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publica "Todo lo que podríamos..."

Albert Espinosa: "La grandeza de perder es que siempre ganas"

viernes 07 de mayo de 2010, 16:09h
Albert Espinosa sabe muy bien lo que es luchar contra la adversidad y sacar ganancias de las pérdidas. Pasó diez años entrando y saliendo del hospital a causa de tres cánceres que se llevaron consigo una pierna, la mitad de un pulmón y parte del hígado, pero prometió a sus compañeros de enfermedad que los que sobrevivieran vivirían por ellos. Y él lo cumple cada día. Aunque es ingeniero industrial superior en la rama de química, su creatividad le ha llevado a escribir guiones de cine, como el de la exitosa película de Antonio Mercero, Planta 4ª, un libro titulado El mundo amarillo, y sus mayores éxitos los ha cosechado como autor y actor de teatro. Ahora presenta su primera novela de ficción titulada Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo, ambientada en un futuro en el que mucha gente ya ha elegido dejar de dormir, con un medicamento que acaba para siempre con dicha necesidad fisiológica.
¿Por qué un mundo en el que se puede optar por no dormir inyectándose Cetamina, un revolucionario medicamento, para ambientar la acción de su primera novela?

Yo quería una historia que fuese de una madre que cuidase mucho a un hijo, que viajase mucho y fuera una coreógrafa famosa. Que enseñase muchas cosas al hijo aunque éste, a lo mejor, no la escuchaba mucho, pero que cuando la pierde se da cuenta de toda esta educación que le ha dado en el amor y en el sexo. Cuando muere la madre, le llegan todas estas enseñanzas y todas estas informaciones. Yo creo que me gustaba, como tengo muchos amigos a los que se les han muerto las madres y realmente no lo superan, tardan bastante tiempo porque no hay ninguna otra persona que consiga llenar ese hueco y necesitan que el mundo cambie, hacer que algo importante cambiase. Yo quería que Marcos se encontrase con esa situación, que realmente cambiase algo en su mundo que pudiera hacer que su vida fuese diferente. Y, además, yo tenía a mi abuelo, que era un farmacéutico muy famoso y que inventó muchos medicamentos que aún hoy se utilizan, y él siempre creía que se inventaría un medicamento para dejar de dormir y hablábamos mucho de ello. Ahora en Londres, por ejemplo, ha salido una pastilla que te la tomas y puedes dormir tres horas y es como si durmieses seis. Yo creo que llegará el momento de dejar de dormir y eso me gustaba como telón de fondo de ese día en el que ni siquiera dormir puede hacer olvidar a una madre. Yo creo que los días son épicos porque la noche existe y me gustaba mucho crear ese mundo, imaginar el Rem, los contadores de sueños y ese futuro imaginario.


Albert Espinosa, autor de Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo (Foto: Manuel Engo)

En todo caso, con la noche igual que el día y, por tanto, distintas jornadas laborales, a lo mejor se podría acabar con el paro, pero también con la magia y el misterio que siempre han acompañado a las horas de oscuridad. ¿Es que a usted no le gusta la noche o es que le gusta demasiado?

Bueno, dicen que quienes han impulsado estos experimentos han sido las empresas que se dan cuenta que cuando no consumimos es durante las horas en las que dormimos y sería la manera de conseguir que la gente consuma más y piensan que ocho horas más que estemos despiertos, pues consumiremos más. Yo creo que tendría cosas positivas y negativas, sería otro ritmo vital el que llevaríamos. En todo caso, a mí me gusta la noche mucho, yo soy muy dormilón, yo no lo tomaría porque para mí dormir es como viajar al futuro, te despiertas y han pasado miles de cosas. Me gusta lo que piensa Marcos, que es importante ver despertar a alguien que quieres y es que la historia habla mucho sobre amor, sobre cómo ama la gente. Hay gente que ama mucho, como algunas de las piezas de ajedrez como torres o como alfiles con movimientos largos, y luego hay gente que ama muy raramente como los caballos, que te dicen que te aman y luego que te odian. Yo creo que Marcos ama como un peón, su máximo movimiento es un paso hacia delante, pero si ama muchas veces se puede llegar al final del tablero y cambiar de pieza. Pienso que es lo que hace en ese día en el que tiene la gran pérdida de su vida y, como siempre, las pérdidas son ganancias. Yo perdí una pierna, parte de un pulmón y del hígado con el cáncer, pero yo creo que gané muchas cosas, entre ellas perder el miedo a la muerte porque teníamos un pacto de vida por el cual teníamos que vivir las vidas de nuestros chicos que morían y con trece años me tocó vivir 3,7 vidas y es que la grandeza del perder es que ganas a posteriori, después de un duelo. En la primera página, Marcos se define como alguien que no ama y que no se enamora y según avanza la novela creo que tiene la suerte de encontrarse con las mejores personas. Y casi todas esas personas no tienen nombre, me gusta mucho que sólo haya dos personajes con nombre en la novela, porque creo que son los que tienen grandes conflictos de amor y por eso tienen nombre.

