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Cuando los padres se separan

viernes 23 de abril de 2010, 14:55h
Una separación es una situación difícil para todos. Los miembros de una pareja que decide dejar de serlo se desestabilizan. Aunque lo hayan decidido pensando que será mejor, siempre hay dolor, dificultades, necesidad de reinventar su propia vida. Si tienen hijos en común la cosa se complica, puesto que nunca se separarán del todo, su función como padres prosigue intacta y eso les obligará a comunicarse, a recordar sus encuentros y desencuentros. Han de crear una nueva relación entre ellos y con sus hijos, pero es una relación cargada de historia. Quizá otro día escriba sobre los adultos, hoy vamos a pensar en los niños, y, en concreto, en el primer momento: el de comunicarles la noticia.

Cada caso es diferente, por supuesto, y por eso no hay una única manera de hacerlo, pero sí deben tenerse siempre en cuenta algunos aspectos. Uno de ellos es que el modo de entender las cosas en la infancia es muy diferente al de los adultos. Los niños tienen un pensamiento mágico, tardan bastantes años en diferenciar lo real de lo imaginado. Creen, por ejemplo, que sus deseos pueden influir en los hechos de su vida. Lo podemos ver cuando repiten una frase (“Que me pase esto, qué me pase esto, qué me pase esto”), creyendo de veras que si lo desean mucho pueden conseguir que ocurra. Es una suerte de omnipotencia, que hoy debemos tener en cuenta porque lo primero que hay que dejar claro a los niños cuando sus padres se separan es que la decisión no tiene nada que ver con ellos. Que no son culpables de la ruptura, como suelen creer, ni está en sus manos que vuelvan a estar juntos. Es frecuente escucharles decir que, como no se portaban del todo bien, hacían enfadar a sus padres, discutían por su culpa, y por eso al final se han separado. O transmitir que no han sido capaces de conseguir que siguieran juntos, que fueran felices. Por eso es importante hablarles, explicarles que lo que ocurre entre sus padres no está relacionado con ellos.

En ese momento los niños tienen que elaborar su propia pérdida, necesitan que les ayudemos a ocuparse de sí mismos. Ante todo, por difícil que sea, por frágiles que se sientan o incierta que sea su situación, no les detallen a sus hijos las razones de su separación, no se desahoguen con ellos, no hablen mal de su otro progenitor en su presencia. Busquen sus lugares, sus relaciones adultas en las que apoyarse, preserven a los niños de un sufrimiento extra, que les hace estar pendientes de lo que están viviendo sus padres y no poder ocuparse de sí mismos. Díganles que “son cosas de mayores” y céntrense en lo que ellos necesitan en ese momento.

¿Y qué necesitan? Escuchemos a cada niño para saberlo, pero tengamos en cuenta que en una situación así, el niño va a vivir cambios muy importantes. Tendrá miedo de que, igual que puede romperse la relación de pareja, pueda hacerlo su relación con sus padres. “¿Y si mamá se separa de mí?”, puede pensar. Imaginen la inseguridad que esta duda genera en un niño. Necesitará que sus padres le transmitan, con palabras y actos, que le quieren y van a quererle siempre, que nunca van a perderlos como padre o madre, que los problemas de los mayores no van a hacer que lo que más desea, ser querido por sus padres, vaya a desaparecer. No teman escuchar sus fantasías, sus preguntas. Es muy duro ver el sufrimiento de un niño, escucharle sin tener una respuesta mágica que haga desaparecer su dolor. Pero recuerden que no es eso lo que necesita, sino aprender a elaborarlo. Porque la vida está llena de momentos difíciles, y no se trata de intentar ocultárselos sino de ayudarles a vivirlos de la mejor manera posible.

Sabemos que en una separación los padres no viven su mejor momento, pero no olvidemos que nada es perfecto, ni falta que hace. Aunque intenten disimularlo, los niños percibirán su tristeza, su rabia, su inquietud. No se lo nieguen diciendo “no pasa nada, hay muchos padres que se separan” o “qué bien que ahora vas a tener dos casas” o cualquiera de esas otras frases bienintencionadas de los adultos, que parecen creer que si no se habla del sufrimiento conseguirán que no exista. Pueden decirles “mamá está triste, pero no es por ti, y más adelante estará mejor”, “papá está enfadado, pero no es contigo, son cosas de mayores, necesito estar solo un rato, pero luego voy a leerte un cuento”, “ahora no sabemos cómo vamos a resolver las cosas, pero los mayores nos vamos a ocupar de que tú estés bien”.

Otro día hablaremos de lo que ocurre posteriormente, de cómo seguir con las funciones de madre y de padre después de la separación. Del manejo de las diferencias entre los padres, de cómo en ocasiones compiten por el amor de sus hijos, relajan los límites creyendo que si les conceden sus deseos inmediatos van a ser más queridos. De la culpa y de cómo ésta puede interferir en la crianza, y de tantas otras cosas que hoy quedaron fuera de estas líneas.
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