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GUILLERMO LUCA DE TENA, UN MES DESPUÉS

sábado 15 de mayo de 2010, 17:47h
El pasado día 6 de mayo Luis María Anson publicó en El Mundo un artículo que ha suscitado incontables comentarios en periódicos impresos, hablados, audiovisuales y digitales. Lo reproducimos a continuación.



     “En noviembre de 1982, las deudas reales de ABC sobrepasaban los mil millones de pesetas. El periódico perdía anualmente varios cientos de millones. Guillermo Luca de Tena, presidente del consejo de administración de Prensa Española y director de ABC -reunía los dos cargos- con tal de evitar el cierre del periódico, lo que le honra, ofreció gratis la propiedad de la empresa editora a responsables de un grupo político. Su única exigencia era que ABC siguiera saliendo. Al recibir una negativa como respuesta, esa misma oferta se la trasladó a otro grupo. También le dijeron que no. Fue entonces cuando me llamó para ofrecerme la dirección del periódico: “No llegamos a los Cavia –me dijo- y no quiero ser el sepulturero de ABC”. Presidía yo la Agencia Efe y Carlos Ferrer Salat me había propuesto la dirección de La Nación, un diario nuevo impulsado por empresarios cercanos a la CEOE. Decidí regresar a ABC, mi periódico de siempre. Cuando dejé el diario, quince años después, sólo las acciones de Guillermo en la empresa editora de ABC valían más de 30.000 millones de pesetas.



     En los meses del otoño de 1982, ABC no llegaba a los 120.000 ejemplares de venta media. Le había pasado el Diario 16 de Pedro J. Ramírez, que llenó Madrid de carteles: “Somos los segundos, los segundos serán los primeros”. La Redacción de ABC que tuve la suerte de dirigir, llevó el periódico a 335.000 ejemplares de venta media diaria, la cifra más alta de su historia centenaria.



     Tras mi incorporación a ABC, y para resolver la angustiosa situación económica del periódico, Rafael Pérez Escolar y yo realizamos una serie de gestiones. Reproduzco a continuación un párrafo de las Memorias de Rafael Pérez Escolar, publicadas en el año 2005:



     “Persistía un inminente peligro a consecuencia de las cargas hipotecarias constituidas a favor de los bancos, especialmente el Español de Crédito y el Central, que amenazaban un día sí y otro también con promover la ejecución. Para buscar la solución a tan grave problema, Luis María, por su lado, y yo, por el mío, nos entrevistamos con los banqueros más relevantes. Él lo hizo con Alfonso Escámez y José Ángel Sánchez Asiaín; yo planteé la cuestión a Pablo Garnica y Emilio Botín. Todos sin excepción mostraron algo más que un explicable recelo sobre la escasa capacidad de Guillermo Luca de Tena como gestor empresarial, por lo que, también sin excepción, propusieron una fórmula que muy probablemente ya habían convenido entre sí: Luis María Anson y yo tomaríamos a nuestro nombre la mayoría del capital social de Prensa Española para desplazar de la empresa a los Luca de Tena y nombrar sin pérdida de tiempo un gerente de nuestra confianza, en cuyo caso los bancos estarían dispuestos a otorgar la financiación que requiriese el relanzamiento del periódico. Nuevamente en El Bodegón, Luis María y yo cambiamos impresiones sobre lo que nos habían dicho los banqueros y al unísono acordamos rechazar la propuesta, aunque sin dar cuenta a Guillermo de lo sucedido, dada la fragilidad de su carácter, para no acentuar la depresión y desconcierto que le aquejaban. Aquella noche, por tanto, se decidió la subsistencia de la familia Luca de Tena en Prensa Española”.



     Hasta aquí el texto publicado por Pérez Escolar que, con algunos matices, es exacto. Tiempo después tuvimos que repetir la operación para la adquisición de un relevante paquete de acciones en favor de Guillermo Luca de Tena. Los banqueros nos reiteraron lo mismo y, tal vez, no les faltaba razón. Sólo cuatro años después de que Pérez Escolar y yo dejáramos el periódico, Guillermo Luca de Tena volvió a las andadas, se metió en unas deudas inasumibles y se vio obligado a vender ABC al Grupo vasco. Para eludir la fiscalidad voraz, y por consejo de su abogado y notario, se llegó a una fórmula de canje de acciones.



     En todo caso, con Guillermo, la familia Luca de Tena, después de cien años, perdió la mayoría de la propiedad de ABC y el control del periódico.