En su novela, algunos de los que han dejado de dormir han tenido que ir a comprar sueños. Usted, ¿qué prefiere, soñar despierto o dormido? ¿Cree que los sueños pueden cumplirse?

Yo tengo la suerte de que cuando me despierto para ir al lavabo luego puedo seguir en el mismo punto que he dejado el sueño. A mí me gusta mucho soñar dormido, me gusta despertar y tener la sensación de que han pasado cosas en tu cabeza y en ese momento te preguntas si han sido verdad o no, no sabes si ha pasado o era un sueño. En cambio, en cuanto a lo de soñar despierto yo creo que me gusta más la frase que tenía como subtítulo “Un mundo amarillo”, que es “Cree en los sueños y ellos se crearán”. Creo que si crees mucho, se crea, y que el creer y el crear están a una letra de distancia. Me gusta creer que es posible y cuando duermo me gusta la irrealidad de ver águilas con cabeza de tigre o cosas de ese estilo, cosas que no existen o gente que hace cosas que no te imaginas.

Y ¿podría contarnos cuál es el último sueño que se le ha cumplido?

Yo creo que escribir esta novela. Me la imaginé un día, se me ocurrió una madre, pensando en toda la gente que tiene 30 o 40 y que tiene un tipo de madre que ha trabajado en casa, que se ha dedicado a los hijos. De esas que te pueden llegar a llamar tres o cuatro veces al día y que puedes ir a comer cinco minutos antes y tienes la comida. Creo que hay un tipo de madre que ahora ya no existirá nunca más y creo que el valor de la forma en la que han educado a sus hijos nadie se lo dará, un tipo de madre que ya es irrepetible. Y me gusta mucho ese poder que tienen, o cuando de repente se acuerdan de algo y te repiten siete veces una cosa. Me interesaba crear una madre como esas, pero que tiene un trabajo por el que recorre medio mundo aunque luego, en realidad, se pasa media vida cuidando a Marcos y le educa de una manera diferente en el amor y en el sexo. Yo creo que a su manera muchas madres lo hacen.

Siempre se ha dicho que la primera novela de un escritor es en su mayor parte autobiográfica. En su caso, ya ha hablado a través de sus guiones, como el de la película “Planta 4ª”, o de su libro “Un mundo amarillo” de su experiencia con el cáncer y la muerte, pero, ¿cuánto hay de usted en Marcos, el protagonista de su novela?

En Marcos hay una fascinación por las plazas y las islas. Y yo siento lo mismo. Por ejemplo, mi hotel en Madrid está en la Plaza de Santa Ana y yo creo que en mi ADN hay un 14% que me siento de la Plaza de Santa Ana, otro tanto por ciento de Fuerteventura y Menorca y el resto de mi barrio de Les Corts en Barcelona, y creo que esa fascinación que tiene él por el agua o por las plazas, por la Plaza Mayor de Salamanca o por la Plaza de Peñaranda, yo la tengo igual. He intentado que todos los lugares que salen en la novela yo ya hubiera estado.

Marcos, además, acaba de perder a su madre, un personaje profundo con curiosas ideas sobre cómo vivir, que ha ido transmitiendo a su hijo y que, a partir de su desaparición, seguirán viviendo en él. ¿Continuamos vivos mientras estamos en el recuerdo de alguien?

Yo creo que sin duda. Marcos es la viva imagen de que alguien está viviendo a través de él, que su madre está viva porque él la recuerda y no para de pensar en ella. Tengo la suerte de que el libro va ya por la quinta edición y ha habido muchos lectores que me han preguntado que cómo es Marcos, porque saben muy bien cómo es su madre, pero, en cambio, no saben cómo es él. Porque, al final, él sólo es un altavoz de ella y me gusta porque cuando realmente él ya puede empezar a hablar, se acaba la novela. Creo que es más interesante ella que él.

