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El mundo mira a la Exposición Universal de Shanghai 2010

martes 11 de mayo de 2010, 20:13h
Quienes somos aficionados a este fenómeno, visitándolo en unas cuantas ocasiones, y atravesamos el Puente de la Barqueta para adentrarnos a la Exposición Universal de Sevilla de 1992, sabemos muy bien de los prodigios que pueden encontrarse traspasando las puertas de la Exposición Universal. Ella es un reflejo de su tiempo y un anticipo del porvenir. Valoramos el tesoro que representa contar con una muestra de esta naturaleza –el concepto cultural más importante inventado por el hombre– y ciertamente, difundimos con agrado un acontecimiento de éstos, pues entendemos que en él la Humanidad exhibe sus avances y compite en presentar su mejor rostro.

Eso promete ser también la Expo de Shanghái 2010, la más costosa, grande y portentosa de todas las efectuadas desde que la reina Victoria de Inglaterra inaugurara el Palacio de Cristal en Londres, el 1 de mayo de 1851, iniciando así la vasta lista de ciudades que han organizado una expo y en particular, las de carácter universal, habiendo sido las anteriores inmediatas: Sevilla’ 92 y Hannover 2000.

Ahora, gracias a la tecnología traducida en internet, hemos podido seguir maravillados al canal denominado cctv, el cual ofrece un extenso servicio en español, con el cual podemos palmo a palmo mirar todo cuánto se va desarrollando en el abigarrado programa que cubren los 184 días de la Exposición Universal, cuyo lema y temática a desarrollar por los 189 participantes es: “Mejor ciudad, mejor vida”.

La universalidad de la expo radica precisamente en que todos tengan algo qué decir al respecto. La vida en la ciudad, la optimización de sus recursos y la importancia de su sustentabilidad, acompañada de nuestras propuestas para atenderla y hacerla más reconfortante en un futuro, son el eje del discurso de esta magna muestra.

China ha convocado a la Expo y ha obtenido una abrumadora respuesta, que no es menor en medio de la crisis mundial y de las distintas crisis alternas derivadas de fenómenos como el terrorismo o la influenza AH1N1. La espectacularidad de este acontecimiento cultural se acompaña del despliegue diplomático evidente, que nos recuerda que China es sin más, una potencia mundial. Pekín lo sabe y su Rival Shanghái lo pondera, lo valora y lo explota como ninguna otra ciudad.

La Expo no ha dejado indiferente a nadie. China se deja ver, pero también es vista.

Seríamos ingenuos si no pensáramos que no es un certamen entre las potencias. Siempre lo ha sido. Finalmente, los pabellones son premiados al final por el Bureau International des Expositions, el organismo mundial que asigna las sedes. Y allí están los Estados Unidos y la Coca Cola, dejándose ver después de su ausencia en Hannover, como diciéndole a China: aquí seguimos. Francia acude con el mismísimo Sarkozy y la Gran Bretaña o Rusia se han hecho presentes con propuestas interesantes. Japón con su rivalidad ante China no ha faltado y los países árabes e Israel están presentes con sus correspondientes mensajes. Europa acude casi al completo, pero también los estados africanos, aunque más escasos, se muestran en lo que cabe.

España, con una extensa tradición en efectuar esta clase de exposiciones, se presenta con un original pabellón. Destaca que Hispanoamérica acuda con pabellones diferenciados y no como un colectivo, que tradicionalmente es como ha acudido. Y México, de los pocos de la región que siempre monta su propio pabellón, amén de mostrar el único pabellón subterráneo, acaso llega con un mensaje que aunque ha gustado a los chinos, según ha trascendido, consideramos que es el peor y más pobre de los presentados hasta ahora. Por tratarse de la Expo 2010, en el año de nuestro bicentenario de la Independencia, ese pabellón merecía mejor suerte.

El pabellón mexicano llega con enormes antecedentes. Fue muy bien recibido en Sevilla’92, fue premiado como la mejor temática en Lisboa’98, fue el quinto más visitado en Hannover 2000, fue el único premiado en dos categorías en Aichi 2005 y obtuvo el tercer lugar en Zaragoza 2008 (yo no le hubiera dado por mucho, ese lugar). Pero esta vez, amén de la poca transparencia que ha caracterizado su gestión en esta última década y en concreto para 2010, acaso en él se ha puesto menos cuidado en la selección de contenidos y en la identificación de objetivos. Se insiste en hacer de él un centro de negocios y no un pabellón cultural; México debe decir muchas cosas al mundo y parece que los organizadores de Pro-México se han quedado cortos, para variar. La trayectoria de nuestros pabellones no puede ser la invitación a dormirse en sus laureles. Veremos cómo es acogido el pabellón en los siguientes meses. Veremos si la elección fue la acertada. Persisten las dudas.
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