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1945-2010: 65 años de la victoria aliada en Europa

viernes 14 de mayo de 2010, 20:09h
Se cumple en este 2010 el sesenta y cinco aniversario de la victoria aliada sobre la Alemania nazi y sus aliados.

El aniversario está sujeto como tantos otros episodios históricos, a un nuevo revisionismo. Ocurre en medio de una severa crisis económica que cuenta con nuevas aristas, como el caso griego que amenaza con extenderse o con una Rusia cercada por los países de la OTAN y que cuenta ahora con fronteras con la Unión Europea, que parecen desmentir a Kropotkin y su sentencia sobre que Europa nunca vería quietas a sus fronteras; de trasfondo, tenemos al mundo de la Posguerra Fría.

Sin ponderar lo que suponemos son equívocas versiones de quienes, acaso por germanófilos, ahora sostienen que Alemania no fue derrotada, sino que se rindió, cabría entonces responder que no hay explicación que pondere porqué la no rendida Alemania fue dividida, sin participar siquiera de tal decisión. Un país no rendido no hubiera sido dividido.

Pero en 2010 coincide el vigésimo aniversario de la unificación alemana, producida tras al caída del Muro de Berlín, y de la declaración de Berlín considerándola como la capital histórica y natural de esa nueva Alemania. Se trató de una unificación que despertó resquemores entre los vecinos (Dinamarca, Polonia, que exigieron garantías) y a las superpotencias. Hoy en cambio, vemos a una Alemania que –mirada desde ultramar– nos parece admirable, tan próspera, ordenada y capaz de afrontar al futuro con gran confianza, sin dificultades, sin reparar demasiado en el pasado, mas alerta de no cometer los mismos agravios que la marcaron por varias décadas.

Con este panorama, Alemania sigue siendo un ejemplo en varios sentidos: racionalidad en el uso de recursos, capacidad de superación y de reconstrucción, disciplina, planeación.

No son simples tópicos, no son, ni de lejos, un simple conjunto de estereotipos convenencieramente fraguados y enarbolados. Alemania se muestra hoy como poderosa y rectora de la economía europea y a nadie resulta indiferente. Se ha hecho de un lugar en el concierto europeo, en el de las naciones y no sabemos si finalmente, se cumplió el sueño kaiseriano de colocarla en un lugar “bajo el sol”, pero las acciones que emprende son ineludibles.

Es el motor de Europa y tiene buen cartel fuera de ella. El reconocimiento a su poderío y su capacidad de decisión no es menor, si bien hay quien advierte que sigue habiendo dos Alemanias. Que va a dos velocidades por lo costoso que ha resultado sacar a la parte oriental del marasmo en que la dejó el comunismo. Hay quien sostiene que la mentalidad del este es aún incompatible con la del oeste y que la frontera divisoria metal, persiste. Hasta con dejo de superioridad señalan que eso pasa porque a los del este no le convence la superficialidad de los del oeste.

En todo caso, Alemania ha sido un ejemplo magnífico de cómo un País arrasado salió de sus cenizas y ha puesto la muestra de qué significa hacerlo. Un caso que no deja de sorprender a propios y extraños.
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