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Jano en Iberoamérica

martes 01 de junio de 2010, 20:26h
En Roma, Jano era venerado como el dios de las puertas. Las puertas pueden abrirse o cerrarse. De ahí que Jano fuera representado por una cabeza de dos caras, cada una de las cuales miraba en dirección opuesta. Jano era el dios de la ambivalencia. Esta antigua metáfora nos es útil para describir a la Iberoamérica actual, cuyos rostros también miran en dos direcciones contrapuestas. Uno de ellos apunta hacia la maduración de la democracia, en tanto el otro apunta hacia la perduración del ancestral caudillismo autoritario. Veneradores de Jano aun sin saberlo, los iberamericanos de hoy también portan, como él, la inquietante marca de la ambivalencia.

Por décadas, los iberoamericanos habíamos creído que ese desarrollo al cual todavía aspiramos comenzaría por el lado económico, mientras el desarrollo político vendría por añadidura. Pero una evidencia que se ha vuelto abrumadora no está diciendo hoy que el desarrollo comenzará en nuestra región por el lado político mientras el desarrollo económico será, más que una premisa, una consecuencia.

Esta nueva visión del desarrollo iberoamericano no es sólo una tesis de laboratorio. El ejemplo de los dos países más importantes de la región, Brasil y México, así como el de otros países significativos que son Chile, Colombia y Uruguay, apunta ahora hacia este horizonte del desarrollo político. Desde el momento en que todos los regímenes políticos iberoamericanos no son parlamentarios como los europeos sino presidencialistas, podríamos decir que en ellos asoma el desarrollo político cuando reúnen dos condiciones concurrentes: una, la vigencia del bipartidismo gracias al cual dos partidos competitivos pero tolerantes se alternan en el poder según los turnos que determina periódicamente el humor de los votantes; la otra, la vigencia de una regla constitucional que limita efectivamente las reelecciones presidenciales.

Una vez que los países iberoamericanos se independizaron de España y de Portugal a comienzos del siglo XIX, el libertador Simón Bolívar propuso su propio liderazago para llenar el vacío de poder que dejaban los imperios. Según esta fórmula, al sistema colonial de origen europeo habría de sucederlo el carisma de un caudillo mesiánico de origen local. Hoy, al definirse a sí mismo como un líder “bolivariano”, el presidente venezolano Hugo Chávez pretende reencarnar a Bolívar en nuestra América. El presidente boliviano Evo Morales, el ecuatoriano Rafael Correa, el nicaragüense Rafael Ortega y los argentinos Néstor y Cristina Kirchner, siguen sus pasos. Así como la marca común de Brasil, México, Chile, Colombia y Uruguay es el bipartidismo y el no reeleccionismo, la marca común de los países “bolivarianos” es el mesianismo populista y las reelecciones sin término

Pero Jano reaparece en este breve recuento porque Brasil, que es en sí mismo bipartidista y no reeleccionista, hace concesiones constantes al bolivarianismo venezolano para no malquistarse con Chávez y sus seguidores porque aspira a convertirse, simultáneamente, en líder continental. Por eso la diplomacia brasileña ya no habla de “Latinoamérica” como aquella región que alberga a todas las naciones iberoamericanas sino de “Sudamérica” porque, pragmática como es, ya sabe que México y América Central, ligadas estrechamente a Estados Unidos, le quedan lejos a sus ambiciones neoimperiales.

Dos Janos cohabitan, pues, en nuestra región. Uno, político, exhibe el contraste entre las nuevas democracias, incluida Brasil, y los caudillismos ancestrales. El otro, diplomático, muestra otro contraste, esta vez entre la Iberoamérica del Norte donde brilla México, tan próximo a la América del Norte, y la América del Sur donde el democrático Brasil practica por su parte el consumado arte de la ambivalencia. Otra manera de evaluar el curso de la región es que, en tanto uno de los rostros del Jano iberoamericano mira en dirección del futuro, tanto en el prometedor afianzamiento de la democracia política como en la creciente gravitación del Brasil. Este gran país que ya no se ve a sí mismo como una potencia exclusivamente regional sino más allá como un país BRIC (sigla ésta de Brasil, Rusia, India y China) al frente de las naciones emergentes del mundo actual. El otro rostro iberoamericano se hunde todavía en el pantano del caudillismo autoritario mediante el cual, de Bolívar a Chávez, una larga serie de líderes con los ojos en la nuca se han negado persistentemente al pluralismo democrático.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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