     Unos años antes, en pleno resurgimiento de ABC, cuando nos acercábamos ya a las ventas de El País, Guillermo decidió que él también sabía vender periódicos y se metió en la insensata aventura de Claro, a la que me opuse frontalmente, declinando incluso asistir al acto de su presentación. Cuatro meses después, sólo cuatro meses, Guillermo Luca de Tena tuvo que cerrar el nuevo periódico. Se quedó consternado. Se dio cuenta del desprestigio que había caído sobre él. Sabía que en el mundo profesional se subrayaba que Guillermo Luca de Tena había cosechado el mayor fracaso de la historia de la empresa editora de ABC y uno de los mayores fracasos de la historia del periodismo español.



     Tras casi quince años de dirigir ABC, tomé la decisión de aceptar una oferta irrechazable de Emilio Azcárraga para presidir Televisa España. Guillermo Luca de Tena me imploró que continuara como presidente del El Cultural y que me incorporara al consejo de administración de Prensa Española, porque “es clave que tu nombre siga ligado a ABC”. Consulté, claro, con mi nuevo empresario, Emilio Azcárraga, al que no le hizo la menor gracia la petición, pero aceptó. Guillermo Luca de Tena me pagó la indemnización que me correspondía según la ley de Prensa vigente: 500.000 euros en moneda actual. Tuvo la alta generosidad de firmar un documento por 360.000 euros más para cuando me jubilara en mi nueva empresa, cantidad que todavía no he cobrado. No está de más recordar que durante los quince años que dirigí ABC, con los resultados bien conocidos, no me tomé un día de vacación: ni sábados ni domingos ni fiestas ni en Semana Santa ni en Navidad ni en verano. Mi jornada de trabajo nunca fue inferior a las 14 horas.



     Un cáncer de páncreas terminó con la vida de Azcárraga en 1998. Los periodistas que trabajaban conmigo en Televisa me pidieron que fundásemos un diario impreso. Le propuse a Guillermo Luca de Tena que el nuevo periódico lo editara Prensa Española, con las acciones que deseara, del 1% al 100%, que fuera vespertino, que se imprimiera en la maquinaria de ABC. Me contestó con una carta desabrida, que conservo, vaticinándome el fracaso absoluto de la iniciativa. Mi respuesta fue ponerme, como he hecho siempre, al lado de mis compañeros y no al lado del empresario y tres años después de la aparición de La Razón, el periódico por mí fundado el 5 de noviembre de 1998, Guillermo Luca de Tena, acosado por las deudas, se vio obligado a vender sus acciones de Prensa Española, venta que prefirió resolver con un canje, como he explicado antes.



     En el mes de julio de 1998, cuatro meses antes de la aparición de La Razón, Guillermo Luca de Tena traicionó abiertamente mis quince años de servicios como director de ABC y visitó a una serie de financieros para amenazarles con ataques del periódico si me prestaban apoyo o créditos. Uno de los banqueros, que vive, le contestó, por cierto: “Mantendré con Anson la relación de siempre, entre otras razones porque tú le debes a él tu fortuna”. Guillermo Luca de Tena ordenó que no se volviera a mencionar mi nombre en ABC, hasta el punto de que se ha suprimido incluso de los jurados en los que participo. Semejante ridiculez motivó un divertido artículo de José Luis García Martín.



     Durante doce años he callado todo esto y cien cosas más que podría contar. Pero, a la muerte de Guillermo Luca de Tena, ABC publicó un recuadrito con clara voluntad de denunciar mi “ingratitud”, porque yo había declinado escribir un artículo sobre el editor fallecido. Así que, tras dejar pasar un mes, aclaro todo ésto porque, en primer lugar, publiqué el artículo en EL MUNDO, que es el periódico donde colaboro a plena satisfacción; en segundo lugar, porque el director de ABC, ocupadísimo, no tuvo un minuto para llamarme, tras doce años de ridículo silencio. Alguien del periódico habló con mi secretaría para encargar que escribiera yo un artículo. Y lo hice para EL MUNDO, sin hablar de mi relación con Guillermo, sin una reticencia, subrayando sólo las muchas cualidades que tuvo el editor desaparecido. Porque Guillermo fue sólo un discreto periodista y un mediocre empresario, pero se mantuvo siempre leal al Rey y coherente con sus ideas de libertad y democracia, y así lo subrayé yo desde el título de aquel artículo necrológico: “Guillermo Luca de Tena, caballero de la lealtad”.
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