Y, sin embargo, en nuestra sociedad nadie quiere hablar de la muerte. Incluso el duelo se rechaza. ¿Qué dolor nos da más miedo, el físico o el emocional?

Yo creo que la gente tiene mucho miedo a ponerse enfermo, tiene mucho miedo a morir, tiene mucho miedo a la ternura. Como dice Antonio Mercero, por un lado, están los diez terroristas más buscados y, por otro, los diez “ternuristas” más buscados. La gente te avisa, por ejemplo, cuidado que esta película es muy tierna, como si fuese una bomba de relojería. Yo creo que la ternura evidencia nuestros miedos. Pero con el cáncer, por ejemplo, un alto porcentaje de la gente no tiene dolor físico, la gente piensa que uno tendrá cáncer y tendrá dolor físico. Yo tuve cáncer tres veces y nunca tuve dolor físico. Con la quimioterapia tienes malestar, muchas veces tienes cansancio, pero no sentí dolor físico.

Pero si con la muerte no queremos tener nada que ver, mucho menos con la enfermedad. ¿Le parece que, en general, quien padece una enfermedad importante, puede llegar a sentirse, además, un poco solo?

Depende de las circunstancias que tenga en su entorno, pero yo creo que muchas veces el cine motiva las reacciones de la gente. La gente ve muchas series, muchas películas en las que te enseñan a alguien que tiene un cáncer y que ha muerto a los catorce minutos. Yo recuerdo que cuando hicimos Planta 4ª mucha gente nos decía que eso era irreal pero es lo más real que hay, lo que pasa es que niños que juegan a basket y no tienen mala cara no se enseñan. Yo, el día antes de que me cortaran la pierna, estaba jugando tranquilamente y tenía buena cara, pero interesa más mostrar el momento que están con la quimioterapia, con el goteo, la cara triste. Hasta en los periódicos y en los autobuses aparece y la imagen está distorsionada y entonces la gente siente mucho miedo pero la realidad hace también que la gente se sienta menos sola.

Albert Espinosa, autor de Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo (Foto: Manuel Engo)


En nuestros días, los avances científicos se suceden a gran velocidad y cada día aparecen tratamientos nuevos, pero, ¿no le parece que, en cambio, el factor humano por parte de los médicos y en general del personal sanitario, cada vez se tiene menos en cuenta?

Yo tengo la suerte de que cada mes doy clase de ética a médicos, con lo cual conozco a muchos médicos a los que voy a hacerles conferencias y es brutal que no exista la asignatura de ética en una carrera hospitalaria cuando tendría que haberla cada año. Pero creo que sí que están abiertos a los cambios. Me hacen muchas preguntas. Muchas veces se trata de cosas tan sencillas como que puedas comer sentado, que haya una mesa y no se tenga que comer en la habitación si te encuentras bien. Que cuando venga un médico no echen a los familiares, porque ellos son parte fundamental de las preguntas. Están muy abiertos a cambiar, pero les falta que haya estas clases en la facultad porque salen con muchas ganas, el problema es que el día a día de los compañeros que llevan más tiempo les quema y lo pierden. Yo creo que habría que hacer un historial vital y un historial médico, para llegar a saber qué ha perdido esa persona, si ha perdido el colegio, si ha perdido la novia, si ha perdido los amigos, el trabajo o cuántos hijos tiene. Es fundamental entender al paciente a nivel vital para curarlo. Además, no es lo mismo un niño o un adolescente. Hay hospital infantil y hospital de adulto, pero el gran fallo es que no hay hospital de adolescentes y yo creo que un adolescente no es un niño ni es un adulto. Se está luchando por que haya, y tiene que haber sitios para que la gente pueda practicar sexo en el hospital, porque puedes tener la enfermedad que tienes, pero el amor y el sexo forman parte de tu vida. Pero creo que ahora existe la calidad asistencial que antes no existía, ya no existe el paciente, ahora es el usuario. Y también ahora todo el mundo te llama por el nombre cuando vas al hospital y eso es un avance que es brutal, eso te da la sensación de que, al menos, se han leído mi historia y no me van a operar de otra cosa. Y también hay gente muy sabia, como un celador que yo tenía, que siempre que venía a buscar un paciente hacía ver que se había olvidado algo fuera y era para que los parientes tuvieran tiempo de despedirse solos. Y tampoco despedía a nadie al lado de un ascensor para que luego no se quedara el paciente en el ascensor y los parientes mirando una pared. Lo que pasa es que a veces la gente sale de un hospital y ya no quiere decir nada, como, bueno, yo ya lo he pasado, ahora que lo pase otro; y pienso que somos nosotros los que hemos de cambiar. La vida en un hospital no para, pasan muchas cosas.

