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El alfaqueque

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Todos le conocen como “alfaqueque” casi nadie conoce el significado del sustantivo con el que y por el que se hizo popular. Y no es cosa de ir directamente al diccionario de la lengua española, (salvo que uno esté en pecado mortal y en trance de dejar este pícaro mundo), para enterarse de que alfaqueque es el que, en virtud de nombramiento de autoridad competente desempeña el oficio de redimir cautivos o liberar esclavos y prisioneros de guerra. En la segunda definición de la palabra léese “aldeano o burgués que servía de correo”.

Nadie sabe, quizás el tampoco el significado del sustantivo. Sin embargo quien atiende por ese nombre es personaje bien y justamente conocido en el ámbito cultural de las Españas. Se llama Rafael Flores y es el más auténtico conocedor de la Villa y Corte, quien más sabe de los y las escritores españoles, de su vida y de lo que sucede en la “corte de los milagros”.
La peña de los del Rastro, suma de profesiones, genios e ingenios, le ha rendido su homenaje que reciben, cada treinta días los que a juicio de los peñistas lo merecen.

Rafael, ateneísta, doctor en las academias liberales del círculo de Bellas Artes, líder de tertulias varias y variadas, escritor con marcada tendencia a la biografía - Valle Inclán-, Ramón Gómez de la Cerna, Gonzáles Ruano, Camilo José Cela, etc. Es también presidente de varias asociaciones que felizmente no sirven para casi nada. En calidad de líder carismático de “los amigos de la capa” luce “la pañosa” en las ocasiones que es menester utilizarla. En su homenaje la llevaba puesta y se tocaba con una chistera de la que no se separó en toda la comida.

Mucho humor, depurado ingenio, gracia “chispera” y olor a verbena. No “cheiraba” a cocidito madrileño por cuanto los alimentos, del restaurante “Riazor” son más bien de origen gallego y no es cuestión de mezclar las especialidades varias que se ofrecen en Madrid con tanta o más calidad que en los lugares de origen. El oferente del agasajo pinturero leyó un curriculum de Rafael con tal riqueza de meritos y con los concurrentes nos hicimos cruces al conocer la grandeza de esas familias.

Como la chiquillería y los turistas del tres al cuarto no son doctos en determinadas ramas del saber, a nadie le extrañe lo que sucedió cuando se dieron de bruces y cruces con el extraño hombre que se asemejaba al “Don Hilarión” de “la verbena de la paloma”.
Los jovenzanos reeducados en las redivivas películas de terror se militaban a gritar:
-Ahí va Dracula-

Rafael Flores ha sido de muchas maneras, el descubridor de Enrique Jardiel Poncela, hubo un momento en el que solamente reconocían el genio del “mío Jardiel” sus jóvenes amigos Gustavo Pérez Puig, Miguel Martin García y “Alfaqueque”. Le visitaban en los cafés en los que escribía sus grandiosas comedias y esos prólogos tan geniales que solamente podían salir de la pluma de Jardiel. Bastaba con cruzar de acera a acera, la hoy centenaria Gran Vía para que el escritor más grande del humor español. Mudase de velador. Pasaba de “La elipa”, todavía vigente al ya desaparecido “Dólar”, acunado por la cúpula en la que, desafiante, se dejaba ver el Ave Fénix.

El alfaqueque fue y sigue siendo el gran aglutinador del genio de España. Merecía este homenaje quien es el mejor intérprete de tantas y tantas efemérides.

Me remito únicamente a su nombre porque otros muy ilustres personajes acudieron allí para agasajarlo. Por cierto Rafael Flores nos obsequió con una fotografía llena de autenticas personalidades de la cultura española que fue tomada, hace medio siglo en este mismo comedor.
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