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Antanas Mockus y las presidenciales en Colombia

miércoles 14 de abril de 2010, 20:24h
Una vez realizadas las elecciones parlamentarias del pasado 14 de marzo, el año electoral colombiano señalaba hacia unas presidenciales más bien sosas y con pocas sorpresas, el escenario político electoral se mostraba bastante predecible.

Como el Presidente Uribe no pudo ser candidato, Juan Manuel Santos se asume como su heredero natural, aunque sin la bendición explícita de Uribe hereda el partido de la “U”, el legado político del Presidente, la política de seguridad democrática (un tanto suya también), en resumen, hereda la presidencia, confiado, además, en los altos índices de intención de voto que ha mantenido en las encuestas. El partido conservador, con la previa realización de la respectiva consulta interna, elige a Noemí Sanín como candidata única, sin convicción de sus copartidarios y con división interna. El candidato perdedor, ficha de Uribe, reconoce la derrota pero no la asume y en lugar de sumar divide, esto más el pobre desempeño de la candidata en los debates la ha relegado a un segundo plano y su fuerza parece no alcanzarle. El partido liberal con Rafael Pardo que no termina de “cuajar” como candidato, bajo perfil, poco carisma y un partido que, a pesar de la maquinaria, no logra volver a tener la fuerza necesaria para convencer al electorado con su candidato a la presidencia. Hasta acá los candidatos “típicos”, los del establecimiento, los tradicionales y “esperables” contendores.

Y por la senda de los “utópicos”, de las alternativas, teníamos a la izquierda representada en el Polo Democrático, un partido dividido, con Gustavo Petro como candidato, quien ha resultado bien valorado en los debates pero que sigue sin lograr suavizar la imagen de extrema izquierda que la sociedad colombiana ve en él y en su partido y que no termina de convencer, ni con sus propuestas, ni con sus opciones, lo que se refleja en sus puntajes en las encuestas que no logran pasar de un dígito. Acompañando a Petro estaba Sergio Fajardo, ex alcalde de Medellín, con una gestión en la alcaldía reconocida y bien valorada, con altísima favorabilidad en las encuestas, quien estaba construyendo un partido prácticamente de la nada, recorriendo el territorio nacional, palpando la realidad, hablando y haciéndose conocer. Más candidato que partido, lo que se vio reflejado en los pobres resultados de las parlamentarias, que lo pusieron a pensar sobre la viabilidad de su candidatura a la presidencia.

Acompañando a estos candidatos alternativos, estaba el grupo de los “tres tenores” del partido verde: Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y Luis Eduardo Garzón. Tres ex alcaldes de Bogotá, reconocidos por sus exitosas gestiones frente a la alcaldía, los tres con estilos y énfasis de gobierno diferentes, “cultura ciudadana”, “gestión eficiente y eficaz” y “énfasis en lo social”, respectivamente. Tres grandes egos muy particulares, pero tres individuos dispuestos a “ser uno” abandonando sus propios intereses políticos y, a demostrar una novedosa forma de hacer política en la que se respira un aroma a frescura, transparencia y claro sentido de lo público. Tres personajes que, desarrollando una peculiar campaña para las parlamentarias, logran una votación sorprendente para todos, hasta para ellos, creando una pequeña pero vigorosa bancada en el próximo Congreso resultado que, junto con el de la consulta interna, en la que ninguno de ellos votó por sí mismo y de la cual Antanas resultó ganador, un triunfo reconocido, aceptado y apoyado por todos, les ha conducido a lograr un posicionamiento destacado en la baraja electoral para la presidencia.

En pocos días Antanas Mockus, sus “tenores”, su alianza con el hasta entonces candidato a la Presidencia, Sergio Fajardo, su novedosa campaña electoral y sus cada vez más adeptos, han logrado el “fenómeno verde” que ha tenido los efectos de un huracán en el panorama político colombiano de las próximas presidenciales del 30 de mayo. Lo que en un principio parecían ser unas elecciones perfectamente predecibles con un claro designado y al parecer único candidato, Juan Manuel Santos, ha pasado a ser una verdadera contienda electoral. El Partido Verde ha despertado en Colombia un entusiasmo que no se sentía hacía décadas y mucha gente está dispuesta a apoyarlo, conscientes del riesgo, pero hay hartazgo de la clase política tradicional, de su corrupción y de la arbitrariedad.

Esperemos que esta nueva clase política ilustrada, urbana y compuesta fundamentalmente por jóvenes universitarios, genere la fuerza suficiente y lleve a Colombia hacia una nueva forma de ver y de vivir la política dejando de lado o, aparcando por un tiempo, a la maquinaria tradicional, ese rancio establecimiento de corruptelas, deslealtades y componendas

Lucía Nieto

Investigadora de la Fundación Ortega y Gasset

Lucía Nieto es investigadora de la Fundación Ortega y Gasset.

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