Una de sus 11 frases favoritas de la novela es: “Ser diferente depende de cuantos estén a tu lado”. ¿En qué sentido?

En todos los sentidos. Yo creo que a la gente le dan mucho miedo los seres diferentes y les miran mal. A mí me gustan mucho las minorías. A veces conoces gente muy especial. Por ejemplo, tengo un amigo que hace “tristorias”, que son historias tristes. Él se define como un “tristórico” y le gusta ser triste. No le gusta que le pregunten por qué está triste, porque es su forma de ser. Y puede que sea raro, pero a mí no me lo parece, sólo forma parte de una minoría, seguro que hay más “tristóricos”. Son preciosas las historias que compone y espero conseguir que publique, simplemente porque me parece algo diferente. Te lees una “tristoria” y te deposita tristeza en el cuerpo, pero eso es algo que una editorial nunca pondrá dinero para que alguien se quede más triste.

Se confiesa un hombre tierno, pero, ¿no cree que en España muchos todavía se confunde ternura con cursilería?

Yo creo que hay veces que la ternura se confunde con algo como con mucho azúcar, como algo muy naif. Muchas veces, cuando he hecho una película, me han dicho que es naif, pero no, es tierna, que es diferente. Yo creo que Planta 4ª es tierna, dentro de que muere un personaje, muere un niño, los otros se quedan en el hospital y hablamos de cáncer. Hay gente que me dice es tierna. Tengo una amiga francesa que habla muy mal el español y fui con ella a la carnicería y cuando iba a pedir 100 gramos de ternera, pidió 100 gramos de ternura, y me gusta mucho que el carnicero le dijese: “si tuviera ternura le daría un kilo y medio”. Se confunde porque da mucho miedo, por ejemplo, la gente te avisa si una película es tierna pero, en cambio, nadie te avisa si la peli es de terror o supermasoquista, o lo que sea. También porque la ternura te lleva a los sentimientos. Yo creo que, por ejemplo, de Verano Azul la gente cree que es muy ñoña cuando, en realidad, es la primera serie que habló de temas como la separación de los padres, la homosexualidad, la muerte, la regla, temas que no se habían tratado en aquel tiempo en España, es una serie innovadora y yo creo que todo lo hizo aquella serie fue brutal, pero la gente lo olvida y al final te quedas con aquella sensación. Pienso que Mercero siempre ha manejado el dolor de una manera brutal y creo que es lo mismo que hacía Charles Chaplin en su tiempo, que era muy tierno también. Se enamoraba de una ciega y hacía muchas cosas que tenía que ver pero también fue la primera voz que habló contra Hitler en “El gran dictador” antes de que se convirtiese en el gran dictador, y aún se le considera uno de los grandes ternuristas porque eran muy tiernas sus películas. Si es ternura por ternura, no tiene gracia, pero si es ternura por mezclar conceptos de humor y dolor esa la ternura que consigue su punto máximo y a mí es la que me gusta.

¿Cuál es su próximo proyecto más inmediato?

Tengo una serie para TV3 dirigida por Pau Freixas que se llama “Pulseras rojas”, de la yo he escrito la primera temporada. Luego estrenamos en septiembre una peli que se llama “Héroes”, con la que fuimos al festival de Málaga y ganamos el Premio del Público y que va sobre los años 80, también dirigida por Pau. Y luego vengo al Teatro Español en octubre con una obra que se llama “El fascinante chico que sacaba la lengua cuando hacía trabajos manuales”, y tengo muchas ganas porque realmente actuar en El Español, en la Plaza de Santa Ana, para mí es incomparable. Y ojala salga también, porque hay muchos proyectos, la Planta 5ª con Juan José Ballesta. Y vacaciones también, que me quiero ir a Boston una temporada larga.



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