www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Jueces de hoy

Juan José Solozábal
jueves 08 de abril de 2010, 16:34h
Congratula en los tiempos de confusión en que vivimos encontrar a un hombre en su sitio. Alguien que se limita a explicar cómo cumple con la tarea que profesionalmente tiene encomendada, sin alzar la voz, ni para la defensa ni el ataque, contra nadie, hablando lisa y llanamente. Me refiero a un juez, Javier Gómez Bermúdez, al que escucho en una conversación que no tiene desperdicio con Iñaki Gabilondo en la televisión.

Nos había llamado la atención la eficacia y resolución con que este magistrado había conducido el juicio sobre los atentados de Madrid, y nos convence ahora con la claridad de su argumentación pronunciándose con sensatez, pero sin equívoco alguno, sobre determinados problemas que la situación judicial presenta en nuestro país. Sorprende favorablemente la firmeza y lucidez con las que este juez argumenta en torno a cuestiones bien complejas y difíciles. Alude en primer lugar a la efectividad del funcionamiento en España del Estado de derecho. Sepan los españoles que tienen derechos verdaderos porque su garantía corre a cargo de una organización judicial que, a pesar de sus deficiencias, es sustancialmente capaz de asegurar su protección sin excepciones y con absoluta certeza. La prueba de la solvencia de nuestro sistema es la capacidad demostrada en la persecución exitosa de la delincuencia terrorista, hablemos del terrorismo yijadista o del etarra. Un sistema que no vacila ante estos retos no puede fracasar en la resolución de problemas menores, viene a decir el juez Gómez Bermúdez.

Tenemos una justicia valiente, independiente y capaz. Hay problemas, pero la cuestión está en no dudar de que, con todo, se tienen los instrumentos necesarios para abordarlos. Es importante no equivocarse en la localización de los escollos. Es erróneo, por ejemplo, afirmar que el problema es la Audiencia Nacional, como insensatamente se ha podido pretender. No sólo no es un tribunal que suceda a la justicia franquista del Tribunal de Orden Público; en realidad no es una jurisdicción extraordinaria, como señaló acertadamente en su momento el Tribunal Constitucional, sino que se trata de un instrumento jurisdiccional absolutamente necesario para atender a la complejidad y a las características de una delincuencia cuyo espacio supera la circunscripción reducida a la que podría llevar una idea equivocada del juez natural.

No puedo estar mas de acuerdo con que el ideal es un juez entregado vocacionalmente a la aplicación del derecho en una sociedad a la que pertenece pero en la que al mismo tiempo, porque lo exige su independencia, por decirlo así, no se puede integrar plenamente. El poder del juez es el de la ley que elaborada democráticamente aplica : no se puede llevar a efecto el derecho sin conocer la sociedad a la que éste se refiere, pero el cumplimiento de la tarea judicial exige sin duda alguna un despego y una independencia, que es la carga que la función jurisdiccional impone a quienes la llevan a cabo.

El desempeño de la labor judicial requiere de una tranquilidad que no es fácil de conseguir teniendo en cuenta la repercusión de la actuación de la justicia, especialmente cuando hablamos de comportamientos relativos a cargos o autoridades públicas, o dicho más claramente, cuando se trata de casos de corrupción. Es bueno que la presencia del juez se limite a su actuación mediante sentencias y autos y que la fiscalización pública de la labor judicial se contraiga al examen de los pronunciamientos de los jueces y tribunales , pero no por ejemplo a la actuación de instrucción. Por eso convincentemente Gómez Bermúdez se manifiesta contrario a la escasa posibilidad de reacción penal en la actualidad frente a la infracción periodística del secreto sumarial, cuando se producen filtraciones de esta fase del procedimiento, con irreparables consecuencias para los intereses y el honor de los afectados.

Hay dos o tres cuestiones en las que las palabras del juez Gómez Bermúdez Bermúdez pueden acogerse, quizás, con alguna reserva. Comparto la seguridad manifestada por el magistrado acerca de la protección de que disfrutará, finalmente, el juez Garzón como consecuencia de que el conocimiento de las querellas que le afectan corresponda a un Tribunal de la competencia técnica de la Sala IIª del Tribunal Supremo. Pero no olvido las sabias palabras de Carnelutti, que mi maestro procesalista don Federico Sainz de Robles gustaba de repetir, según las cuales en el proceso- o el encausamiento diríamos, mejor, -está la pena. Desde ese punto de vista la admisión a trámite de determinadas querellas, si es indebida como creo ocurre en este caso, tiene una repercusión sancionatoria que difícilmente podrá reparar un juicio justo. Bermúdez, en otro orden de cosas, insiste en la necesidad de quitar espacio para que el gobierno de los jueces que lleva a cabo el Consejo el Poder Judicial no sea tan omnímodo en materia de nombramientos y tenga menos margen de maniobra del que hoy dispone en la actualidad. No estoy seguro que elevar la edad y los requisitos de experiencia para el acceso a las funciones jurisdiccionales más altas resuelvan todos los problemas. Pero sí considero que es necesario un esfuerzo de regulación de las promociones y nombramientos en la carrera judicial que sin duda no se ha acometido en términos suficientes hasta hoy.

Tampoco comparto el razonamiento del magistrado Gómez Bermúdez sobre la actual situación del Tribunal Constitucional, aduciendo un significado político, si yo le entendí bien, a la institución que quizás no acaba siendo compatible con la arquitectura general constitucional de la misma. Pero mejor de esto hablamos en otro recuadro otro día.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios