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Mellizos y gemelos

María Elízaga Viana
lunes 29 de marzo de 2010, 19:35h
¿Van a tener mellizos? Enhorabuena, tener un hijo deseado es algo precioso. Pero ahora saben que son dos, y cuando uno busca tener un hijo no imagina que lleguen dos al tiempo.

¿Podré darle lo que necesita a cada uno? ¿Seré capaz de atender sus necesidades? ¿Qué hago si lloran los dos a la vez? ¿Y si uno destaca más que otro? ¿Y si quiero a uno más que a otro? ¿Y si tiendo a cuidar más a uno que a otro?

¿Es mejor que duerman en la misma cuna y se sientan cerca o que cada uno tenga su lugar? ¿Cómo se puede fomentar que tengan una buena relación entre ellos?

Estas y otras preguntas se hacen los futuros padres, entremezcladas con culpa, fantasías, ilusiones y miedos.

Veamos algunas cuestiones que pueden ayudar a pensar sobre estas cosas.

Cuando un bebé llega al mundo necesita sentir que es lo más importante en la vida de su madre, de su padre, sus primeros amores. Su demanda es infinita, siempre prioriza sus deseos y necesidades. No se asusten ante esto, es un momento normal del desarrollo. Más adelante llegará el momento de aprender que también hay que tener en cuenta a los otros. Pero criar, educar a un niño no supone satisfacer todas sus demandas. Hay que atenderlo, por supuesto, pero mostrarle también que aun siendo amados y deseados, no son el centro del universo de su madre, en un principio, ni de los demás después. Que nunca estamos plenamente satisfechos y eso es, precisamente, lo que nos mueve a desear, buscar, crear, inventar, desarrollarnos.

¿Cómo hacer para que dos bebés nacidos al tiempo puedan recibir ese cariño especial cada uno, sin fomentar en ellos una relación de competitividad o complementariedad?

Es fundamental que desde su nacimiento se reconozcan sus diferencias y se les ayude a conocerlas, a saberse únicos. No teman hablarles de forma diferente, tratarles de forma diferente. Subrayen las diferencias, si uno es delicado, activo, sociable, tranquilo, curioso. No duden en decir y decirles cada uno de los matices que vayan percibiendo. Eso les ayuda a desarrollarse como seres autónomos. Cada persona es diferente y, como tal, requiere de una atención distinta.

Si desde su nacimiento favorecemos su independencia y su seguridad en sí mismos, fortaleceremos la relación entre ellos. Ayudaremos a reducir la dependencia mutua, la rivalidad constante.

No duden en comprarles ropa distinta, no intercambiarla, que cada uno tenga su propia cuna, sus espacios diferenciados en armarios y estantes y, si fuera posible, su propia habitación. Regálenles, y pidan a su entorno que lo haga también, juguetes distintos desde que son bebés. Que no sean “para los dos” ni “para compartir”, sería pedir demasiado pronto a los niños algo que son incapaces de hacer, y que les hace sentir inseguros, en lucha permanente por objetos, espacios y afectos. Si conseguimos esa seguridad básica inicial, más adelante podrán reconocer los espacios y necesidades de los demás.

Llámenles siempre por sus nombres, no les digan “los mellizos, los gemelos”, ni permitan que los demás lo hagan. Ellos no son una unidad, no son complementarios, cada uno es diferente, como lo serían dos hermanos nacidos en distintos momentos.

Los educadores conocen bien estas cosas, ya no hay escuela en que no asignen a cada hermano a una clase diferente, para que puedan establecer sus propias relaciones, hacerse cargo plenamente de sus cosas, desarrollarse a su manera. Cualquier medida en esta línea es buena. No tienen que hacer los mismos planes, ni elegir las mismas actividades extraescolares, ni compartir amigos. Ya sé que simplifica la vida de los padres, pero en la medida en que cada uno pueda, es preferible que desarrollen sus distintas capacidades. En distintos momentos de la vida. Así también les ayudaremos a no escuchar permanentemente la comparación entre ambos en el mismo terreno. Uno puede disfrutar más de las actividades que implican movimiento, otro de las que requieren concentración y atención. Necesitar más o menos el contacto con los adultos, con otros niños, en cada etapa de la vida. Cada uno vivirá de una forma particular los mismos acontecimientos, y por eso es importante conocerlos, no pretender unificarlos.

Tener hijos nacidos de un parto múltiple implica que los padres tengan que hacer un gran esfuerzo en su crianza, sobre todo los primeros años. Es mucho más fácil comprar dos prendas iguales, dos juguetes iguales, llevarles juntos a la piscina o a las casas de sus amiguitos. Pero no olvidemos que cada persona es diferente y en cada momento de su vida tiene distintas necesidades. Esto, en el caso de niños nacidos al tiempo, es algo mucho más importante. Los padres deben hacer un esfuerzo mayor por atender a cada uno de forma distinta. ¿Por qué pretender que ambos entren en la misma escuela artística o deportiva? Mientras uno está en su clase, pueden disfrutar de estar con el otro, esos ratos a solas con cada hijo son fundamentales para ellos.

No teman, pues, la diferencia, reconózcanla y foméntenla, y les estarán ayudando a conocerse y sostenerse en la vida.

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