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España en América: entre 1910 y 2010

martes 20 de abril de 2010, 12:49h
Corre este emblemático año de 2010 en que varias naciones hispanoamericanas conmemoran sus bicentenarios de vida independiente. Calendario en mano, Venezuela, Argentina, Colombia, México y Chile, tan golpeado el 27 de febrero anterior por un devastador terremoto, asisten a sus respectivas conmemoraciones nacionales.

No corren tiempos fáciles para Hispanoamérica, pero es una tierra pujante, políticamente efervescente que mira a sus bicentenarios nacionales con esperanza y de repente, con profundo y reclamante ánimo de debate, a efectuarlo respecto de todo aquello que le representa o le significa algo. Lo que menos hay es pasividad de frente a la emblemática conmemoración. Eso habla de una región viva.

No deja de sorprender que la agenda española en política exterior aparezca algo tímida respecto a estas conmemoraciones. Resulta inexplicable. Finalmente sin España, no hubiera habido independencias y menos podemos olvidar que la verdadera y más auténtica grandeza del espíritu español está precisamente en América y no en Europa; y por lo tanto, con la madurez necesaria y el mejor de los ánimos de ambas partes, España debería de ser una invitada de honor en estas conmemoraciones, partiendo incluso de una iniciativa española proactiva.

¿La razón para un mayor y deseable activismo? Ambas partes, España e Hispanoamérica al completo, pueden contribuir a conocer mejor un pasado común, riquísimo, asaz interesante y capaz de congregar a las mejores mentes que analicen tan importantes sucesos, como lo fueron aquellos que marcaron el derrumbe y término de la dominación española en la América Continental y al mismo tiempo, puedan trazar el devenir común, compartiéndolo con genuino ánimo de igualdad, misma que ha de primar entre ambos hemisferios iberoamericanos.

Por fortuna hay trabajos académicos en universidades de ambos lados del Atlántico que van en ese derrotero y están presentándose investigaciones sobre ese pasado común, que aportan mucho y analizan las razones de la ruptura y lo que va quedando por delante.

No es pedir imposibles. Hace cien años, España contó con un protagonismo notable. Argentina y México le otorgaron sendos lugares de honor encabezando el primer centenario de sus independencias. España, la derrotada en el 98, entendió su papel y supo cómo corresponder.

La infanta Isabel visitó Buenos Aires ese años de 1910, escribiendo en sus memorias al rey Alfonso XIII: “aquello sigue siendo nuestro, Alfonso” como relata en su biografía sobre el monarca, Pilar de Baviera, evocando la calidez con la fue recibida en tierras rioplatenses.

México recibió al Marqués de Polavieja, reconocido capitán general en Cuba, Puerto Rico y Filipinas; quien devolvió las prendas del generalísimo insurgente José María Morelos e inauguró el nombre de la céntrica calle capitalina Isabel la Católica en Ciudad de México y tuvo una participación destacada en las conmemoraciones de septiembre de 1910, pronunciando mensajes conciliadores entre ambos países.

España inmersa entre otros discursos, en el americanista de Ortega y Gasset, compareció ante las llamadas “hijas crecidas de América, ya maduras” y aquellas entendieron el sentido de la presencia de una Madre Patria cuya fuerza y espíritu pujantes provenían ya entonces de la rica y fructífera labor cultural, en que cifraba su futuro americano. Esa era la única España imperial admitida allende el Atlántico: la cultural. Casi nada. Con muy justa razón y reconocimiento.

Un siglo después, acaso en un mundo mucho más multipolar e interdependiente, España no parece figurar de manera extraordinaria en estas conmemoraciones bicentenarias. El protagonismo español del ‘92 es de una difuminación evidente en 2010. Es una lástima. La agenda exterior española de 2010 se ha avocado a presidir la UE, a atender el Año Santo Compostelano y poco más. Afortunadamente, el buque-escuela Juan Sebastián Elcano participará de la regata del Bicentenario, a efectuarse entre varios buques similares hispanoamericanos, la cual terminará en su última fase triunfante en Veracruz, México, el 23 de junio.

Hay dos definiciones de España que me gustan mucho: “España, nación hacedora de naciones” y la que la define como “Plaza Mayor de Hispanoamérica”; España y América tienen mucho que reconocerse y contarse. Si no es en su ámbito iberoamericano, se antoja difícil precisar en dónde más. El entendimiento y el acercamiento mutuo debería de ser una directriz más proactiva de sus respectivas políticas exteriores. 2010 debe ser una magnífica oportunidad de hacerlo. Sin falsos pudores. España goza de un prestigio que le permite además, acercarse con más fuerza a la región y la oportunidad no debería de desaprovecharla. Hispanoamérica podría encontrar un mayor eco y un mejor tratamiento a los temas que la unen a España, en todos los órdenes. Queda la oportunidad. Veremos.
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