conjuntas y las reuniones de rigor, esta reunión de emergencia causada por el asesinato de tres personas relacionadas con el consulado estadounidense en Ciudad Juárez, apenas alerta de que la guerra contra el narcotráfico ha fracasado, que sigue viéndose como tibiamente librada en suelo de Estados Unidos y que esta vez no se acompaña de un espíritu recriminador, sino de un reconocer que Estados Unidos ha hecho muy poco por resolver un problema generado por ellos.

Para sorpresa de muchos, ese gabinete no acudió a México a recriminar como sí lo ha hecho desde Washington, sino a asumir responsabilidades que no quitan el dedo en amortiguar las de México, pero que al menos parten de reconocer que Estados Unidos sí está más que implicado en el problema que enrarece la conflictiva agenda bilateral. Son los gajes de la interdependencia, como lo narramos aquí en El Imparcial (v. artículo del 27 de octubre de 2009). No pueden mirar más hacia otro lado cuando son los generadores del problema, al ser altamente consumidores de drogas.

Alarma tardía y declaraciones apenas comprometidas caracterizan las reacciones de Washington. Pero esta vez, la secretaria de estado Clinton no ha tenido más remedio que reconocer que en esa guerra, Estados Unidos sí tiene una responsabilidad compartida y asume lo poco que han hecho al respecto. Ya era hora. Echa por tierra el pretender adjudicar toda la responsabilidad a México. Y tiene que invocar la colaboración, no la imposición.

Mas Clinton no ha querido llevar el tema de sus consumidores ni el de sus muchas autoridades condales, estatales y federales corruptas que favorecen y permiten el feliz tránsito de droga desde la frontera con México; ni ha anunciado grandes estrategias dentro de Estados Unidos para combatir ese flagelo que es la drogadicción, el cual favorece la producción y traslado de drogas desde países vecinos o cercanos como México, Colombia y otros.

No, nada de eso ha ocurrido, aunque la prensa mexicana celebra que tras de esta reunión la llamada “Iniciativa Mérida” ponga más énfasis en la no combatida raíz del problema: atender a las causas de la drogadicción. Pese a ello, se anunciaron cuatro acciones a emprender de manera conjunta, que no parecen suficientes. Destacan para el combate al narcotráfico el desmantelar redes de distribución, fortalecer instituciones, desarrollar una frontera segura y competitiva y fortalecer la cohesión social.

A pocos acaso ha dejado boquiabierta la secretaria de estado. Tampoco entusiasman en México los tibios pasos que su gobierno efectúa so pretexto de estar combatiendo la drogadicción de su población y tampoco se ha encontrado en posición de efectuar un monólogo. Pareciera que ese gobierno mexicano al que su propia oposición política ha llamado como gris, ha jugado bien sus cartas exhibiendo la complacencia y la poca o tibia colaboración estadounidense para poner fin al trafico de armas hacia México y el flagelo de la droga en su propio territorio.

La guerra contra el narco compete, involucra y afecta a los dos países. Ya es tiempo de que Estados Unidos pase del discurso a emprender acciones concretas reales en su propio territorio. Por lo demás, es inadmisible y resulta ser un atentado a la lógica, el que califique a su frontera sur como insegura, pero bajo una doble e hipócrita moral: impide eficazmente el paso de indocumentados y sin embargo, la droga fluye por esa misma frontera. ¿Cómo puede ser? Es un atentado a la lógica y un insulto al intelecto de cualquiera que tenga dos dedos de frente. La corrupción también habla inglés. Pero Estados Unidos tiene la palabra al respecto y nuevamente, podría voltear para otro lado y buscar culpables en terceros. Mas esta vez, la coartada no la tiene fácil y en México lo saben bien.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.