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La actriz en su noche

Juan José Solozábal
jueves 20 de mayo de 2010, 19:02h
No hemos superado cierto prejuicio que arrastramos inveteradamente sobre el cine. No extrañarán que me refiera en este recuadro a la lectura de un libro o que centre mi comentario en un artículo leído en la prensa, pero seguro que no esperan una reflexión sobre una película que acabo de ver. Sin embargo el cine ha ocupado muchas horas de nuestra vida, hemos pasado buenos ratos en él y a no dudar seríamos diferentes sin la huella que alguna cinta ha impreso en nosotros, quizás no es tan banal entonces nuestra condición de espectadores . A veces adquiero alguna película en DVD y rememoro pases de antiguos films: ver esas viejas películas es sobre todo recordar como éramos, pues lo que se recupera no es tanto el soporte de la película, la historia que casi habíamos olvidado, sino la impresión que la misma nos causó. A veces la revisitación no nos dice nada nuevo salvo la reposición de lo que sentimos, pero en otras ocasiones experimentamos un matiz, un sabor nuevo que el paladar de entonces, tal vez menos afinado, o más distraído, no pudo captar. Me ha ocurrido recientemente cuando maravillosamente he podido disfrutar de dos películas de Rosellini protagonizadas por su mujer Ingrid Bergman. Hablo de Stromboli y Te querré siempre, que un diario madrileño ofrece como infalible cebo con que atraer lectores. Son dos películas centradas en un prototipo femenino. En Stromboli se habla de una mujer rebelde y de determinación lúcida que lucha por afirmarse en una sociedad miserable en la que las costumbres y el tedio la obligan a una esclavitud que no soportará. En Te querré siempre lo que se presenta es la soledad y ruina que el abandono amoroso puede causar en una mujer casi desarbolada en el trance de crisis y depresión que cuenta la película. Sí que me acordaba en el caso de Stromboli de las calles empinadas y encaladísimas de la isla, de la opresión de las censoras morales de la joven esposa imponiéndole un código de conducta inverosímil y cerril, y de la huida de la protagonista del pueblo, amenazada por el Volcán en erupción. Y en Te querré siempre recordaba unos diálogos de gran intensidad psicológica entre el matrimonio acerca de su crisis de pareja, la elegancia desdeñosa del caballero inglés con la Italia subdesarrollada de la posguerra y el reflejo del clima de la decadencia de un cierto ambiente intelectual, del estilo de lo que después mostraría Antonioni. Pero lo que no recordaba es el talento de Rossellini para la descripción, su incursión en el cine documental. En Stromboli hay una grabación de la pesca del atún realmente formidable, un reflejo del esfuerzo de los hombre de mar dominando la naturaleza en una labor coordinada y bella. Te querré siempre es un documental espléndido sobre Nápoles, la gente corriente de sus calles, con la población siempre vertida en ellas, sus museos e iglesias, la viveza de una procesión religiosa, seguramente huella de la presencia española en la ciudad…

Total que este sábado me he sentado ante la pantalla de la televisión a disfrutar de la película de la edición de Versión española y sobre todo del coloquio posterior, protagonizado por los actores y el director, gente común y bien sensible, que en este caso no se sobrepasa, que hablan sin exhibicionismo alguno de la cinta recién proyectada. Recuerdo las viejas sesiones de nuestros Cineclubs universitarios seguidas por abstrusos coloquios en donde atropelladamente vertíamos nuestras lecturas de Film Ideal o Nuestro Cine. A veces en provincias, venían a presentar las películas sesudos críticos de la capital. A través de esta vía, trascendiendo la cinta, se hablaba oblicuamente de la situación política y se probaba la virtualidad explicativa de determinados prismas ideológicos a través de los cuales algo forzadamente debía entenderse la circunstancia española. Lo que no solía ocurrir es que acudiesen a la cita los actores de las películas que veíamos, de modo que no podíamos estar, como ahora, disfrutando especialmente de la presencia de Emma Suárez cuya alegría y calidez se siente, como en la estupenda Bajo las estrellas, opera prima del navarro Felix Viscarret, que es la película que acaban de proyectar, también en la conversación del trasnoche…

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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