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Alfonso en la Fundación

Juan José Solozábal
jueves 10 de junio de 2010, 19:43h
Acudo encantado a verle. Voy con el número recién aparecido de Cuadernos de Alzate; le comento el contenido del ejemplar, e invariablemente hablamos sobre los autores de los trabajos, gente de Euskadi, mayormente. Nos ratificamos en el propósito de la publicación: mediar desde la sensatez y la razón en el tablero enfrentado del País Vasco. No es raro que aflore en la conversación un sincero afecto por lo vasco que le he visto mostrar en algún viaje suyo a Euskadi, reconociendo el testimonio de lealtad y amor a la libertad que han ofrecido tantos vascos en circunstancias difíciles, entre ellos muchos compañeros de partido. Qué fácil es entenderse con Alfonso: escucha, anima, pregunta. Es un observador atento, educado, algo escéptico. Toma su distancias, pero es, finalmente, cordial y próximo.

Se su referencias, que comparto plenamente; son las del socialismo de nuestros mayores, una mezcla en su punto de pablismo e institucionismo, confiando tanto en la labor de la escuela como de la minoría exigente. Alfonso Guerra ofrece en la escena un populismo que a veces queda algo peraltado, pero que está sustentado en una preocupación sincera por la suerte de los que más necesitan la acción política que compense su desamparo. Mi relación con el personaje se ha producido después de que dejara casi la política activa, respecto de la que emite juicios o hace consideraciones preferentemente como espectador. Cuando he hablado de asuntos públicos con él, la conversación suele girar sobre cuestiones de política constitucional, con referencia a la suerte o las vicisitudes del Estado, pero raramente descendiendo a la situación presente. Alguna vez le he oído criticar a la derecha actual, echando de menos la conformación pasada de la misma durante los tiempos de la Transición. Pero inmediatamente, con un punto de malicia, ha añadido que también “nosotros” solíamos ser mejores que ahora. Asoma así un gesto de desapego, no se si melancólico o resignado. Pensaría que este socialista andaluz no tiene una idea estratégica de la política, como actividad justificada por sí misma, como arte de ocupación y mantenimiento del poder. Oyéndole podría concluirse que la política ha de plantearse exclusivamente en términos éticos, para mejorar la condición de la sociedad y de acuerdo con la actitud de decoro y contención de los que profesionalmente la practican o se dedican a ella. Sobriedad sin aspavientos o llaneza, en términos cervantinos, tan queridos para él.

Alfonso cree que esta concepción de la política, a la que debe añadirse un patriotismo efectivo, concreto, el que refiere a su idea bien amplia de España, está correctamente enmarcada en la Constitución que nos dimos y que él contribuyo de modo importante a delimitar. A veces discutimos sobre la Norma Fundamental, que a él le hubiera gustado detallar algo más en aspectos sustanciales y que yo acepto precisamente por sus posibilidades abiertas, aunque Guerra lo sabe bien, no considero ilimitadas, como si su levedad le hubiese impedido al constituyente adoptar decisiones suficientes sobre nuestra configuración política. En Sigüenza, en el coloquio que ajustamos desde la Fundación Pablo Iglesias sobre la organización territorial española en Marzo del 2005 y donde nos planteamos el sentido de las reformas estatutarias que se iban a abordar, en una convocatoria tan plural como leal, hablamos sobre estas cosas y alcanzamos un acuerdo como no podía ser de otro modo… Si se nos hubiera hecho algo más de caso...En fin.

Muchas veces considero una ligereza del socialismo español el no conferir el relieve que se merece a hombres de la sensatez, el patriotismo y la inteligencia de Alfonso Guerra. Alguien debería explicarlo. Si se puede , claro.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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