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cine

Perdona si te llamo amor: una gran cita para románticos incorregibles

Federico Moccia lleva a la gran pantalla uno de sus relatos sobre un apasionado amor entre un hombre de 40 años y una alocada chica de 17 años.
Con dos años de retraso se ha estrenado este viernes en nuestro país “Perdona si te llamo amor”, la película rodada en Roma en 2008 que adapta una de las famosísimas novelas de Federico Moccia, el escritor y director italiano que, sin complejos de ningún tipo, ha basado su éxito en apelar al romanticismo más exacerbado de sus seguidores.

Sus cuatro novelas: “A tres metros sobre el cielo”, “Tengo ganas de ti”, “Perdona si te llamo amor” y “Perdona pero quiero casarme contigo” hablan del amor, en un sentido que para algunos incluso esté pasado de moda, pero que, primero en su país, ya de naturaleza sumamente romántica, y, más tarde, en el resto del mundo, han convertido a Moccia en un auténtico escritor super ventas. En Italia, por ejemplo, muchos jóvenes se tomaron tan al pie de la letra la idea de una de sus novelas, en la que los enamorados sellan para siempre su amor atando un candado en una de las farolas del Ponte Milvio de la Ciudad Eterna, que hoy los miles de candados que allí reposan han pasado de ser una atracción turística para amantes de todo el mundo a convertirse en una preocupación para las autoridades romanas, que temen que su peso pueda hacer peligrar la estructura del viejo puente.

Para la adaptación cinematográfica de sus dos primeros relatos, Moccia contó con la realización de dos directores distintos, pero para esta tercera, que narra el apasionado amor que surge entre un cuarentón acomodado, al que acaba de dejar plantado su también convencional novia, y una alocada chica de diecisiete años en su último año de instituto, el propio autor ha decidido ponerse detrás de la cámara. El resultado es un filme bastante cuidado, respetuoso, como no podía ser de otra forma, con un guión ágil y que, a pesar de su arranque meloso, consigue ofrecer al espectador una retrato agradable y, sobre todo, entretenido de lo que acontece a los singulares personajes de su novela. Y, desde luego, con todas las papeletas para arrollar entre el público adolescente, preferentemente el femenino, sin tantos prejuicios a la hora de confesar sus sentimientos más rosas y que todavía no ha perdido la ilusión de creer en los finales felices que les brinda el autor.

Por otra parte, la pareja protagonista, Raoul Bova y la joven Michela Qiattrociocche, que debuta en el cine con este trabajo, están acompañados de toda una serie de papeles secundarios que sirven a Moccia para diversos ilustrar algunos de esos tópicos que se repiten una y otra vez en las historias de pareja a lo largo de la historia y en cualquier país del mundo. Tanto en lo que se refiere a las parejas de adultos en plena crisis de los cuarenta como en cuanto a los adolescentes que se encuentran, de repente, metidos hasta el cuello en su primer amor “de verdad”.

Y, sin duda, un valor añadido lo encontramos en la música elegida para acompañar a la historia: temas italianos de siempre junto con otros muy actuales, entre los que destaca el tema compuesto por la banda italiana Sugarfree y que lleva el nombre de la película.
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