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La dictadura de la publicidad, II: La Iglesia del Capitalismo.

José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
viernes 14 de mayo de 2010, 20:02h
El otro día me pareció ver sobre una mesa de la biblioteca, un taco de apuntes un tanto peculiar. En cada una de las páginas, el encabezado superior estaba adornado con un mensaje publicitario, siempre el mismo. Asombrado, pensé “no puedo creerlo”. Así que busqué, y encontré. El dossier de la empresa responsable derrocha hipocresía hasta puntos inimaginables: “Vivimos en un mundo saturado de publicidad. Estamos llegando a la barrera de la tolerancia, por lo que en [nombre de la empresa] hemos querido fijarnos en aquello en lo que los universitarios están dispuestos a mirar y a escuchar (…) Mientras los universitarios están estudiando, su publicidad está trabajando”. A cambio de apuntes gratuitos, logran que los universitarios estudien de memoria alguna lección extra. Ante la falta de un sistema educativo decente, ahí está el mercado para dar el mordisco.

Recuerdo que cuando yo era estudiante, en algún momento de la carrera, empezaron a incluir publicidad en las carpetillas de cartón que contenían los apuntes, y aquello ya me resultó indignante. Con paciencia le daba la vuelta a los manteles desechables de las bandejas de la cafetería para no tener que soportar durante la comida la insistencia persuasiva de algún estúpido mensaje comercial, de esos dirigidos a jóvenes, que son más ridículos y carentes de elegancia todavía. ¿Qué será lo próximo? ¿Profesores con camisetas en las que se incluya alguna dirección web? ¿Clases patrocinadas por una marca de refrescos? ¿Mensajes en los libros de la biblioteca? ¿Académicos que interrumpan su perolata para recomendarnos un nuevo modelo de coche?

El gran maestro de la propaganda, el ministro nazionalsocialista P. J. Göbbels nos dejó su famoso enunciado: “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad”. Obviamente, es un decir... Probablemente, con unos cientos de páginas de los apuntes sea suficiente. Pero la historia nos ha enseñado que no hay camino hacia la libertad que no pueda ser despejado con una guillotina. Estudiantes precarios que no tenéis dinero ni para fotocopias, ¡pasad a la resistencia! ¡Recortad el margen superior de vuestros apuntes y usadlo cual confeti para celebrar la lucha contra el tirano!

Probablemente estos “pobres” universitarios tendrán que volver a sus casas en metro, por ejemplo, la línea 6 en Madrid, en la que pueden apreciarse vagones enteros como soporte publicitario. Y como sabemos que además son grandes consumidores de las aerolíneas low-cost, qué mejor que llenar los cabeceros de los asientos del avión con basura persuasiva que quede a treinta centímetros de su cara. Se trata de inundar el espacio visual, de que no quede ni un ángulo sin publicidad. Porque aunque los anunciantes sean diferentes, quienes gestionan el espacio pertenecen a una misma casta de lavadores de cerebro. Y no tienen reparo en rascar, de forma ruin, en el fondo de los bolsillos más tristes. Porque saben que si bien hay poco, el nihilismo juvenil y la idiosincrasia consumista del estudiante medio, hacen de éste un ser ansioso por gastarlo todo si es convenientemente convencido para ello. Ya ahorrarán cuando sean adultos.

Definitivamente, vivimos en una teocracia. La palabra del dios-dinero es pregonada por sus pastores empresarios, publicistas, magos del márketing, investigadores de mercados, y comerciales agresivos. Aquí propaganda y publicidad se fusionan y el mensaje es siempre el mismo: ¡compra! ¡consume! ¡gasta! Creo que preferiría ver símbolos de otras religiones (crucifijos, candelabros, velos...) que al menos abarcan cierta base moral, que tener que soportar por todas partes los mensajes de la Iglesia del Capitalismo. Cada vez nos buscamos doctrinas más estúpidas para darle sentido a la vida.

José María Zavala

Sociólogo

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